miércoles, 3 de diciembre de 2014

Cumple Semarnat 2 años de grave retroceso ambiental

A dos años de haber asumido el poder, la Federación, indicó la organización civil ambientalista, Greenpeace ha estado marcada por una política sistemática de violaciones a los derechos humanos de los mexicanos, acompañada de impunidad, corrupción y una estrategia de represión contra el movimiento social organizado, señaló en un comunicado de prensa.
En materia de medio ambiente se concretó a describir que durante este segundo año de gobierno federal, el medio ambiente se ha visto sacudido por una oleada de desastres. Por poner algunos ejemplos, Durango, Sonora, Jalisco, Veracruz, Nuevo León y Sinaloa vivieron catástrofes ambientales que se suman a los mil 124 casos de daño ambiental  ocurridos en lo que va del sexenio.  
Estos “accidentes”  son solo la punta del iceberg de la opacidad en la que actúan las industrias en México, donde la laxitud de las leyes les permite contaminar a cambio de multas irrisorias por concepto de “reparación del daño”, sin que se tomen en cuenta las externalidades. Y donde la labor de la Secretaría de Medio Ambiente (Semarnat) y sus organismos integrantes ha sido muy gris en su actuar y donde da una imagen de debilidad institucional para salvaguardar los ecosistemas nacionales.
En el caso de la reforma energética y los cambios a las leyes secundarias – por decreto-  en esta materia imponen nuevos retos para la defensa efectiva del derecho a un  medio ambiente sano, ya que la legislación concede a las actividades extractivas el carácter de estratégicas, de interés social y de orden público; dando preferencia a la utilización de la técnica del fracking, la exploración y explotación de hidrocarburos, servicio eléctrico, la energía nuclear y la geotermia, frente a otras actividades, como la agrícola, forestal o de conservación; legalizando la ocupación temporal de tierras de propiedad privada, ejidal o comunal, bajo el riesgo de que se dañen las tierras y los recursos naturales por estas prácticas.
En cuanto al deterioro que enfrentan los bosques y selvas de México no muestra mejoras comprobables. La actual administración carece de una política sólida que plantee soluciones reales para proteger, recuperar y manejar estos ecosistemas.
A pesar de que el presupuesto gubernamental destinado a la Comisión Nacional Forestal es de más de 7 mil millones de pesos en los últimos años, se desconoce el impacto directo y real que la inversión pública está teniendo sobre los bosques y sus dueños.
México tiene una característica especial y poco común a nivel global: alrededor del 60% del total de la superficie de bosques y selvas es de propiedad social; sin embargo, el apoyo y financiamiento para comunidades, ejidos y propietarios forestales continúan siendo marginales, comparados con la inversión en recursos y el impulso mediático que se le dan a otras acciones poco efectivas como la reforestación. El manejo forestal comunitario es una estrategia efectiva para mantener los bosques en pie, apuntalar el desarrollo económico y social, fortaleciendo la gobernanza de los territorios forestales y la paz social.
Por otro lado, los impactos del modelo agroalimentario actual, con base en la agricultura industrial tiene graves impactos ambientales, sociales y de salud pública. El actual modelo de agricultura no garantiza el derecho constitucional de los mexicanos a una alimentación nutritiva, suficiente y de calidad. Las y los pequeños agricultores son excluidos de las discusiones sobre la definición de la política agrícola.
En materia ambiental el actual modelo de agricultura industrial se caracteriza por el uso excesivo y sin control de agrotóxicos, la mayoría de ellos prohibidos en la Unión Europea y Estados Unidos, incluyendo 42 pesticidas que se sospecha carcinógenos humanos, y 85 principios activos de uso agrícola.
Los grandes industriales acaparan programas como Procampo. Apenas el siete por ciento de los agricultores que tienen menos de una hectárea reciben pagos de este instrumento,  mientras que el 42 por ciento de los agricultores que son propietarios de 20 hectáreas de tierras o más perciben dichos beneficios.
Enrique Peña Nieto ha mantenido una indefinición hacia el cultivo del maíz transgénico. Las empresas transnacionales Monsanto, Dow Agrosciences y Pioneer han solicitado permisos para comercializar sus semillas patentadas en el país, mismas que se mantienen en  estatus de evaluación de riesgo, a pesar de que científicos mexicanos han advertido impactos irreversibles para el medio ambiente y la sociedad si se aprueban los cultivos de maíz genéticamente modificado.

La verdadera solución para acabar con el hambre en el país es una reforma al campo con una visión de equidad y soberanía alimentaria que impulse un modelo de agricultura ecológica que proteja, mantenga y restaure la diversidad de la vida en la tierra; fomente la producción y conservación de semillas nativas e incentive la investigación pública y en la cual el control de la alimentación y la agricultura incumba a las comunidades locales, en lugar de las empresas transnacionales.

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