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jueves, 2 de julio de 2020

Zonas de la CDMX con menor riesgo sísmico


El pasado martes 22 de junio, ocurrió uno de los sismos de mayor intensidad que se han sentido en la Ciudad de México (CDMX), con epicentro en la región conocida como Crucecitas, en el estado costero de Oaxaca. A pesar de que la alerta sísmica se activó con suficiente antelación, en algunos sitios de la ciudad se sintió más.
De acuerdo al portal inmobiliario propiedades.com, con datos de Protección Civil y expertos, compartió cuáles son las zonas de la CDMX con menor riesgo sísmico.
El Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) indica que en la ciudad hay tres tipos de suelo: blando, de transición y firme.
Es por esto que, cuando ocurre un sismo, la sensación respecto a la intensidad y el movimiento de las construcciones es diferente: Suelo blando: se percibe un mayor movimiento y los edificios se balancean con mayor fuerza. Suelo firme: se percibe un menor movimiento y las construcciones se mantienen más estables.
Zonas más seguras de la CDMX ante un sismo
De acuerdo con el mapa geológico elaborado por Protección Civil, las alcaldías de la capital mexicana destacan como zonas seguras son: Magdalena Contreras, Álvaro Obregón y Cuajimalpa.
Las cuales se asentaron sobre el volcán San Miguel y cuentan con un suelo conformado por derrames de lava. Además, por localizarse cerca de cerros o tener suelo de roca volcánica, presentan baja vulnerabilidad ante un sismo.

Por su parte, las alcaldías como Tlalpan, Milpa Alta y Xochimilco se localizan sobre conos de escoria o lava porosa, así como derrames de lava basálticos. Estos forman parte de la Sierra de Chichinautzin y son zonas de menor riesgo sísmico.
En cuanto a las colonias con menor intensidad sísmica, podemos encontrar las siguientes en las alcaldías de Coyoacán y Miguel Hidalgo: Ajusco, Ciudad Universitaria, Pedregal de San Francisco, Lomas de Chapultepec y Polanco, secciones I, II y III.
Zonas de mayor riesgo sísmico en la CDMX
Al tomar en cuenta que la ciudad está asentada sobre el terreno que originalmente era el lago de Texcoco, hay zonas que presentan un mayor movimiento sísmico. Esto se debe a que estos depósitos aluviales se caracterizan por ser de suelo blando.
Entre las alcaldías de mayor riesgo sísmico, encontramos las siguientes: Cuauhtémoc, Gustavo A. Madero, Venustiano Carranza, Iztapalapa, Iztacalco y Tláhuac.
De acuerdo con registros históricos, las colonias Centro, Roma Norte, Narvarte, Juárez Doctores, Tabacalera y Tlatelolco fueron de las más afectadas durante ambos sismos del 19 de septiembre.
En caso de que quieras comprar una propiedad en la CDMX, siempre es recomendable consultar con un ingeniero en sismos.

martes, 18 de septiembre de 2018

Cuando el polvo se asienta


Por Salma Hayek Pinault
Quizá porque en México aprendí a amar, sentí por primera vez el mar, el sol, donde mis ojos descubrieron mi primer atardecer. Quizá porque México entre tantas cosas me enseñó a soñar. O como diría el poeta Joan Manuel Serrat “quizá porque mi niñez sigue jugando en sus playas”. No importa cuántas historias y culturas pasen por mis venas, ni en cuántos países viva o qué tan lejos me vaya, a México siempre lo llevo en el corazón.
El 19 de septiembre de 1985, en la Ciudad de México, me tocó vivir las consecuencias del temblor que trágicamente nos quitó tanto. A pesar del dolor y del gran sentido de solidaridad que nos impulsó a unirnos y a trabajar juntos, después de treinta años seguían en pie algunos de los campamentos temporales, donde cientos de damnificados vivían esperando un hogar. Entre las múltiples historias de este triste limbo están las de los niños —y los niños de esos niños— que ahí nacieron, crecieron y vieron morir a sus padres.
Permanecieron en diminutas chozas de lámina, hasta que en 2015 desaparecieron los campamentos como para intentar borrar una evidente herida en la ciudad y, con ello, las últimas gotas de esperanza de sus víctimas.
El 19 de septiembre de 2017 recibí la noticia de que nuestra tierra volvió a temblar, devastando nuevamente a mi adorado México. Aún con el corazón roto por las víctimas, me llené de orgullo al ver que, una vez más, mis compatriotas se unieron y salieron a salvar vidas y dar refugio a quienes lo perdieron todo. Este espíritu de lucha, que nos caracteriza, inspiró al mundo entero, especialmente a los mexicanos que vivimos en el extranjero.

