De acuerdo Rafael Castañeda,
profesor de la División de Ciencias Sociales y Humanidades de la Unidad
Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), la construcción de
Santa Fe, el polo de mayor atracción de capitales y zonas de lujo de la capital
en estos días, y que comenzó su edificación en los años ochenta provocó diversas
consecuencias socio-ambientales de escala regional importante que se han
acentuado con los años.
Ello debido a la puesta en
marcha de políticas públicas ajenas a una realidad como la que vivía y vive la
ciudad de México. Ello lo detalló en su artículo “El magaproyecto de Santa Fe a
treinta años de distancia: la construcción de la supervía poniente a debate”,
publicado (espacialidades.cua.uam.mx), en donde sostiene
que en un contexto en el que la ciudad seguía el patrón de las ciudades
tercermundistas, con subempleo, comercio informal, infraestructura deteriorada
y ascenso de pobreza, criminalidad y marginación urbana, el discurso de ciudad
global era evidentemente elitista, pues sus beneficios sólo fue para unos
cuantos.
Menciona que Santa Fe se
erguiría bajo el modelo de suburbio estadounidense con la tendencia a crear
espacios de exclusividad para algunos sectores sociales privilegiados, por lo
que a pesar de ser inicialmente planteado como lugar de desarrollo para las
grandes firmas empresariales, financieras y comerciales, pronto se implantaron
desarrollos habitacionales para sectores económicamente poderosos y con una
inclinación evidente a moverse en automóvil.
Sin embargo, fue tan mal
planeada que no se previó sus condiciones de conectividad con la ciudad por lo
que actualmente presenta grandes problemas de congestionamiento vial y de
acceso a la zona.
A ese crecimiento cargado de
irregularidades, polarizante y poco planeado, el autor observa el nulo interés
por el desarrollo sustentable, pues en esa época el tema no aparecía ni en el
discurso. Esto, añade, constata que la planeación de Santa Fe legitimó la
imposición de controles y decisiones en beneficio exclusivo del enclave residencial
y corporativo en detrimento de los residentes originales.
Rafael Castañeda considera que la construcción
de la Supervía poniente, pensada para mejorar la conexión de Santa Fe con el
sur de la ciudad, fue un acto de imposición del Gobierno de la Ciudad,
económicamente costoso y ambientalmente irresponsable porque dañó un par de
reservas ecológicas al poniente del valle de México, las cuales ofrecen
servicios ambientales insustituibles para la región: La Loma y Barrancas de
Tarango.

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