viernes, 16 de octubre de 2026

El cansancio laboral constante no debe normalizarse

Un 75% de los mexicanos padece fatiga por estrés laboral, una proporción superior a la de países como China y Estados Unidos, de acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Los especialistas advierten que responder mensajes a cualquier hora, prolongar los pendientes más allá de la jornada y dejar el descanso para después han convertido el “siempre estoy cansado” en una respuesta habitual. El problema aparece cuando el agotamiento deja de ser una experiencia ocasional y comienza a afectar el sueño, las relaciones y las actividades cotidianas.

 La presión constante en el trabajo puede generar saturación física y mental. Entre sus manifestaciones se encuentran agotamiento, irritabilidad, dificultad para concentrarse, tensión muscular y problemas de sueño, señales que suelen quedar ocultas detrás de frases como “es una semana pesada” o “cuando termine este pendiente voy a descansar”.

 El fenómeno no es exclusivo de México. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de mil millones de personas en el mundo viven con algún trastorno de salud mental, y que la ansiedad y la depresión son los más frecuentes. En el ámbito laboral, donde participa cerca del 60% de la población mundial, el organismo calcula que 16% de los adultos en edad de trabajar tenía un trastorno mental en 2023 y que cada año se pierden 12 mil millones de días de trabajo por depresión y ansiedad, con un costo de un billón de dólares en productividad.

 Aunque suelen utilizarse como sinónimos, el estrés, el cansancio y el burnout no describen lo mismo. La OMS incluye el burnout en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) como un fenómeno ocupacional que resulta del estrés crónico del trabajo que no se ha gestionado adecuadamente. Se caracteriza por agotamiento, distanciamiento mental o una actitud negativa hacia el trabajo y menor eficacia profesional. Esta definición corresponde específicamente al ámbito laboral, por lo que no debe aplicarse a cualquier experiencia de desgaste.

 La jornada no termina al salir del trabajo. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024 del INEGI, el tiempo promedio dedicado al trabajo doméstico, de cuidados y voluntario no remunerado fue de 29.7 horas semanales. La carga es desigual: las mujeres destinan 39.7 horas a la semana a estas tareas, frente a 18.2 de los hombres, y su tiempo total de trabajo, remunerado y no remunerado, alcanza 61.1 horas semanales. Estas responsabilidades forman parte de la carga cotidiana y reducen el tiempo disponible para el descanso y la desconexión.


 Atender el desgaste requiere acciones tanto personales como organizacionales. Revisar las cargas de trabajo, establecer límites claros sobre la disponibilidad fuera de horario y facilitar el acceso a apoyo profesional contribuye a construir entornos laborales más saludables. En casa, compartir las responsabilidades domésticas y de cuidado también es importante para favorecer el descanso y la desconexión.

 México se caracteriza por ser de las naciones que registran más horas trabajadas al año dentro de la OCDE, mientras millones de personas enfrentan largas jornadas, salarios insuficientes y una creciente dificultad para desconectarse del trabajo, incluso fuera de la oficina. Dicha realidad, favorece el aumento del estrés laboral. Las secuelas pueden ir desde ansiedad, insomnio y problemas cardiovasculares hasta una disminución en la productividad y el deterioro de las relaciones personales.

 Finalmente, el Reporte de Salud Mental 2026 de AXA, detalla que el deterioro de las condiciones laborales y representa un desafío creciente para empresas y autoridades. Siendo las personas de entre 35 y 44 años concentran la mayor afectación: 71 por ciento reporta altos niveles de estrés laboral y 68 por ciento presenta síntomas de burnout, cifras que superan ampliamente el promedio nacional.

 El impacto ya se refleja en la vida diaria. Ocho de cada diez trabajadores reportan al menos una consecuencia derivada del estrés laboral, entre ellas insomnio, dolores de cabeza, irritabilidad, disminución de la productividad, problemas de concentración y procrastinación.

Racistómetro documenta cómo se reproduce el racismo en el entorno digital mexicano

El racismo en el entorno digital mexicano se expresa mediante bromas, insultos y descalificaciones que relacionan el tono de piel, la identidad indígena o el lugar de residencia con supuestas diferencias de capacidad, valor o pertenencia. Así lo documenta “Racistómetro: discurso racista en el entorno digital, caso México”, un estudio de RacismoMX, organización de la sociedad civil dedicada a combatir el racismo y promover la igualdad y la no discriminación en México, que analiza publicaciones en X, antes Twitter, entre 2010 y 2025 para identificar cómo se reproduce y transforma este lenguaje.

