miércoles, 18 de febrero de 2026

La construcción mexicana en 2026: el reto no es crecer, es coordinarse

 En 2026, la industria de la construcción en México ya no enfrenta un dilema de expansión, sino uno de articulación. Más que crecer, el reto es coordinar. En este contexto, comienzan a consolidarse modelos tecnológicos que no solo financian la obra, sino que buscan integrar información, pagos y suministro bajo una misma lógica operativa. Iniciativas como MANGO, empresa tecnológica especializada en la cadena de suministro de la construcción, forman parte de este cambio estructural al proponer una nueva forma de sincronizar capital, materiales y actores dentro del ecosistema.

El sector mantiene un peso estratégico en la economía nacional: representa alrededor del 7 % del PIB y genera más de 6 millones de empleos directos e indirectos. Sin embargo, su verdadero desafío no está en levantar más obras, sino en lograr que todos los eslabones funcionen de manera sincronizada.

El crecimiento reciente, impulsado por el nearshoring, la inversión en infraestructura logística y el dinamismo de la vivienda media, ha evidenciado una fragilidad estructural: una cadena de suministro fragmentada, con flujos financieros asimétricos y procesos todavía poco integrados. Grandes desarrolladores, constructoras consolidadas, proveedores, distribuidores y ferreterías conviven en un mismo ecosistema, pero con reglas operativas, plazos y estructuras financieras distintas, lo que complica la planeación integral.

Más del 95 % de las empresas del sector son micro, pequeñas o medianas. Para las compañías de mayor escala, esto es determinante: la eficiencia de sus proyectos depende de la capacidad operativa y financiera de estos eslabones intermedios. Cuando enfrentan dificultades para coordinar pagos o compras de materiales, el impacto se traslada a toda la cadena en forma de retrasos, sobrecostos y presión sobre márgenes.

Uno de los principales obstáculos es la falta de liquidez en momentos críticos del proyecto. Aunque el sector mueve grandes volúmenes de capital, este no fluye de manera uniforme. Los pagos se diferencian y, con frecuencia, los proveedores más pequeños terminan financiando de facto a la cadena. Este fenómeno no solo afecta la rentabilidad, sino también la productividad: los retrasos asociados a problemas financieros y logísticos pueden incrementar los costos de una obra entre 10 % y 20 %, una diferencia que puede definir su viabilidad.

Si bien la digitalización ha avanzado en planeación y control de obra, la coordinación financiera y comercial sigue siendo uno de los grandes pendientes. Integrar a múltiples proveedores bajo una misma lógica operativa continúa siendo un reto.

Es aquí donde emergen plataformas que integran financiamiento, compras y gestión de pagos en un mismo entorno digital, generando trazabilidad y visibilidad para todos los participantes. Más que otorgar crédito, el objetivo es construir una infraestructura de datos que permita anticipar necesidades, reducir incertidumbre y sincronizar decisiones financieras con el ritmo real de la obra.

Modelos como el de MANGO responden a esta necesidad al conectar contratistas, desarrolladores y proveedores dentro de un sistema que habilita liquidez y genera información estratégica sobre la dinámica de la cadena. Esta integración reduce fricciones, mejora la previsibilidad y transforma relaciones tradicionalmente transaccionales en esquemas más coordinados.

El cambio de paradigma es claro: la construcción ya no puede pensarse como una suma de proyectos aislados, sino como un sistema interconectado. Cuando un proveedor no cobra a tiempo, el impacto se replica; cuando un contratista pierde liquidez, la obra se frena; cuando falta información, los costos se disparan.

La oportunidad para el sector no está únicamente en crecer, sino en alinearse. La competitividad dependerá de su capacidad para coordinar personas, materiales y capital en un mismo ritmo. Porque en la construcción del futuro, levantar muros seguirá siendo importante, pero construir cadenas bien conectadas, con información, liquidez y coordinación financiera integradas, será lo que marque la verdadera diferencia.

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