Como sucede en todo desastre natural, en cualquier parte del mundo, la participación es más activa y vigorosa en las primeras fases de la emergencia. Pero desafortunadamente cuando el polvo se asienta, el apoyo se empieza a disolver. Por esta razón, después de solidarizarme con la asistencia inmediata, en octubre del año pasado, me propuse encontrar una alternativa para ayudar en el proceso de reconstrucción a largo plazo.
Mi primer paso fue buscar socios con quienes compartir mi objetivo de proporcionar un hogar a las familias que se quedaron sin casa. Sé que a veces es difícil confiar en organizaciones cuando uno quiere ayudar y muchas veces es complicado saber en dónde terminan nuestras buenas intenciones. Sin embargo, éste no es el momento de tener los dedos listos para señalar, sino las manos listas para construir.
El primer socio al que me acerqué fue Hábitat para la Humanidad, una organización internacional con una trayectoria extensa y reconocida en reconstrucción. Lo que más me gustó de ellos es que trabajan con una metodología de diseño colaborativo que toma en cuenta los hábitos, las relaciones sociales y las costumbres de las comunidades, así como las necesidades individuales de cada familia.
El segundo socio fue más difícil de encontrar porque mis expectativas eran gigantescas. No sólo buscaba apoyo financiero de una empresa que tuviera la infraestructura para darle a este proyecto seguimiento constante y presente —lo cual para mí era logísticamente imposible—, sino que también esperaba de ellos un compromiso a largo plazo.
Este esfuerzo requería una empresa cuyo interés por el bienestar de México fuera sincero.
Después de una larga investigación, descubrí que PepsiCo —la que ya conocía por su excepcional labor en pro del empoderamiento de la mujer— tiene un gran compromiso social con las comunidades más necesitadas: desde proporcionar acceso al agua, hasta implementar programas de apoyo alimentario.
Precisamente por este sentido de responsabilidad social, PepsiCo fue una de las primeras organizaciones en involucrarse después del sismo, al donar de manera generosa a la Cruz Roja Internacional y a la Pan American Development Foundation. Sería normal pensar que, como ya habían dado recursos a estas reconocidas instituciones, no iban a querer participar en este proyecto mío sin nombre, pero, a veces, para lograr lo extraordinario hay que salirse de lo normal. Así que les presenté todo el trabajo que había por hacer y, junto con Hábitat para la Humanidad, hicimos una propuesta de soluciones a largo plazo.
PepsiCo aceptó con entusiasmo participar y lo que por un momento me pareció imposible se convirtió en realidad y me llenó de esperanza.
Al trabajar juntos, detectamos que algunas de las comunidades más necesitadas y con menos ayuda estaban en Morelos. Hoy, gracias a PepsiCo y Hábitat para la Humanidad, se están construyendo 180 casas. Casas que se convertirán en el hogar de 800 mexicanos, incluyendo muchos niños que recordarán para siempre cómo sus madres y sus padres, con la ayuda de sus vecinos, guiados por arquitectos mexicanos, trabajaron juntos para celebrar su individualidad y respetar su dignidad.
Me entusiasma ver cómo las casas avanzan día a día: en algunas apenas se están colocando cimientos y ladrillos, otras (cincuenta) se estarán entregando en las próximas semanas. Pero lo que más me emociona, es que se ha renovado el sentido de comunidad, de pertenencia y de solidaridad. Me siento feliz y orgullosa de decir que esta experiencia ha sido extraordinaria.
El año pasado hice una invitación a participar en Crowdrise, dentro de una plataforma que abrí para beneficio de los niños víctimas del temblor. Para mí, lo más significativo fue que JUNTOS donamos casi un millón de dólares a UNICEF. Un año después y con la oportunidad de un nuevo comienzo para nuestro país, les hago una invitación completamente diferente, en especial a todos mis compatriotas que están a punto de entrar al poder. Los invito a soñar un sueño colectivo por un nuevo México, hecho a mano y con el corazón, en donde la normalidad no es la que terminamos aceptando por resignación sino la que creamos con convicción JUNTOS.
En medio de la incertidumbre, volver a empezar nos da el valor de volver a soñar. Hoy tengo el sueño de que ningún damnificado quede desamparado y de que la gran bondad de los mexicanos sea la característica que nos defina. Quizá porque cuando uno se aleja de lo que ama tiende a valorarlo más, incluso a idealizarlo, nunca perderé la esperanza de un México mejor.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Ciudad de México con un tipo de suelo que amplifica los sismos