 

La investigación muestra que las redes sociales son espacios donde los prejuicios se repiten, adquieren nuevas formas y se incorporan a conversaciones sobre política, deporte y vida cotidiana. Su circulación puede contribuir a que expresiones discriminatorias se perciban como normales o socialmente aceptables.

 

“La relevancia de este fenómeno que pudimos analizar por medio del estudio trasciende la pantalla, descubrimos que los mensajes reproducen jerarquías sobre quién merece respeto, quién pertenece a determinados espacios y a quién se considera inferior.” Señala Jose Antonio Aguilar, Director de RacismoMX.

 

Uno de los principales hallazgos es el uso del humor como escudo. Las burlas y los juegos de palabras permiten reproducir estereotipos sobre personas de piel morena, pueblos indígenas o habitantes de barrios populares bajo la justificación de que se trata de un chiste. El informe señala que esta normalización contribuye a mantener asociaciones entre apariencia física, inferioridad, pobreza o criminalidad.

 

En el entorno digital, la repetición de estas fórmulas facilita que se conviertan en referencias compartidas. Expresiones que aparecen como una ocurrencia individual se mantienen a lo largo de los periodos analizados y se utilizan en distintos contextos. Esta persistencia permite observar cómo el lenguaje discriminatorio forma parte de la interacción cotidiana en la plataforma, incluso cuando quienes lo emplean no lo reconocen como racista.

 

La investigación también identifica una mayor vinculación del lenguaje racista con la confrontación política a partir del periodo 2016 a 2020, particularmente alrededor del ciclo electoral de 2018. En los mensajes analizados, las referencias al tono de piel y a la identidad indígena se combinan con etiquetas partidistas para desacreditar a actores políticos y a sus simpatizantes. El racismo aparece así como un recurso de descalificación que desplaza la discusión sobre ideas y propuestas hacia el desprecio por la apariencia o el origen de las personas.

 

Otra constante es su relación con el clasismo. El estudio encuentra expresiones que reúnen el lugar de residencia, la condición económica y los rasgos físicos en una misma etiqueta de desprecio. Las referencias a colonias populares y municipios de la periferia se utilizan para atribuir características negativas a quienes viven en ellos, reforzando prejuicios sobre su origen y posición social.

 

“Estos hallazgos ayudan a comprender cómo la conversación digital reproduce ideas que también pueden sostener prácticas de exclusión fuera de las redes. Asociar determinados rasgos físicos con menor capacidad, o ciertos orígenes con pobreza y delincuencia, contribuye a normalizar un trato desigual. Aunque el estudio no mide directamente sus efectos en la contratación, la atención al público o el acceso a oportunidades, ofrece elementos para reconocer el lenguaje que puede justificar esas diferencias.” Enfatiza José.

 

En el ámbito laboral y de servicio, los mensajes recuperados muestran una dimensión de género. Las mujeres aparecen principalmente asociadas al trabajo del hogar y a expresiones que devalúan su ocupación y apariencia. Aunque esta categoría tiene una presencia reducida en la muestra, el informe advierte que ello no permite concluir que estas prácticas sean poco frecuentes, pues pueden ocurrir en espacios privados y no quedar registradas en la conversación pública.

 

“Para empresas e instituciones, los resultados ofrecen elementos para revisar cómo los prejuicios se expresan en las relaciones de trabajo, la comunicación organizacional y la interacción con sus audiencias digitales. Desde la responsabilidad social, reconocer estas formas de discriminación puede contribuir a que los compromisos de inclusión se traduzcan en prácticas de trato digno.” Finaliza.

 

El estudio también registra una escasa presencia de referencias a las comunidades afromexicanas en las búsquedas realizadas. Este resultado plantea la necesidad de profundizar tanto en su invisibilización dentro del debate público como en las limitaciones de las herramientas utilizadas para recuperar esas conversaciones. La ausencia de mensajes no equivale a la ausencia de racismo.

