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viernes, 12 de septiembre de 2014

Érase una vez México 2, un libro sobre el “México que se persiguió la cola un siglo”

Editorial Planeta, presentó el libro “Érase una vez México 2”, de los historiadores, Sandra Molina y Alejandro Rosas, quienes definen a este libro como una narrativa de la historia mexicana del periodo de la Independencia (1810) a la Revolución mexicana (1910), y que se supedita en hechos que marcaron esta época, en forma narrativa no en estilo de novela, y que buscan mostrar una realidad contextual de los hombres que conformaron la independencia y la revolución que sentaron las bases del México moderno.
Al respecto, en entrevista con este reportero, los historiadores dijeron que Erase Una Vez México 2, muestra que la historia no es cíclica sino evolutiva y la sociedad mexicana lo que ha demostrado al paso de estos siglos es que sigue siendo inmadura y que debe seguir trabajando en la construcción de una nación sólida.
Invitaron a que el mexicano lea más, ya que si bien se ha rebasado los problemas del analfabetismo, el problema actual es la comprensión de eso que lee, ya que si bien se pueden leer temas frívolos, también debemos también acercarle al público una lectura de calidad.
Sobre qué decir de este periodo histórico de México, Alejandro Rosas, mencionó una gran ironía de estas publicaciones es empezar con un grito libertario en 1810 y acabar con un grito de igualdad en 1910 y esta es una gran ironía mexicana al reflejar que México es como “el perro que se persiguió la cola por 100 años”, ello por nuestra incapacidad de evolucionar y construir un mejor México ya que se paso de una guerra a otro tras un siglo de no aprender sobre los errores sociales y nacionales.
Dijo que en muchos aspectos el país sigue en pañales, pese a todas las crudas experiencias que se han padecido, como es polarizar al país, que impere una sociedad apática o en otras veces muy participativa y, añadió que aún no podemos decir que somos una sociedad madura y responsable.
Por su parte, Sandra Molina, indicó que los vicios sociales y humanos que refleja la política y movimientos sociales de esa época no se concentran en la corrupción, sino la impunidad. Al respecto, Alejandro complementó que “no somos corruptos por haber sido conquistados por los españoles, sino que el asunto de esta publicación busca quitarnos esos prejuicios y pretextos de perdida de territorio, de ser un pueblo conquistado, debemos pasar esos esquemas y comportarnos como una sociedad madura y no querer ser una población con mentalidad que pedimos que nos den todo en la mano”.
Concordaron que no podemos seguir pensando en los caudillos, sino que debemos ser una nación que le apueste a los marcos legales y de respeto a las instituciones y el problema en este periodo documentado era creerle todo al caudillo, ejemplo de esto es el caso de Porfirio Díaz, y que al morirse todo se va en picada, pues este tipo de personas eran quienes dirigían u ponían en orden en México.
Sandra Molina, adujo que no se ha buscado disminuir el papel de los héroes, sino que se aprecien como los hombres y mujeres que eran, con cualidades y defectos, no eran semidioses. Ejemplo es Agustín de Iturbide, que busco ser el primer monarca de México y fue de los primeros villanos en la historia, pero no fue peor o mejor que otros, sino que debe tenerse en el contexto que al acabar el imperio, la lógica indicaba que México debía nacer como monarquía, y dar un paso paulatino a la democracia, cosa que no se entiende en su contexto.

Ambos explicaron que fueron hombres que se atrevieron a  cambiar su realidad, rompieron su entorno, y esa fue la diferencia con los demás pero eran igual de humanos que todos los demás, sino que tuvieron un compromiso social que les llevo a cambiar su realidad. 

