Los
beneficios derivados de la baja en los precios del petróleo pueden ser muy
significativos para los países en desarrollo importadores si esta viene
respaldada por un mayor crecimiento global, señala un análisis del Grupo Banco
Mundial (BM).
La
disminución del precio del petróleo refleja una confluencia de factores,
incluso con varios años de sorpresas derivadas del aumento de la oferta y
mermas en la demanda –haciendo retroceder los riesgos geopolíticos en algunas
zonas– el cambio en los objetivos de políticas de la Organización de Países
Exportadores de Petróleo (OPEP) y la revaluación del dólar de Estados Unidos.
Aunque la potencia relativa de las fuerzas que empujan la reciente caída de los
precios sigue siendo incierta, los factores relacionados con la demanda parecen
haber cumplido una función dominante.
Se
espera que el petróleo siga con precios bajos en 2015, lo cual se verá acompañado
por cambios importantes en el ingreso real de países exportadores de petróleo y
países importadores de petróleo. Para muchos de estos países importadores, los
precios más bajos contribuyen al crecimiento y reducen las presiones fiscales,
inflacionarias y externas.
No
obstante, la debilidad en el precio del petróleo representa desafíos importantes
para los principales países exportadores (entre los cuales está México), los
cuales sufrirán impactos adversos al debilitarse las perspectivas de
crecimiento y la posición fiscal y externa. De continuar la baja en el precio
del petróleo, esto podría socavar también la inversión en investigaciones o
avances nuevos. La inversión se vería especialmente amenazada en algunos países
de ingreso bajo o en fuentes no convencionales como petróleo de esquisto,
arenas alquitranadas y campos petroleros en alta mar.
Ayhan
Kose, director del Grupo de Perspectivas de Desarrollo del Banco Mundial, dijo
que “para las autoridades responsables de formular políticas en los países en
desarrollo importadores de petróleo, la caída en los precios del crudo
constituye la oportunidad de llevar a cabo reformas estructurales y financiar programas
sociales. En los países exportadores, esta baja aguda es un recordatorio de las
importantes vulnerabilidades inherentes a la actividad económica altamente
concentrada y de la necesidad de revitalizar las gestiones de diversificación a
mediano y largo plazo”.
El
análisis de los precios del petróleo en Perspectivas Económicas Mundiales se
complementa con dos artículos especiales sobre el impacto de las tendencias del
comercio global y los flujos de remesas en los países en desarrollo.
En
comunicado de prensa se informó que en el aspecto general del comercio global este
se expandió menos de 3,5 % en 2012 y 2013, muy por debajo de la tasa anual
promedio de 7 % previa a la crisis, retrasando en varios años el crecimiento en
los países en desarrollo.
Una de
las causas principales de la desaceleración en el crecimiento comercial es la
poca demanda, en especial de inversión pero también de consumo. Con países de ingreso
alto que representan cerca de 65 % de las importaciones globales, la prolongada
debilidad de sus economías cinco años después de la crisis sugiere que la poca
demanda sigue generando impactos negativos e impide la recuperación del
comercio global. No obstante, dos tendencias a largo plazo también
desaceleraron este crecimiento: en primer lugar, el cambio estructural en las
cadenas de valor globales y en segundo lugar, un cambio desde la demanda global
por inversión de intensidad comercial hacia el consumo público y privado con
menos intensidad comercial.
El
análisis concluye que estas tendencias a largo plazo que afectan al comercio
también dan forma al comportamiento de los flujos comerciales en los años
futuros; en especial, señala que la recuperación que se espera en el
crecimiento global probablemente no venga acompañada del crecimiento rápido de
los flujos comerciales observados en los años previos a la crisis.
Un segundo artículo especial indica que los
flujos de remesas a muchos países de ingreso medio y bajo no solo son
importantes en relación con el PIB sino que además, su valor se puede comparar
al de la inversión extranjera directa (IED) y la ayuda extranjera. Desde el año
2000, las remesas hacia países en desarrollo alcanzan un promedio de 60 % del
volumen de los flujos totales de inversión directa. Para muchos países en
desarrollo, estas transferencias son la única y más importante fuente de
divisas.
El
estudio concluye que, además de su volumen considerable, las remesas son más
estables que otros tipos de flujos de capital, incluso durante episodios de
tensión financiera. Por ejemplo, durante crisis repentinas del pasado, cuando
los flujos de capital cayeron en promedio 14.8 %, las remesas aumentaron en 6.6
%. El análisis termina señalando que la naturaleza estable de los flujos de
remesas demuestra que estas pueden ayudar a regular el consumo en los países en
desarrollo, donde a menudo se suele experimentar volatilidad macroeconómica.
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