El miedo a la inestabilidad en el precio del petróleo reabre de forma constante la posibilidad de explotar los ricos recursos de hidrocarburos del Ártico. La región se enfrenta a su propia paradoja: el deshielo producido por el cambio climático acrecienta la posibilidad de que se acceda a un petróleo antes remoto. Su explotación también agravará los efectos del calentamiento.
Las revueltas en Oriente Medio generan un “terremoto” de inestabilidad geopolítica, cuyos primeros temblores y movimientos sísmicos pueden observarse en el mercado de petróleo. Las réplicas que deja este “seísmo” de los mercados se notan de forma inmediata. Ante la subida de los precios las ambiciones occidentales centran sus miradas en los lugares dónde potencialmente se encuentran todavía las mayores reservas de crudo del mundo.
Uno de estos puntos clave es el Ártico. Según afirman los expertos, la vasta región del Ártico es, probablemente, “la única gran fuente de hidrocarburos sin explotar del planeta”. “Hay un gran foco de atención en el Ártico, sobre todo ahora, por la gran riqueza de recursos naturales. El desarrollo de los acontecimientos en Oriente Medio pone mayor énfasis en este tema”, ha declarado Kuupik Kleist, primer ministro de Groenlandia.
Groenlandia, con un gobierno autónomo que forma parte de Dinamarca, es uno de los cinco principales actores en el reparto del petróleo que queda. Pero Canadá, EE UU, Rusia y Noruega también quieren su pedazo del pastel. “Durante las tres últimas décadas de exploración de petróleo en el Ártico se han encontrado más de 200.000 millones de barriles de petróleo. Se estima que todavía hay 114.000 millones de barriles de petróleo no descubiertos y 56 billones de metros cúbicos de gas natural”, ha explicado Alaistair J. Fraser, presidente del Instituto de Energía y Geociencia de Petróleo en el Imperial College de Londres (Reino Unido).
El grave problema es que el Ártico es uno de los tesoros del planeta con una importancia medioambiental clara. “Tenemos el desafío técnico de explotar y producir hidrocarbono en un área dónde el hielo está presente durante la mitad del año además de la amenaza de dañar un medioambiente prístino como el Ártico”, explica Fraser.
La zona se calienta a una velocidad tres veces mayor a la del resto del mundo, lo que implica que los ecosistemas de la región encontrarán, con toda probabilidad, puntos de no retorno. Por la aceleración de la pérdida de hielo que se ha registrado, se producirán cambios abruptos en muchos de sus ecosistemas.
El Ártico es habitado por cuatro millones de personas. Un 15% de la población lo constituyen las tribus indígenas, que tienen derecho a los recursos naturales de la tierra en la que habitan, que además les pertenece legalmente. A pesar de todo, los analistas y expertos afirman que la idea de la explotación del Ártico va a ser cada vez más común en los próximos 40 años, en función de la aceleración del deshielo. Pero no será fácil.
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