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martes, 16 de enero de 2018

Protegen 6,300 mil ha de naturaleza en Veracruz

La Fundación Pedro y Elena Hernández y las autoridades ambientales a nivel federal y estatal del estado de Veracruz,  han impulsado la conservación de 3,500 hectáreas (ha) dentro del Área Natural Protegida (ANP)  “Sierra de Otontepec”, 2,500 ha en el Corredor Costero de la Laguna de Tamiahua y un total de 6,500 ha de ecosistemas (desde Selvas  y Bosques hasta riberas y manglares), zonas localizadas en esta entidad del Golfo de México.
Estos trabajos se desarrollan desde 2012 ha sido garantizar la conservación del capital natural existente en la Región selvática de la región a través del desarrollo de modelos integrales de gestión territorial, con enfoque de cuenca.
Los esfuerzos de conservación de este estos espacios surge del conocimiento de numerosas problemáticas presentes en la zona como el deterioro y fragmentación de los ecosistemas y servicios ambientales que ofrecen, como consecuencia del desarrollo de actividades que son inadecuadas e insostenibles como por ejemplo el pastoreo extensivo que ha provocado una amplia deforestación o problemas latentes como la cacería furtiva y la extracción de flora y fauna desde hace mas de 10 años.
Además de daños que se presentan por la contaminación de las cuencas por derrames de hidrocarburos, vertido de aguas residuales de poblaciones y el uso indiscriminado de agroquímicos son algunos de los problemas que persisten en la zona y en la región baja de la cuenta en Tamiahua se encuentran problemas como el saqueo de madera de mangle, la sobre explotación pesquera, la obstrucción de canales de marea o esterillos para la desecación de predios y establecimiento de pastizales.


Estos trabajos buscan reducir la problemática descrita por la vocería de la Fundación, de ahí que se han formulado programas estratégicos y áreas de intervención territorial para comenzar a genera un cambio en las trayectorias tanto del capital humano como social.
Estos trabajos estratégicos son: Programa “Conservación y manejo sustentable del Área Natural Protegida “Sierra de Otontepec” y su zona de influencia. La importancia de este proyecto se cimenta en dos factores el primero su riqueza en flora y fauna y la segunda en su relevancia hidrológica de la sierra que alimenta en forma importante las aguas que se vierten en afluente como el Río Pánuco, El Río Tuxpan y el Río Tancochín que vierte sus aguas a la Laguna de Tamiahua.
Programas “Sustentabilidad territorial de la Cuenca del Tancochín” Este programa es el eslabón entre los programas en la Sierra de Otontepec y el Corredor Costero de Tamiahua. Este busca lograr un manejo integral de la cuenca y alcanzar su sustentabilidad territorial ayudando a reducir el impacto a la cuenta y garantizar la oferta de servicios ambientales hacia la cuenca media y baja.
Programa “Gestión territorial del Corredor Costero de Tamiahua, en la cuenca baja”
Este programa se ubica en al desembocadura del Río Tancochín buscando proteger el corredor costero y garantizar servicios ambientales. El proyecto busca la rehabilitación y estabilización de la zona ayudando a restaurar 1250 ha de manglares y busca una planeación territorial del desarrollo comunitario.
Los programas en sus conjunto conservan 6,500 ha de ecosistemas (desde Selvas  y Bosques hasta riberas y manglares, entre las que se distinguen 3,500 ha dentro del ANP “Sierra de Otontepec”, 2,500 ha en el Corredor Costero de la Laguna de Tamiahua.
Actualmente se trabajan en tres áreas del norte de Veracruz.
- Área Natural protegida “Sierra de Otontepec” Superficie: 14, 550 ha (145 km2)
Superficie de traslape con cuenca del Tancochín: 2,493 ha  (2.5 km2)
- Cuenca hidrográfica del Río Tancochín
Superficie: 63,745 ha (637.4 km2)
- Corredor Costero de Tamiahua