Septiembre ha sido un mes difícil para los mexicanos. El día 7 a las 23:49 horas se suscitó el sismo más fuerte registrado en los últimos 100 años que alcanzó una magnitud de 8.2 y afectó principalmente a comunidades en los estados de Oaxaca y Chiapas.
Si bien este sismo se sintió también en la Ciudad de México (CDMX), su efecto no fue tan devastador como el registrado el día 19 del mismo mes que tuvo una magnitud menor, de 7.1.
Gran parte de la Ciudad de México está asentada sobre suelo de origen lacustre (es blando y se comprime por el peso de las edificaciones) cuyas características amplifican el efecto de las ondas sísmicas.
Un elemento que seguramente tuvo que ver en este impacto fue el sitio de su epicentro, “El sismo sucedió a sólo 120 kilómetros de la Ciudad de México, en Axochiapan, Morelos”. La cercanía con el epicentro hizo que su efecto fuera mucho más intenso, que si hubiese pasado en las costas del Pacífico mexicano, tal y como ocurrió el 7 de septiembre con el temblor con epicentro en las costas de Chiapas a más de 700 kilómetros de la Ciudad de México.
Pero hubo otros factores que pudieron influir en el efecto del sismo 19s en la ciudad de México, como es el tipo de suelo, ya que las ondas que se propagan durante o después de un terremoto se modifican por influencia de las condiciones geológicas y topográficas que prevalecen; esta modificación que generalmente consiste en la amplificación fuerte de la señal sísmica, una mayor duración de la misma y el incremento de su frecuencia, se conoce como efecto local. La evidencia científica ha mostrado que los terrenos blandos, amplifican los efectos de los terremotos.
La Ciudad de México —antes México Tenochtitlan— se estableció y se ha expandido en una cuenca cerrada (agua que no tiene salida natural), en la que originalmente existían cinco lagos: Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco. Esta condición, ha impuesto diversos retos a la ciudad y sus habitantes para aprovechar el agua y deshacerse de ella.
“La ciudad convirtió un lago, en un suelo blando y compresible poco apto para sostener eficazmente el peso de los palacios que ha creado”. El suelo sobre el que descansa un área importante de la ciudad de México tiene una vocación fundamentalmente lacustre, que amplifica y alarga las ondas de los sismos; los hace más intensos y los vuele más peligrosos, que los que se presentan en zonas de suelo.
La ciudad de México está asentada sobre un tipo de suelo cuyas características amplifican el efecto de las ondas sísmicas, además está sacando más agua de la que permite que se infiltre y sigue implementando formas de usar los recursos naturales sin considerar su capacidad de mantenimiento y su integridad.
Así, el efecto local del sismo 19s, no fue el mismo en la zona asentada sobre los lagos, que en aquellas porciones que descansan sobre las partes altas.
A lo anterior hay que agregar que cerca del 75% del agua que se utiliza en esta ciudad proviene de los acuíferos. Hemos expandido el área urbanizada, cubierta de pavimento y/o concreto, sobre la superficie de vegetación natural que permitía su recarga; la ciudad crece descontroladamente, se extrae más agua de la que puede infiltrarse generando un déficit de humedad que origina hundimientos y causa daños en edificaciones, compromete la integridad de infraestructura hidráulica y nos hace más vulnerables a los sismos.
Si bien los sismos son eventos que se han presentado y lo seguirán haciendo, su efecto podría ser menor si se implementan nuevas formas de aprovechar los recursos y genera condiciones que permitan restaurar y conservar su dinámica natural.
Debe estarse informados sobre las acciones que se pueden tomar a fin de mitigar el efecto de los temblores; estar atentos a las indicaciones de protección civil; tomar en serio la ejecución de simulacros y tener claro lo que se debe hacer en caso de sismo.