 

En el periodo más reciente aparecen, además, expresiones que cuestionan o descalifican la crítica antirracista mediante términos como “resentido social” o referencias al llamado “racismo inverso”, en contraste con el uso del término “whitexican”. El informe analiza estas respuestas como parte de la discusión sobre los privilegios asociados al tono de piel, la apariencia y la posición social, y muestra cómo el entorno digital también alberga disputas sobre el reconocimiento de la discriminación.

 

El Racistómetro utiliza la plataforma Brandwatch y búsquedas por categorías, acompañadas de revisión manual, para estudiar estas expresiones a lo largo del tiempo. Sus resultados corresponden a un análisis preliminar de la conversación en X y no representan a toda la población mexicana. La metodología busca aportar una base para dar seguimiento a los cambios en el lenguaje y, a futuro, evaluar intervenciones contra la discriminación, con el propósito de contribuir a una conversación pública que reconozca el racismo y evite su normalización.

 

Para conocer a detalle el análisis y los hallazgos del “Racistómetro: discurso racista en el entorno digital, caso México”, el estudio completo está disponible en https://racismo.mx/
A través de sus redes sociales, RacismoMX continúa generando contenidos para visibilizar el racismo, cuestionar su normalización y promover una conversación libre de discriminación, dentro y fuera del entorno digital.

Consumo de pescados y mariscos benefician a la salud del planeta: Oceana

Dentro del marco del Día Mundial de la Alimentación, Oceana, organización de la sociedad civil dedicada a la protección de los océanos, hizo un llamado a elevar el consumo de pescados y mariscos por ser una fuente accesible de proteínas y vitaminas, tener un bajo impacto ambiental y contribuir a la soberanía y la seguridad alimentaria del país.  

Los alimentos marinos tienen un alto contenido de vitaminas y nutrientes que ayuda al organismo a aprovechar los alimentos y convertirlos en energía.  En México los alimentos del mar capturados por la pesca ribereña proveen el 25 % de los requerimientos de micronutrientes de la población (1). 

Los mares mexicanos son una fuente de alimento que, bien manejada, puede llevar a más mesas comida de alta calidad para garantizar la soberanía y seguridad alimentaria y sostener los ingresos de comunidades pesqueras. 

“El consumo de pescados y mariscos no solo beneficia la salud de las personas, también ayuda al planeta, debido a su baja huella ambiental porque produce menos emisiones de gases de efecto invernadero comparado con otras proteínas de origen animal, relacionados con la crisis climática”,  expresó Esteban García - Peña, Coordinador de Investigaciones y Política Pública de Oceana. 

Lo que ponemos en nuestro plato también deja huella en el planeta: la carne roja suele generar más emisiones de gases de efecto invernadero que muchos productos del mar, que en su mayoría provienen de la pesca ribereña.  

“México se encuentra entre los 20 países que más pesca, y en sus aguas encontramos 83 pesquerías que engloban a más de 700 especies. Es importante que conozcamos y probemos diferentes productos del mar que ayuden a nuestra alimentación, al planeta y a las más de 350 mil familias pescadoras”, finalizó, García -Peña. 



Liderazgo femenino empresarial: mujeres que definen el rumbo de los negocios

 El liderazgo femenino gana cada vez más terreno en México. De acuerdo con el estudio Women in Business 2025 de Grant Thornton, las mujeres ocupan el 38.9% de los puestos de alta dirección en el país, un avance de 12.3 puntos porcentuales en los últimos 21 años. Esta evolución refleja una mayor participación de las mujeres en la toma de decisiones estratégicas y su contribución al desarrollo de nuevas perspectivas, la innovación y el crecimiento de las organizaciones. Con estos resultados, México se posiciona en el sexto lugar entre los 31 países analizados por Grant Thornton con mayor participación femenina en la alta dirección.

 

Este liderazgo también se construye desde el emprendimiento. Actualmente, 6.8 millones de mujeres emprenden en México, una dimensión que refleja su participación en la actividad empresarial del país. Entre quienes ya están al frente de sus propios negocios, el liderazgo se traduce además en capacidad directa de decisión: de acuerdo con el estudio Emprender es poder: Mujeres que vencen barreras y hacen crecer sus ideas, desarrollado por CONTPAQi, 8 de cada 10 participan en la propiedad de sus negocios como dueñas o socias, consolidando su papel en la toma de decisiones, la dirección de sus empresas y la generación de oportunidades de crecimiento que contribuyen al desarrollo económico del país.

