jueves, 19 de noviembre de 2009

Sueños de volar

Por: JC Machorro
Las platicas de café van y vienen, el equipo es subido al Jeep y camionetas del convoy que toma el camino circundante al altiplano del municipio de Valle de Bravo; los guías explican que el Peñón y la Torre son los sitios idóneos para aquellos intrépidos en sentir por unos momentos el sueño que todo hombre desde la antigüedad sintió al voltear su mirada al cielo y ver aves flotar en los aires de la inconmensurable belleza del cielo.
Los hombres y mujeres se enfrascan en un soliloquio indeleble para adular los nuevos servicios de la Plaza del Sol, desde el antro a la cafetería, los chismes de la semana, como aquel amigo que tuvo que correr tras su mujer escapada encontrándola en Cancún.
Alejandro Olazabal, instructor de vuelo de FlyMéxico despeja dudas y comenta que los vuelos ofrecen algo qe ninguna tecnología u arte puede darle al hombre vivir una experiencia en tercera dimensión, ya que se disfruta el jugar e ir de frente, atrás, arriba, abajo, derecha, izquierda, etc.
Las alas suben los caminos, pasan los minutos, se accede al Peñón cuya altura de 800 metros impone y engalanada por un cielo despejado, pero, sin perder un compañero de estos días una nube gris que presagia lluvia para el atardecer cubre su cabecera como un manto protector de sus secretos. Nubes que por cierto indican son los peores enemigos del parapente, ya que el estar cerca de ellas chupan al piloto.
La seguridad no está de más y tomando un bocado grande de aire se revisa que el equipo compuesto de casco, goggles, overall, botas, silla arnés, altibario sonoro (éste nos indica por medio de sonidos la altura y las corrientes de aire ascendente y descendente), brújula, GPS (sistema de posición global satelital), paracaídas de emergencia, variómetro y copa, vela o campana estén en orden, los especialistas revisan los tramos más insignificantes, pues no es raro admitir que errores humanos siempre están presentes.

“Este deporte es aviación y debe saberse leer el clima para volar”, es señalado a los turistas y aduciendo a una parte de la historia del parapente en México la cual no pasa de 15 años y Valle de Bravo en Estado de México, Tapalpa en Jalisco y Monterrey en Nuevo León, son sus Mecas. Sin dejar de lado a Cuatla en Morelos, Querétaro, ya que si hablamos del mundo, tenemos que los paisajes más impresionantes en la zona de los Pirineos entre Francia y España, si de record a imponer se trata esta Texas en la Unión Americana o si los seguidores de lo mejor de lo mejor quieren probarse como expertos tenemos a Turquía que es la matriz de este deporte.
Al ir observando los planeos de los autorizados en la materia, las explicaciones indican que es de importancia suprema el tener siempre la mente relajada y poner atención a lo más mínimo, desde la colocación de tu traje con los ajustes en las piernas, el abdomen y un casco de seguridad. Y sustentando dos cosas para los turistas en dos frases muy cortas pero decisivas: “mirar al frente y corre hasta que no sientas el piso en los pies”.
Aquí desmitificando el mito de la valentía del hombre Las mujeres alzan la voz y son las más arrojadas. Los pilotos hablan de que prestan mayor atención a los consejos de vuelo y coadyuvan mejor al emprender la experiencia: Mientras que el hombre es más nervioso y más reservado en darle la confianza al piloto, pero en la comunidad del Tandem es distinto, pues superan en un 80 por ciento a las mujeres.
Como si fuera carrera de caballos, el instructor se prepara y espera una ráfaga de viento e indica, “listo, recuerda pon resistencia al jalón del aire y enseguida corre”, de este modo, al cumplir dicha norma de pronto se traspola la imaginación pasado cuando se era niño y ante la menor provocación se brinca para sentir que las alas no son ajenas a nuestro cuerpo, que la naturaleza nos ha enseñado que es terrestre, pero la imaginación nos dice que bien podemos sentir que tenemos alas.
Y en fracciones de segundo, puff, sin mas que decir o dejar pasar, el viento sopla, el escozor y tensión se desvanece, el paroxismo difumina cualquier enigma sobre volar, experiencia que coronan una mañana llena de esplendor; de pronto los giros acercan y mueven al sol del sitio donde se ubica, la fragata en que se vuele el parapente exterioriza que cargando el cuerpo en determinada dirección se adhiere a la termal de viento que arrastra y eleva sosteniendo el vuelo por más minutos, -que pensar del record mundial que sobrepasa las horas-; y si bien dura minutos, la sensación al aterrizar permanece.
La primera impresión deja creer que es una montaña rusa donde no faltar alguna de las chicas que sube a estos cuerpos alados estará gritando y aterrada, pero es muy diferente, si bien el bajar corriendo por una ladera de la monte arriba de cientos de metros es impresionante; se transforma en una hazaña de estar volando a velocidades de 30 y 38 kilómetros apreciando y disfrutando la naturaleza la naturaleza que acompañada del silencio del viento hacen del momento un coto de meditación y reflexión personal.

“Comparo el vuelo como el velero, se mueven con la fuerza de la naturaleza y esta actividad es imagen de Valle de Bravo, un pueblo precioso y actividad única”. Dice el instructor Olazabal. El parapente por lo regular es de nylon muy resistente y ligera a la vez, conocida como rip-stop, donde es unido por cuerdas de kevlar que le permiten tener gran resistencia al viento.
El preguntar hasta lo obvio es necesario en estos casos y los instructores de FlyMéxico enseñan que el parapente tiene su origen en el paracaídas tradicional, sólo que es un ala mucho más grande con un perfil aerodinámico, donde no es necesario saltar de un avión, pues se despega desde montañas, lomas o acantilados.
Y hoy por hoy es el deporte aéreo más popular en el mundo, con más de 500 mil pilotos activos, y cuenta en México de 150 a 180 pilotos capacitados, pocos, afirman; pero, ello no margina a la comunidad mexicana que tiene estos privilegios naturales que permiten que lo pintoresca de la campiña nativa y rupestre de los pueblos desde Valle de Bravo Hasta Tapalpa sean considerados santuarios para estos Icaros nacionales e internacionales.
Este tipo de vuelo sin motor, papalote y parapente; se basa en un ala y el peso del piloto más la velocidad para que se sustente en el aire. Y desde pilotos hasta turistas confirman el frase: “no hay dos vuelos iguales, cada uno es diferente”, contraviniendo a muchas personas que no vuelan por falta de información, u desconocimiento, más hacerlo en los sitios ideales con la gente correcta es una experiencia muy recomendable.

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