Finalmente se tiene que aceptar que mientras exista corrupción y negligencia, cualquier evento natural extremo se convertirá en desastre a la luz de la CDMX.

martes, 26 de septiembre de 2017

Podría alerta sísmica mejorar y dar más segundos de prevención

Sobre los segundos de tardanza de la alerta sísmica que suena en las calles de la capital mexicana, se informó que se debió a que el temblor surgió de una zona no monitoreada a diferencia del sismo ocurrido en el Golfo de Tehuantepec —que generó destrozos y provocó la tragedia en Chiapas y Oaxaca— el 7 de septiembre, esta vez la onda sísmica y la alerta llegaron a la Ciudad de México casi al mismo tiempo.
De acuerdo a Miguel Ángel Santoyo, sismólogo del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), “en el caso de este sismo, la distancia entre el foco sísmico (entre Puebla y Morelos) y la Ciudad de México, fue equivalente a la que había desde este punto de origen a las estaciones más cercanas de la alerta, sumado al tiempo que tomó definir a los algoritmos si el sismo era fuerte o no”.
Es decir, los dos tiempos fueron casi iguales, por lo que la alerta sonó casi al mismo tiempo que inició el sismo. “La posición del hipocentro —zona en el interior de la Tierra donde inicia la ruptura de la falla geológica, desde donde se propagan las ondas sísmicas y que se encuentra por debajo del epicentro que corresponde a la superfície terrestre— fue más cercana a la Ciudad de México que para la que está diseñada la alerta”, añadió el especialista en sismología de movimientos fuertes.

El investigador explicó el funcionamiento de la alerta: A lo largo de la costa del Pacífico mexicano, y otros puntos del interior de la República hay instalados sensores (sismógrafos); una vez que ocurre un sismo en una localidad, éstos registran la actividad y definen si el sismo es grande o no, mediante la ejecución de algoritmos matemáticos.
Añadió que si determinan que es un sismo fuerte, emite una alerta instantánea a través de medios digitales al Centro de Investigaciones y Registro Sísmico (CIRES), el organismo encargado de gestionar y mantener alerta sísmica que opera en los estados con riesgo de sufrir los efectos de un sismo.
La señal llega casi de manera instantánea, a la velocidad de la luz, entonces se emite la alerta sísmica que escuchamos en los megáfonos de las ciudades. Regularmente, esa señal viaja más rápido que las ondas sísmicas: esa diferencia de segundos nos proporciona un poco de tiempo para realizar acciones de prevención, como evacuar un edificio o cerrar las llaves del gas.
Esos segundos que podría proporcionar la alerta sísmica reduce el riesgo de las población ante el colapso de infraestructura, no obstante, el sismólogo de la UNAM –institución que forma parte de la mesa directiva del Foro Consultivo Científico y Tecnológico- enfatizó que independientemente de la alerta sísmica, las personas deben estar preparadas ante el arribo de un sismo, porque en casos como el del pasado 19 de septiembre, la alerta llegó al mismo tiempo que el sismo.
Explicó que “si estamos bien preparados, las instalaciones de nuestros edificios son seguras y seguimos las recomendaciones de Protección Civil, el riesgo sería menor. Más que necesitar una buena alerta sísmica, debemos de tener buenas construcciones”.
Sin embargo, eso no significa que el sistema de alerta operado por el CIRES no pueda mejorarse. “Puede hacerlo, sin duda, si somos capaces de mejorar los algoritmos y de tener más sismógrafos a lo largo del país, tendríamos una alerta más eficaz. Por ejemplo, si hubiéramos tenido un sismógrafo justo encima del hipocentro, probablemente habríamos tenidos hasta cinco segundos más antes de que llegaran las ondas”.

