lunes, 14 de marzo de 2011

Defender derechos de la mujer, similar a proteger el medio ambiente

Por: Juan Carlos Machorro

La mujer y demás grupos vulnerables que en alguna ocasión han padecido por actitudes discriminatorias, en materia del fomento a las acciones y políticas ambientales las féminas han logrado crear el concepto de Ecofeminismo, el cual soslaya que “violar la naturaleza equivale a violar a una mujer” y que por la relación intrínseca de la humanidad con el medio ambiente le hacen ser elemento esencial en la defensa de la biodiversidad del planeta.

Cabe recordar que las mujeres son las primeras en padecer por los problemas ambientales que van desde conseguir medios para sobrevivir, como combustible, agua y alimentos que se agotan en forma creciente.

Además que por los fenómenos migratorios muchas son encargadas del cultivo de la tierra y sufren con la degradación de la misma, cuando los árboles desaparecen y el agua se contamina. Por eso para investigadores de la Universidad de Barcelona, mientras las mujeres permanezcan pobres, los ecosistemas frágiles estarán en riesgo de desaparecer.



Para los especialistas europeos, entre los tipos de conceptos de ecofeminismo, se indica que la mujer, niños y los más pobres son los estratos más afectados por las desigualdades sociales y económicas debido a la segregación machista que coarta sus libertades y limita su capacidad de movilización, sustento, preparación académica y toma decisiones políticas.

Según las tipificaciones de ecofeminismo se cuenta desde los anarquistas, marxistas, ecologismo de los pobres, espirituales y liberales, teniendo a la keniana, Wangari Maatahi, como uno de los mayores símbolos mundiales de la mujer con su Movimiento del Cinturón Verde que se ha dedicado a reforestar su nación con cinturones de arboles alrededor de las ciudades.

Además se tiene entre las féminas precursoras del ambientalismo a Lois Gibbs, de los Estados Unidos quien participó en el conflicto de los años 70s contra residuos tóxicos en Love Canal, y Rachel Carson, la autora en 1962 de "La primavera silenciosa", una denuncia sincera y bien informada sobre los pesticidas agrícolas.

Al respecto en entrevista con este reportero, Araceli Campos, directora de mercadotecnia de Páginas Verdes, directorio de las empresas verdes existentes en México, y que es una mujer inmiscuida desde hace años en el medio ambiente, comentó que la participación de la mujer en el medio ambiente es de gran importancia por el hecho de que percibe a los ecosistemas no sólo con una visión pragmática como los varones, sino que “parte de interés que tiene la mujer es no sólo ver la conservación como un fin del medio ambiente, sino verlo como género; es decir con amor”.

Resaltó que es imposible darle, en estos días una separación al trabajo de hombres y mujeres en beneficio del medio ambiente, ya que la mujer es igual de participativa y emprendedora desde las organizaciones civiles a la pequeña empresa, tal y como lo es el hombre. Además que en México no se ha topado con alguna circunstancia de exclusión de género.



Entre algunos de los ejemplos de la problemática ambiental y falta de derechos de parte de las mujeres en Latinoamérica puede mencionarse las afectaciones por los deshielos de sus glaciares que provocará una mayor escasez del agua, poniendo en riesgo la producción de alimentos y, por ende se resentirá el rol de las mujeres como las encargadas de la soberanía alimentaria de los hogares, aunado a que de la población en extrema pobreza, un 70 por ciento son féminas.

Otro de los graves problemas indican diversas organizaciones civiles del medio ambiente es que algunas de las soluciones que se proponen en materia de mitigación al cambio climático tropiezan con ser panaceas temporales, tal es el caso de compensación de emisiones, bonos de carbono, biocombustibles y que en general son catalogados como proyectos que al largo plazo ninguno provee una solución al cien por ciento, sino que deben ser una combinación escalonada.

Situación que lleva informar que si se busca defender el medio ambiente debe lucharse contra las causas del cambio climático, es también luchar por los derechos de la mujer, y luchar por ellos es luchar contra la injustita climática y ambas son la misma.

A este respecto, el informe anual sobre el estado mundial de la agricultura y la alimentación de la FAO soslaya que los rendimientos en las tierras que son cosechadas por mujeres no tienen el mismo acceso a los insumos que los hombres.

De acuerdo con el informe de la FAO, tan sólo con dar a las mujeres el mismo acceso que los hombres a los recursos agrícolas se podría incrementar la producción de sus tierras en los países en desarrollo de 20 a 30 por ciento, lo que aumentaría la producción agrícola total en estos países entre 2.5 y 4 por ciento, lo que a su vez puede suponer una reducción del número de víctimas del hambre en el mundo del orden de 12 a 17 por ciento, equivalente a entre 100 y 150 millones de personas, indica el documento.

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