 

Conforme estos negocios adquieren mayor estructura, también evolucionan las herramientas con las que sus líderes los gestionan. El estudio Emprender es poder también revela que siete de cada diez MiPyMEs lideradas por mujeres ya operan con algún grado de digitalización y 98% de las emprendedoras consultadas considera que las herramientas digitales han mejorado la productividad de su negocio.

 

La tecnología adquiere así un papel que va más allá de facilitar tareas: se convierte en una aliada para optimizar procesos, mejorar el control del negocio y tomar decisiones estratégicas. Para las emprendedoras, digitalizarse significa ganar eficiencia, fortalecer sus empresas y generar nuevas oportunidades de crecimiento y competitividad.

 
“Hoy vemos a más mujeres ocupando espacios de liderazgo y tomando directamente las decisiones que marcan el rumbo de sus empresas. La tecnología puede ampliar esa capacidad al ofrecer mayor claridad sobre el negocio, simplificar procesos y permitir que el talento y la experiencia de cada empresaria se concentren en aquello que solo ella puede definir: hacia dónde quiere llevar su organización”, señala Marlene García, Directora General de CONTPAQi.
 

Tecnología para ampliar la capacidad de gestión

 

Para muchas emprendedoras, liderar una empresa implica mantenerse cerca de la operación, las finanzas, las ventas y los clientes. Conforme el negocio crece, esa participación también adquiere una dimensión más estratégica: requiere identificar prioridades, anticipar escenarios y comprender cómo se relacionan las distintas áreas de la organización.

 

La información digital ya forma parte de ese proceso. De acuerdo con Emprender es poder, 61% de las emprendedoras utiliza la información recopilada en estrategias de ventas y marketing, 60% en el control de inventarios y 56% en planeación financiera y presupuestos.

 

El avance está en transformar esa información en conocimiento útil para dirigir. Tener una lectura más completa de ventas, recursos, finanzas y operación permite identificar oportunidades, asignar prioridades y respaldar las decisiones que acompañan el crecimiento de la empresa.

 

De la información a un liderazgo con mayor perspectiva

 

El uso de información también comienza a avanzar hacia nuevas formas de análisis. 83% de las emprendedoras consultadas se considera preparada o totalmente preparada para tomar decisiones apoyadas en datos automatizados, una señal de apertura hacia modelos de gestión cada vez más apoyados en información.

 

Esta preparación permite que experiencia y tecnología se complementen. Los datos aportan señales sobre el desempeño de la empresa; las empresarias suman el conocimiento de sus clientes, mercado y objetivos para interpretar esa información y convertirla en decisiones acordes con la realidad de cada negocio.

 
“Los datos no sustituyen el conocimiento que una empresaria tiene de su negocio; lo complementan. La experiencia sigue siendo fundamental para decidir, pero contar con información organizada permite hacer mejores preguntas, detectar cambios con mayor oportunidad y evaluar distintos caminos antes de tomar una decisión”, agrega García.
 

Profesionalizar para impulsar la siguiente etapa

 

El liderazgo empresarial adquiere nuevas dimensiones conforme madura una organización. El estudio de CONTPAQi identifica un recorrido que va desde negocios enfocados en estabilizar su operación hasta empresas donde la planeación, la innovación y la diferenciación adquieren mayor peso. ​

 

En este proceso, profesionalizar la gestión se convierte en un factor clave para impulsar el crecimiento y la consolidación de las empresas. La tecnología y el uso estratégico de los datos permiten integrar información, optimizar procesos e identificar oportunidades de mejora, fortaleciendo la toma de decisiones con información confiable y oportuna. Así, las empresarias pueden anticiparse a los retos, innovar y construir negocios más sólidos, competitivos y sostenibles.

 

Impulsar el liderazgo femenino empresarial también significa ampliar las herramientas con las que las mujeres pueden ejercerlo. Cuando experiencia, información y tecnología convergen, las empresarias pueden transformar el conocimiento de sus negocios en estrategia, innovación y nuevas oportunidades de crecimiento, con más capacidades para dirigirlos y llevarlos tan lejos como su visión les permita.