Cinco segundos podría parecer insuficientes, pero se pueden sumar a los que el movimiento telúrico intenso proporciona otros segundos antes. El investigador explicó que la fase intensa del sismo normalmente tarda algunos segundos más en llegar después de la onda primaria, que es de menor amplitud. Si sumamos las mejores técnicas a esta antesala del movimiento intenso, podríamos tener una alerta con hasta 10 segundos más de antelación, nada despreciables si el sismo tiene su origen cerca de las ciudades en las que generará la mayor sacudida, puntualizó.

jueves, 9 de octubre de 2014

El uso de la ciencia, crucial para reducir el peligro sísmico en México

Entre 1900 y 2010 se registraron en México 182 sismos superiores a los 6.5 grados en la escala de Richter. Siendo el más notable el padecido el 19 de septiembre de 1985, que tuvo efectos catastróficos en el país y, especialmente, en la ciudad de México.
Para evaluar el peligro y diseñar las políticas públicas y estrategias para reducirlo y mitigarlo, el conocimiento científico es prioritario, coincidieron especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Al respecto, Xyoli Pérez Campos, jefa del Servicio Sismológico Nacional (SSN), explicó que México está ubicado en las placas tectónicas de Norteamérica, Rivera, Cocos, Caribe y Pacífico, que al desplazarse o interactuar entre sí provocan movimientos en el suelo.
Por ello, la ciencia es crucial para evaluar el riesgo. A partir de mapas de intensidades es posible calcular los efectos de temblores futuros en un área determinada. Pueden elaborarse en base a los informes de daños disponibles, de la percepción de eventos ocurridos o con los datos recabados en los instrumentos colocados en el terreno, explicó.
Con el análisis de la información de los eventos de mayor magnitud de la última centuria, las regiones del Golfo de California y el Pacífico fueron identificadas como las de mayor ocurrencia, y las del norte, noreste y Península de Yucatán, las de menor incidencia.
La UNAM dio a conocer que entre 2005 y 2014 se registraron 26 mil 152 en el país, con magnitudes desde los tres hasta los 7.4 grados en la escala de Richter, la mayor parte en los contactos entre las placas tectónicas. Chiapas y Guerrero son los estados con más actividad y, por ende, los de mayor peligro, detalló.

Lo cual hace indispensable realizar evaluaciones en todo el territorio nacional. Con el trazo de las fuentes potenciales en una localidad o región y el conocimiento de los efectos locales en cada perímetro es posible construir escenarios hipotéticos para determinar las repercusiones de eventos de distintas magnitudes.
Además, se considera la vulnerabilidad de la zona con datos de infraestructura, condiciones sociales, económicas y políticas, entre otras, que afectan el resultado final de los fenómenos. Un temblor causará más daños en sitios con casas de adobe y tendrá repercusiones menores en las que cuentan con estructuras de acero y concreto reforzado, ejemplificó.
Son factores indispensables para evaluar el riesgo y plantear estrategias para reducirlo y mitigarlo, además de tomar medidas orientadas a evitar catástrofes como la de septiembre de 1985. Se requieren recursos para emprender investigaciones en el rubro y establecer la instrumentación necesaria con tecnología de punta, incluso, en el mar, aseveró.
El Sistema de Alerta Sísmica Mexicano —a cargo del Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (Cires)—, utiliza los datos de estaciones instaladas en las costas del Pacífico, a una distancia de entre 300 y 400 kilómetros de la ciudad de México. Al detectar la ocurrencia de ondas que pueden afectar a la urbe emite avisos preventivos o públicos, según la peligrosidad estimada.

Es una herramienta valiosa y las autoridades están obligadas a informar de su funcionamiento a la población. Las apps relacionadas no son una panacea o instrumento mágico y deben utilizarse con prudencia. Si los eventos no acontecen en el rango referido, los usuarios no reciben avisos en sus dispositivos móviles. “No es una falla, simplemente el fenómeno no cumple con las características para las que fue diseñado el sistema”, puntualizó.