Superficie: 24,949 ha (637.4 km2)

jueves, 31 de julio de 2014

Ínfima competitividad de los bosques mexicanos

En la presentación del Índice de Competitividad Forestal Estatal (IcoFE) realizado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) y Reforestamos México, Rodrigo Gallegos, director de Cambio Climático y Tecnología del IMCO, señaló que IcoFE 2014 se destacó que sólo 35% de los bosques mexicanos presentan un adecuado índice de competitividad, pero que en términos generales los bosques de México padece por ser no competitivos.
Menciono que proteger no es la única solución en materia forestal y con las reformas actuales, el shale gas, la energía y la minería, se exige repensar en dónde hacer proyectos forestales que se puedan desarrollar a la par de estos proyectos y se pueda cambiar el modelo actual de los bosques para que les lleguen más recursos económicos.
 Explicó que este tipo de proyectos son muy pocos en el mundo, estimando en 6 los mismos, como sería en Nueva Zelanda, Australia, Inglaterra, Estados Unidos, Asia Pacifico en donde se destinan a inversionistas y producción no tanto con finalidad ambiental.

Este proyecto se redactó por la realidad actual de los bosques que presentan una pérdida de masa forestal promedio de 31% de sus bosques primarios de 1976 al 2008, siendo Campeche, Colima y Yucatán, quienes más padecen de ello.
En los últimos treinta años se ha perdido la tercera parte de los bosques y selvas primarios de México, a pesar de que éstos son la principal fábrica de agua dulce, y que hacen de México uno de los diecisiete países megadiversos del mundo. Por otro lado, los bosques producen poco valor económico, un ejemplo de ello es que, mientras la superficie forestal es tres veces la de Finlandia, su producción es 10 veces mayor a la  nuestra.
Se pudo demostrar que cerca de 36% de la superficie forestal nacional se encuentra dentro de estados con una competitividad baja o media-baja, mientras que 28.5% se encuentran con una competitividad media y sólo 35% de la superficie forestal tiene una competitividad alta o media-alta. Pero aún las entidades más competitivas, tienen un puntaje de casi 60 puntos sobre 100.
Aunado a que 38% de los bosques tienen un alto riesgo de ser deforestadas en la actualidad, mientras que del potencial de manejo forestal autorizado sólo se tiene establecido en un 1% de los bosques y selvas; lo cual es reflejo de la política de no tocar zonas naturales. Puso el ejemplo en disparidad de apoyos ya que mientras en Costa Rica se pagan 64 dólares por hectárea por servicios ambientales, en México es sólo de 30 dólares. 
Entre los resultados se mencionó que las entidades líderes son Coahuila, Chihuahua y Nuevo León, seguido en nivel medio alto a Aguascalientes,  Baja California Sur, Durango, Nayarit, Sonora, Tamaulipas y Tlaxcala. Siendo los más bajos, Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Puebla y Yucatán.
Siendo los graves problemas estatales en datos, ya que sólo 7.7% de la información que deben proveer los estados se encuentra en el Registro Forestal Nacional, y que 8 entidades presentan una calidad de información en presupuestos forestales baja, así como que 17% de los bosques y selvas no cuentan con una ley estatal sobre madera.
Entre las recomendaciones es transparentar información, campañas de información de los derechos de las comunidades, crear cadenas productivas, integrar información del sector, presupuestos multianuales, trabajo interdisciplinario, legislaciones actualizadas, etc.
            Sin aceptar que este informe denote el fracaso de la política forestal nacional, ya que al ser su primera edición, demuestra que el sector forestal está carente de cifras, de seguimiento de acciones, de apoyos a comunidades y de competitividad, ya que las tres entidades lideres apenas alcanzan una calificación de 5.7.
Se detalló que el IcoFE es una herramienta que usa información pública que analiza avances en los estados y se puedan hacer rankings de su realidad, y que con dicha publicación se pueda realizar una campaña de concientización así presentación de los actores clave involucrados en el sector.
            Por su parte, Ernesto Herrera, director general de Reforestamos México expuso que esta organización nació con la visión de reforestar al país y hacer proyectos forestales en diversas regiones, pero se requiere un manejo forestal adecuado comunal y que se buscó en esta investigación de año y medio, pero aceptó que las comunidades forestales difícilmente solas pueden ser competitivas y se requiere manejo de los bosques de forma sustentable.
Además que se requiere que los gobiernos estatales focalicen sus esfuerzos al saber de sus debilidades y que la iniciativa privada aprecien los rubros forestales que les invite a involucrarse en este sector; y a partir del IcoFE muchos grupos puedan analizar la realidad de los bosques y se perfeccione la realidad de los bosques.
El IcoFE analiza que acciones deben realizarse en información desactualizada, legislación, recursos económicos y ello da pie a que se tenga una agenda de trabajo que permita discutir esta agenda de forma plural y tener unos bosques fuertes a futuro.
Finalmente, Jorge Rescala Pérez, director general de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), argumentó sobre esta realidad que es diferente al que se aprecia en las entidades y que estos resultados llamaran la atención a integrantes del sector. “También es apremiante crear conciencia en el tener datos de las actividades forestales ya que de la misma depende la planeación del mismo”.