viernes, 8 de marzo de 2013

Documentan estudios hechos a restos de héroes de la independencia mexicana

Luego de 85 años de que las reliquias de los héroes patrios permanecieran en el mausoleo de la Columna de la Independencia, en el centro de la Ciudad de México, en 2010 se llevó a cabo un proceso de análisis y conservación que concluye con la entrega de un documento de casi 600 páginas donde se narran con detalle los resultados de los estudios histórico, de antropología física y restauración realizados a los restos, así como los procesos a los que se sometieron.
Después de diversos intentos de distintos gobiernos mexicanos por resguardar con dignidad las reliquias de los próceres, particularmente en 1895, 1910, 1911 y 1925, finalmente, la conmemoración del Bicentenario de la independencia de México dio la oportunidad de hacer un estudio con los adelantos de la ciencia moderna, que involucró el trabajo de distintas especialidades.
Lo anterior ha hecho posible identificar lo que guardan cada una de las urnas depositadas en la Columna de la Independencia, y conservar las reliquias con el cuidado que dicta la conservación para evitar su deterioro.
El proceso de los análisis a los que se sometieron los restos, los detalles de su restauración y el periplo que pasaron durante los 187 años desde que se les dio el carácter heroico, han sido compilados en el libro Los restos de los héroes en el Monumento a la Independencia, presentado la víspera en el Museo Nacional de Antropología.
La obra, editada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), está publicada en dos tomos; el primero detalla el estudio histórico de las reliquias, coordinado por Carmen Saucedo Zarco; y el segundo, coordinado por Lilia Rivero Weber y José Antonio Pompa y Padilla, describe los trabajos de conservación y restauración, así como los análisis de antropología física.
En la historia del traslado y trasiego de los restos patrios desfilan equivocaciones, robos, confusiones, atenciones y descuidos; mala fe y buenas voluntades; dudas y afirmaciones contundentes por decreto; secretos, conjeturas y asombros, descritos en el primer volumen de la obra editorial, puntualizó Salvador Rueda, quien también consideró que lo importante de las reliquias es lo que significan, “un conjunto de ideas que en su momento fueron voces fuertes en cuerpos vivos”.
El segundo tomo detalla el estado de conservación en el que se encontraron las reliquias y los procesos de conservación al que se sometieron cada uno de los restos de los personajes. La restauradora Luisa Mainou explicó que un novedoso método de restauración y conservación que remineraliza los huesos, inventado por ella (Mainou FQ95), fue aplicado para el caso de los héroes patrios, a fin de devolverles su fuerza y estabilidad, perdida luego de más de 100 años del fallecimiento de los próceres. El tratamiento garantiza la conservación de las reliquias durante las próximas diez décadas.
Para volverlos a colocar en la Columna de la Independencia, a cada héroe se le adaptó un sistema de guarda especial, elaborado con crepelina de seda, impregnada con una sustancia llamada quitosán, que funciona como barrera biológica y que también fue aplicada en los huesos para recuperar el colágeno que han perdido. Dicho componente se extrae del exoesqueleto de los crustáceos, como los camarones y los langostinos.
El segundo tomo también contiene los resultados y el procedimiento del análisis de antropología física. El antropólogo José Antonio Pompa explicó que siguiendo técnicas de osteometría (medidas) y morfoscopía (forma), analizaron edad, sexo, rasgos métricos, huellas de enfermedades y actividades, color, textura, fracturas, exfoliaciones de los restos.
De estos últimos se obtuvieron nuevos datos para sus biografías; entre la información novedosa destaca la de Vicente Guerrero, de quien ahora los antropólogos saben que se le representa con una postura “napoleónica” a consecuencia de una herida en el codo mal atendida, que no le permitía extender el brazo.
El antropólogo del INAH dijo que estudiaron 14 individuos de los cuales 8 estaban totalmente revueltos en las urnas osario, distinguidas como Urna Libro y Urna Verde. Durante el proceso de análisis de antropología física, el estudio de fotografías y fuentes históricas, se documentó que ambas urnas guardaban en conjunto los restos de Miguel Hidalgo, Juan Aldama, Mariano Jiménez, Ignacio Allende y José María Morelos y Pavón, así como los de Javier Mina, Pedro Moreno y Víctor Rosales, antes no identificados, explicó Pompa y Padilla.
Los estudios de antropología física también permitieron identificar los restos de José María Morelos y Pavón, mediante su mandíbula, que se encontraba en la urna Libro con huesos de su esqueleto, la quijada correspondió al cráneo del héroe. Los otros cinco próceres: Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria, Nicolás Bravo, Leona Vicario y Andrés Quintana Roo, tenían cada uno su urna individual por lo que no fue necesario separar sus restos.
El libro, concluyó el historiador Salvador Rueda, procura ser instrumento cabal de conocimiento de una historia apasionada. Ahora estos dos tomos, de manera fría, con su discurso narrativo, tendrán que enfrentar a sus lectores”.

viernes, 15 de febrero de 2013

Se analizan los 35 años del hallazgo de Coyolxauhqui

La identificación de sangre humana obtenida en los análisis recientemente realizados en laboratorio a una decena de navajillas y cajetes de más de 500 años de antigüedad, recuperados el año pasado en la Plaza Manuel Gamio, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, así como las primeras hipótesis al respecto, serán abordadas en un ciclo de conferencias conmemorativo al 35° aniversario del descubrimiento del monolito de la diosa Coyolxauhqui, en el Museo del Templo Mayor (MTM). 
En el foro académico, organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), la arqueóloga Lorena Vázquez Vallín se referirá a un juego de tres cajetes con tapa, que contenían 10 navajillas de obsidiana en las que se identificaron residuos de sangre humana, consecuencia del autosacrificio de algunos individuos como parte de una ofrenda de consagración.
 “Al profundizar la investigación en documentos históricos, escritos por los cronistas Diego Durán, Bernardino de Sahagún y Toribio de Benavente “Motolinia”, y de acuerdo con bajorrelieves de banquetas e imágenes de piedras labradas, se llegó a la conclusión de que las navajillas fueron utilizadas para autoinflingirse con la finalidad de ofrendar sangre”, explicó la arqueóloga.

