La agricultura y/o horticultura protegida es una técnica que
utiliza cubiertas de protección contra las inclemencias del clima y las plagas
y enfermedades. Es un sistema que contribuye al incremento de la producción y
productividad de las unidades económicas rurales, en particular, en aquellas
regiones donde las condiciones orográficas o climatológicas son adversas.
Lo cual permite disminuir hasta 60 por ciento el empleo de
plaguicidas, obtener mayor producción por unidad de superficie y mejorar la
calidad de las cosechas, así como hacer uso eficiente del agua de riego, que se
suministra mediante goteo, refirió Eugenio Cedillo Portugal, académico de la
Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón de la UNAM.
A pesar de sus virtudes, este modo de producción tiene la
desventaja de sus costos, pues se requieren inversiones iniciales altas, porque
es necesario construir el invernadero, instalar el sistema de riego por goteo y,
si el suelo no es apto, adquirir el sustrato y los recipientes para colocarlo.
Lo cual puede ser subsanado por los apoyos que brinde el gobierno para
desarrollo de este concepto.
Con ello también es factible modificar
el ambiente en el que se desarrollan los cultivos, con el propósito de
favorecer su crecimiento, incrementar el rendimiento y disminuir el tiempo de
cosecha.
El universitario, responsable del Centro de Prácticas Productivas
(CPP) de la licenciatura de Planificación para el Desarrollo Agropecuario de la
unidad multidisciplinaria, explicó que este sistema utiliza cubiertas de
protección, lo que aísla a las plantas de factores climáticos, plagas y
enfermedades. Además, ese ambiente contribuye a obtener cosechas en ciclos más
cortos y todo el año.
Dijo que con anterioridad se mencionaba que con tierra, agua,
dinero y tractor cualquiera era agricultor. Ahora, con este sistema, aunque el
suelo no sea apto, sólo se requieren algunos sustratos inertes como tezontle,
fibra de coco y agua.
Además, abundó, son pocas las aplicaciones de agroquímicos que se
requieren una vez que se encuentra en proceso la producción, y si es necesario,
se utilizan productos orgánicos o aquellos de bajo poder residual a través de
un programa llamado manejo integrado de plagas.
Citó que a este último “le llamamos agricultura natural, y el
objetivo es emplear la menor cantidad de elementos nocivos, contrario a la
agricultura orgánica, cuyos productos no necesariamente son sanos, pues las
compostas, si no están bien tratadas, podrían convertirse en una fuente de
contaminación por microbios”; otra contrariedad es no controlar la absorción de
nitratos en los productos que pueden ser nocivos al ser consumidos.
Mediante la agricultura protegida, en 2010 el CPP produjo 800
kilogramos de melón Summer dew (gota de miel) en 158 metros
cuadrados, lo que equivale a 80 toneladas por hectárea, más del doble de lo que
se obtiene a campo abierto. Este centro es el único lugar en el Valle de México
que ha logrado producir este fruto bajo invernadero.
También, con la agricultura protegida y la técnica de raíz
flotante en los meses de octubre a noviembre pasados se produjeron con éxito
dos variedades de lechugas de calidad –cuervo y Ruby
sky–. Con esta técnica (sobre largas superficies de unicel que se
mantienen a flote en contenedores con solución nutritiva) disminuye el ciclo de
la planta y se obtienen cosechas con rendimientos adecuados antes de lo
esperado.
Junto con sus colaboradores, Cedillo
Portugal experimentó la siembra
de fresas en fibra de coco como sustrato, colocadas a una altura promedio de un
metro sobre el nivel del suelo, modalidad que permite cultivar éste y otros
frutos libres de tierra y de sustancias nocivas.
Asimismo, en bolsas de plástico con tezontle como sustrato, han
obtenido buenos rendimientos de jitomate, pepino, chile jalapeño, rábanos,
acelga y betabel, en menor tiempo del que se requeriría en siembras a cielo
abierto.
Finalmente, el universitario resaltó que en la actualidad la
horticultura protegida crece a un ritmo de mil 200 hectáreas por año a nivel
nacional, con predominio de las casas-sombra y los invernaderos de baja
tecnología. “En 1980 había menos de 200 hectáreas, para 2011 ya andábamos sobre
las 12 mil a nivel nacional, y en 2014, por las 15 mil”.


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