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Por: JC Machorro
Hace años, Rodolfo Guzmán "El Santo", opinó: "para que un luchador destacara, necesitaba de tres cosas; la primera, ser bueno; la segunda, que asumiera su personaje, se lo creyera tal cual; y la tercera, que tuviera carisma".
A lo largo de los años los luchadores adoptaron el papel de héroes urbanos y por la población son vistos como seres míticos, lo cual converge dentro de una cultura surrealista, que conglomera al México actual y vuelve a la lucha libre en una catarsis de desahogo.
El gusto por el deporte del costalazo, va de la mano con los disfraces, el colorido, las mascaras, los lances, y la fama, etc. Sobre el origen del pancracio, Isaac Bengurión Estrada, historiador de editorial Clio, comenta que "los anales de esa historia no concuerdan mucho" con otras fuentes. Pero la versión oficial marca el 17 ó 19 de septiembre de 1933. "El ver un enmascarado es encontrar una barrera, es encontrar a alguien que se transforma. La barrera que mágicamente se impone, que les permite hacer lo que desean".
Sobre qué es la lucha libre, se le preguntó a sus integrantes. Como es la máxima imagen de las arenas, el Hijo del Santo, dijo que existen muchas cosas que fluctúan alrededor de la lucha libre, desde los nuevos estilos de luchar hasta los medios de comunicación, "la TV ha beneficiado y perjudicado a la lucha, pues con tal de vender realiza cosas que denigran al deporte".
El vástago del plateado, acepta que su caso es muy particular al llevar el pese del nombre del Santo que como muchas otras figuras, son parte de la cultura popular, en un apartado de super héroe a la mexicana, como Kaliman, y sí el personaje perdura tantos años lo achaca al público, y la labor que hizo su padre, "yo me encargo de que el Santo sea noticia, de dar buenas luchas, llevar una trayectoria sin escándalos, y pese a quien le pese, el personaje del Santo es el número uno, podrán llegar muchos Octagón o Vampiro Canadiense, pero el Santo está en la historia mexicana".
Expresa que así como la lucha libre, el cine de luchadores, son tan importantes en el sentir mexicano, con sus respectivas diferencias a imágenes como Pedro Infante, el Mariachi, el Tequila, la Virgen de Guadalupe.
La contemporáneo reina en este mundo y en la cultura popular más arraigada en nuestra historia, caso claro lo tenemos con Genaro Jacobo Contreras alias "Ringo Mendoza", quien califica a la lucha como deporte espectáculo, por qué el deporte lo hacen los luchadores y el espectáculo lo proporciona la gente, "son un complemento, se tiene una gran responsabilidad con el trabajo, pues la gente que lo agarra a la ligera no triunfa".
Y después de más 30 años de carrera, expresa que la gente los observa como villanos o héroes locales es gracias al desfogue que proporciona, para ejemplificar, dijo, que sin importar donde sean las funciones, desde los niños hasta los adultos mayores nunca faltan los recordatorios a la familia.
Rafael González, referí de la Empresa Mexicana de Lucha Libre, comenta para este reportero que la lucha es una cultura deportiva que aporta al público un sabor muy diferente a comparación de otros deportes, pues quita el estrés y el enojo de la vida cotidiana, ya que este deporte es como una cultura con conjunciones de espectáculo entremezclado con otras áreas, y eso lo lleva a ser muy mexicano.
Pero esa visión sigue su camino de transición y ahora las nuevas generaciones siguen la tradición del enlonado; el aspirante a gladiador Oscar Jiménez, quien aun no define su nombre de batalla, pues apenas lleva 2 años en el gimnasio, expresa que la lucha libre entra junto al box como un portal de escape para cualquier clase social que quiere distracciones al terminar una semana ardua de labores, y obtienen de la lucha libre el espectáculo, deporte y ver a unos sujetos que suben a un ring para provocarles el cariño o el odio a sus personajes.
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