La tendencia
positiva en la recuperación de la población de tortuga negra (Chelonia mydas agassizii) es alentadora
como resultado de los trabajos de conservación y protección que se han
ejecutado en las playas de anidación de Colola y Maruata en Michoacán desde
1981 cuando la especie estaba prácticamente al borde de la extinción.
Sin embargo, esta evolución favorable está en
serio riesgo ahora pues en la península de Baja California, Sinaloa y Sonora
—donde se localiza el área de desarrollo y alimentación más importante para
esta especie en todo el Océano Pacífico— la tasa de mortalidad directa e
indirecta entre individuos adultos y juveniles se ha estimado en más de 10,000
tortugas al año.
Javier
Alvarado Díaz y Carlos Delgado Trejo, científicos del Instituto de
Investigaciones sobre Recursos Naturales de la Universidad Michoacana de San
Nicolás de Hidalgo alertaron sobre la gravedad de este problema y la
importancia de reducir inmediatamente la mortalidad en las zonas de crianza.
Y
es que de nada sirve que en Michoacán se multipliquen las acciones de
protección y conservación en las playas de anidación, si en el noroeste de
México las tortugas negras son capturadas para la comercialización de su piel y
carne. Lo peor es que el aprovechamiento ilegal de la tortuga negra parece que
ha superado con mucho la capacidad de respuesta de las autoridades mexicanas en
el combate.
De
acuerdo a Alvarado y Delgado, la costa de Michoacán alberga una de las mayores
poblaciones de anidación de tortuga negra en todo el Océano Pacífico oriental. Al
hacer un recuento histórico, recordaron que antes de la década de los años 60
del siglo pasado, los registros históricos reportaban la anidación de más de 25,000
hembras de esta especie en Colola todos los años.
Pero
como resultado del efecto combinado de la cosecha de adultos reproductores y la
caza furtiva de nidos para la venta ilegal de huevos, partir de las décadas de
1960 y 1970 la población se redujo considerablemente. Y en la década de 1980 prácticamente
la tortuga negra se extinguió pues apenas llegaban a estas costas menos de 400
hembras anidadoras.
En
este marco, los científicos nicolaitas lamentaron que en estos momentos las
costas del Pacífico mexicano noroccidental —que es probablemente el área
regional de alimentación más importante para Chelonia mydas agassizii— se convierta en un sumidero del hábitat
de este quelonio debido a la elevada tasa de mortalidad que puede ser mayor a
10,000 tortugas por año. Este problema es ahora mismo la principal amenaza para
la especie.
Por
ello, reconocieron que es fundamental para el éxito reproductivo de la tortuga
negra y su conservación, ampliar las estrategias de conservación en Michoacán a
otras 15 playas de anidación secundaria y continuar los estudios plurianuales
de todas las playas de anidación en Michoacán.
Aún
así, si se considera que la tortuga negra es una metapoblación con una serie de
hábitats en diferentes etapas de la vida —donde los más importantes se
encuentran en el Pacífico mexicano— la recuperación hasta niveles históricos de
esta población no se logrará a menos que la protección se extiende a todos los
hábitats críticos en toda su área geográfica, fundamentalmente en México.
La
situación es bastante compleja si se toma en cuenta que a pesar de la
prohibición para la explotación de tortugas marinas en nuestro país que entró
en vigor en 1990, la captura ilegal de tortuga negra ha continuado a lo largo
de la costa del Pacífico de México, especialmente en la península de Baja
California, Sinaloa y Sonora.
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