El monolito de Coyolxauhqui (cuyo diámetro oscila entre los 3.04 y 3.25 metros, espesor de 30 centímetros y peso cercano a las 8 toneladas fue colocado durante el gobierno de Axayácatl, entre 1469 y 1481, al pie de las escalinatas del adoratorio del dios Huitzilopochtli, en el Templo Mayor.
 Este hallazgo fue uno de los más sobresalientes registrado en lo que fue el Recinto Sagrado de Tenochtitlan, pues además de su importancia arqueológica, también fue el detonante de creación del Proyecto Templo Mayor (1978) que hasta la fecha sigue vigente, así como de investigaciones y recuperación de diversas ofrendas con miles de objetos prehispánicos.
 Luego de rescatar más de siete mil objetos a lo largo de nueve años, tres mil 500 m2del Centro Histórico de la capital mexicana fueron expropiados en 1987 para la creación de un museo de sitio, uno de los más emblemáticos y visitados en la Ciudad de México (con más de 15 millones de asistentes desde su apertura).
La escultura es la representación de la diosa lunar de los mexicas, que se muestra decapitada y mutilada de brazos y piernas tras el combate que sostuvo con su hermano Huitzilopochtli, dios del sol y de la guerra, según el mito del nacimiento de esta última deidad, narrado por los cronistas Bernardino de Sahagún y Diego Durán; también simboliza el triunfo del sol sobre los poderes nocturnos que ella encarna pues su cabeza decapitada se convirtió en la luna.
La especialista expondrá dicho tema el 23 de febrero, en la conferencia Contextos rituales frente al Templo Mayor. Ofrendas de consagración y de clausura, junto con los arqueólogos y antropólogos físicos que integran el equipo del Programa de Arqueología Urbana (PAU), encargado de hacer las excavaciones en la Plaza Manuel Gamio, donde actualmente se realiza una obra de infraestructura, para la creación de un nuevo vestíbulo para el museo y zona arqueológica de Templo Mayor.

sábado, 2 de abril de 2011

Ecocidio urbano: extinción maya

Por: Juan Carlos Machorro
Durante el III Congreso Internacional de la Cultura Maya, en el que el investigador estadunidense Richard D. Hansen refirió que el decaimiento de las antiguas ciudades de la Cuenca Mirador –Calakmul, se debió a la excesiva explotación de los recursos naturales.
Señaló que a partir de recientes investigaciones “se empieza a reconocer el valor de la cultura maya durante el periodo Preclásico (1000 a.C. – 150 d.C.), correspondiente al lapso en que históricamente se establecen las ciudades más antiguas del área maya y del hemisferio americano.
“Se ubicaron en la Cuenca Mirador – Calakmul, una región asentada en ambos lados de la frontera entre México y Guatemala, específicamente en Campeche, y fueron las más grandes del mundo en cuanto a su volumen, e incluso las de mayor población en Mesoamérica. Es un área que aún guarda mucha información por descubrir”.

El III Congreso Internacional de la Cultura Maya, organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), con apoyo del Gobierno del Estado, el Ayuntamiento de Mérida y la Universidad del Mayab, fue inaugurado por la directora del Instituto para el Desarrollo de la Cultura Maya, Abigail Uc Canché, en representación de la gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega; la presidenta municipal de Mérida, Angélica Araujo Lara; el director del Centro INAH-Yucatán, Eduardo López Calzada, y los coordinadores académicos del foro, Alfredo Barrera y Ruth Gubler.
A nombre del INAH, Eduardo López Calzada dio la bienvenida a los más de 200 investigadores procedentes de América, Europa, Asia y Oceanía, y expresó el papel primordial del Instituto como un organismo dedicado a la investigación, interesado en seguir estudiando temas aún por registrar e interpretar en torno a la cultura maya, como por ejemplo en el caso de la lengua, un recurso cultural no renovable.

Colapso de ciudades mayas por daño ambiental

“Fue similar al ocurrido a finales del periodo Clásico (300 – 900 d.C.), en ciudades como Palenque, Copán y Tikal, a causa del daño ambiental, derivado de la excesiva tala para la quema de cal y la producción de estuco con el que se recubrían los edificios.
Además refirió que “un consumo “conspicuo” de los recursos naturales causó deforestación y daños en el sistema agrícola, lo que impidió cultivar la suficiente cantidad de alimentos para mantener a una población que para esa época llegaba alrededor de un millón de habitantes en toda la Cuenca Mirador – Calakmul”, precisó.

Dicha hipotesis es producto de 30 años de estudio en la cuenca, durante los cuales recolectó evidencias arqueológicas, como polen, isótopos, cerámica y lítica, que le han permitido comprobar la agresión ambiental. “Se trató de un colapso y no de un abandono, porque el segundo es temporal; en tanto que el primero representa un abandono a largo plazo y la destrucción del sistema social y económico que mantiene a un Estado, como ocurrió en dicha región”.