Ejemplo son los inventarios forestales de 16 entidades que ya se tienen en estos días, pero dijo que se requiere tener cifras actualizadas en bosques y selvas, así mismo explicó que esto es un manotazo en la mesa para aquellas entidades que no han actualizado sus datos o dicen que están haciendo de forma correcta su trabajo y el IcoFE le indica lo contrario en materia de uso sustentable y competitividad. 

miércoles, 23 de julio de 2014

La fragmentación de selvas interrumpe el movimiento de animales y dispersión de semillas

La fragmentación de las selvas compromete su regeneración, el movimiento de animales y la dispersión de semillas. En los remanentes, los árboles mantienen sus funciones fisiológicas, pero no las reproductivas, lo que condena a esos espacios aislados a contraerse y desaparecer, alertó Julieta Benítez Malvido, académica del Centro de Investigaciones en Ecosistemas (CIEco) campus Morelia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Dijo que este fenómeno que ha estudiado en la Reserva de la Biósfera de Montes Azules (parte de la Selva Lacandona), por ejemplo, la fauna y la vegetación nativa presentan un buen estado de conservación y sirven de parámetro testigo para compararlas con los ejidos vecinos, donde la deforestación e introducción de ganado han interrumpido el movimiento de especies animales y la dispersión de semillas de árboles de la selva continua (no fragmentada).

En tanto, en el paisaje fragmentado de la Selva Lacandona, en Chiapas, persisten algunas poblaciones de monos araña y aulladores, que habitan en árboles de gran talla y dispersan las semillas de los frutos que consumen hacia áreas distantes.
Al referirse a la restauración ecológica, indicó que su objetivo es, con la intervención humana, iniciar o acelerar la recuperación de un ecosistema que ha sido perturbado. Bastan pocos años para destruir uno complejo como la selva, pero restaurarlo puede llevar décadas. Si se toma en cuenta que lo ideal para lograrlo es volver al estado original del entorno, se necesitarían más de 200 años para su recuperación si no se interviene con dicho proceso, dijo.
Para impulsar algo más factible, los especialistas proponen la restauración funcional y estructural, en la cual el sistema lleva a cabo los procesos regenerativos naturales. “No se recupera todo el ecosistema original, con su biodiversidad completa, pero puede ser autosustentable e incorporar especies nativas de flora y fauna que logren reproducirse en el área recobrada”, añadió.
Requiere de actividades básicas como la presencia de polinizadores y dispersores de semillas, las asociaciones simbióticas o mutualistas en el suelo, así como de algunas bacterias fijadoras de nitrógeno. “Con esos elementos podemos hablar de una restauración que ocurra en un par de décadas, no en siglos”, apuntó.

En comunicado de prensa, la investigadora informó que “la actividad humana interrumpe la continuidad del ecosistema. Por acciones como la introducción de ganado, en un bosque tropical extenso y biodiverso se deforestan y degradan grandes áreas para poner pastos. En vez de ser una vegetación continua, el paisaje original queda fragmentado, y si no se toman medidas, a la larga los remanentes tienden a contraerse y colapsar”.