De acuerdo al Dr. Santiago Moreno Guillén, jefe de Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal, Madrid, España
“A finales de 2019 nadie se imaginaba lo que estaba por
venir. Ninguno estaba preparado para la rapidez y el impacto que iba a tener el
SARS-CoV-2 en el mundo”, relata el doctor Santiago Moreno, jefe del Servicio de
Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, España, quien
además fue de los primeros pacientes de gravedad por COVID-19 en los meses iniciales
de la pandemia.
El 12 de diciembre de 2019 en Wuhan, China, se dieron a
conocer los primeros casos de pacientes, 19 días después la oficina de la Organización
Mundial de la Salud (OMS) de ese país informó de varios casos de una neumonía
de causa desconocida con síntomas que incluyen dificultad para respirar y
fiebre.1 "La alerta emitida por la OMS del 30 de enero de 2020 fue
un tanto débil quizá porque no se imaginaban la magnitud de lo que se nos venía
encima, tampoco las autoridades sanitarias de Estados Unidos o Europa percibían
el riesgo”, agrega el doctor Moreno.
Nos enfrentamos a un enemigo nuevo
“En la pandemia anterior, la de H1N1 en 2009, los humanos
contábamos con cierta protección derivada de infecciones previas de gripe y
vacunas; sin embargo, el SARS-CoV-2 era un virus completamente nuevo, no
existía ningún tipo de inmunidad adquirida”, explica el infectólogo.
Los sistemas de salud del mundo tampoco estaban
preparados para una epidemia de esta magnitud. El Dr. Moreno relata que en un
principio los casos eran esporádicos, pero en pocos días las salas del hospital
Ramón y Cajal estaban saturadas y se exigía un programa de acción inmediato
para atender al número de pacientes que no dejaban de llegar. Los demás países
vivieron experiencias similares, en México el primer caso se documentó el 27 de
febrero de 2020, 64 días después ya había 19,224 casos confirmados y 1,859
fallecidos,2 y el 23 de marzo la Secretaría de Salud declaró la Jornada
Nacional de la Sana Distancia.3
Las instituciones de la mayoría de los países tuvieron demasiados
problemas para atender la emergencia. “Las unidades de terapia intensiva
estaban saturadas, y no había la cantidad suficiente de respiradores y
ventiladores mecánicos para el número de pacientes que los necesitaban. En ese
momento nos enfrentamos a uno de los puntos más complicados como médicos: ¿a
quién darle el respirador?”, relata el Dr. Moreno. Y agrega: “Tampoco
contábamos con medicamentos para hacer frente a la gravedad de los pacientes
que se internaban. En un principio tuvimos que probar con varios fármacos para
brindar una alternativa a los enfermos”.
La respuesta de la comunidad científica
“Los investigadores, en conjunto con la industria
farmacéutica, reaccionaron con agilidad frente a un virus nuevo que en muy poco
tiempo puso en jaque a la humanidad, trazaron medidas que pudieron reducir de
manera significativa la mortalidad", comenta el especialista quien vivió
todo el proceso del desarrollo de herramientas farmacológicas que pudieran
controlar la pandemia.
El Dr. Moreno, fue testigo de pandemias previas
provocadas por nuevos agentes infecciosos, como la del Virus de Inmunodeficiencia
Humana (VIH), y no duda en afirmar que, a diferencia de los años 80 cuando
tardaron más de dos años en identificar al virus, “en esta ocasión, en una
semana ya sabíamos a qué patógeno nos enfrentábamos; y en 15 días ya conocíamos
el genoma completo del SARS-CoV-2".
“Este hito en la medicina permitió que en unos meses
después contáramos con el remdesivir, un antiviral que reducía las complicaciones
por COVID-19. Pero lo que ninguno de los médicos esperábamos es que en pocos
meses estuviera lista una vacuna segura y eficaz frente al SARS-CoV-2, la cual
cambió el curso de la pandemia. Esto no tiene precedente en la historia de la
medicina y es algo que será difícil de superar,” asegura el Dr. Moreno
“Hoy conocemos muy bien al virus, su estructura y
características. Sabemos que este agente infeccioso tiene mutaciones que han
condicionado cambios más o menos importantes en el mismo, por ejemplo, en la
virulencia, capacidad de contagio o en la resistencia a medicamentos; por
fortuna, hasta el momento no ha presentado cambios que signifiquen riesgo de
una nueva pandemia. Este virus se quedará entre nosotros y es necesario contar
con vacunas actualizadas anuales contra las cepas nuevas que circulan”, asegura
el médico.
“Cómo paciente grave de COVID-19 sé lo importante que es
evitar que la infección se convierta en un cuadro serio. Por experiencia sé que
estar en terapía intensiva es una situación impactante, estás completamente
solo, sin familia y amigos cerca, y dependes completamente de tu médico. Esto
me permitió darme cuenta lo importante que es para los pacientes graves tener
confianza con su doctor y saber qué él hace todo lo que está en sus manos para
reestablecerte”, relata el Dr. Moreno.
El SARS-CoV-2 no desaparecerá de manera espontánea
“El tiempo nos dirá si la recomendación de aplicarse
vacunas actualizadas será para toda la población o solo para los grupos de
riesgo, pero lo cierto es que el virus no desaparecerá de manera espontánea. Asimismo,
debemos estar conscientes que es altamente probable que en un futuro haya
nuevas pandemias que con seguridad serán víricas y provendrán de animales. Por
ello, esta experiencia debe servirnos para saber cómo reaccionar mejor y de
manera más eficiente,” puntualiza.
Gracias a los desarrollos médicos hoy disponemos de
múltiples vacunas que han reducido de manera importante la mortalidad de la
población, sobre todo de aquella más susceptible. Las innovaciones nos
permitirán tener inmunizaciones actualizadas contra las nuevas cepas del
SARS-CoV-2 en 100 días4. Asimismo, organizaciones internacionales
como la Coalition for Epidemic Preparedness Innovations (CEPI) comenzaron a
financiar la investigación de vacunas basadas nuevas tecnologías con el
objetivo de estar preparados ante el surgimiento de nuevas pandemias.5
Aun superada la pandemia, los científicos no han dejado
de buscar nuevas herramientas que permitan hacer frente de una manera más
efectiva a una nueva emergencia sanitaria. Nos toca a nosotros protegernos a
través de mantener actualizada nuestra cartilla de vacunación desde la infancia
hasta nuestra vida adulta. Recordemos que siempre habrá agentes infecciosos que
están esperando una oportunidad para enfermarnos, pero si estamos preparados difícilmente
estaremos en riesgo.
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