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martes, 14 de junio de 2011

Benedicto XVI pide apoyar las energías limpias

Benedicto XVI, pidió apoyar la investigación y utilización de energías limpias que no entrañen peligro para el hombre deben ser prioridades políticas y económicas, advirtió el Papa en el Vaticano ante seis nuevos embajadores que le fueron a presentar sus Cartas credenciales.
En su discurso a los representantes, ante la Santa Sede, de Moldavia, Guinea Ecuatorial, Belice, la República árabe de Siria, Ghana y Nueva Zelanda, el Pontífice afirmó que “es necesario revisar totalmente nuestro enfoque de la naturaleza”.
“Adoptar en todo una manera de vivir respetuosa con el entorno y apoyar la investigación y la explotación de energías limpias que preserven el patrimonio de la creación y no sean peligrosas para el hombre, deben ser prioridades políticas y económicas”, destacó.
Se refirió a la ecología humana como a “una necesidad imperativa” y advirtió que la humanidad podría desaparecer si no se respeta su alianza con la naturaleza. “El cambio de mentalidad en este ámbito, aun con las contradicciones que conlleva, debe permitir llegar rápidamente al arte de vivir juntos que respete la alianza entre el hombre y la naturaleza, sin la cual la familia humana corre el riesgo de desaparecer”, indicó.

Benedicto XVI señaló el deber de reflexionar seriamente sobre la naturaleza y el futuro a corto plazo del planeta y proponer soluciones precisas y viables. La naturaleza “no es únicamente un espacio por explotar o lúdico; es el lugar de nacimiento del hombre, su “casa” por así decirlo -subrayó-. Es esencial para nosotros”.
“El conjunto de los gobernantes debe comprometerse a proteger la naturaleza y a ayudar a que desempeñe su función esencial en la supervivencia de la humanidad”, indicó. En su opinión, esa reflexión debe realizarse en el marco de Naciones Unidas y debe dar prioridad a la solidaridad sobre el interés particular.
El Papa observó que “la técnica imprime a la globalización un ritmo especialmente acelerado” y advirtió que “apostarlo todo a ella o creer que es el único agente de progreso, o de felicidad, entraña una cosificación del hombre que conduce a la ceguera y a la miseria cuando él mismo le atribuye y delega en ella poderes que no tiene”.
“Es por tanto urgente llegar a conjugar la técnica con una fuerte dimensión ética, ya que la capacidad que tiene el hombre de transformar y, en cierto sentido, de crear el mundo a través de su trabajo se basa siempre en el primer don original de las cosas realizado por Dios”, resolvió, citando la encíclica de Juan Pablo II Centesimus annus.

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