Por
los altos índices de contaminación de la ciudad de México, existe el riesgo de
que su población desarrolle asma o se exacerben los cuadros asmáticos en
quienes padecen esta enfermedad, alertó Patricia Segura Medina, jefa del
Departamento de Investigación de Hiperreactividad Bronquial del Instituto
Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER).
Al
exponer los resultados de la investigación que realizan conjuntamente el INER,
el Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM, el Instituto Nacional
de Cancerología (INCan), el Departamento de Toxicología del Centro de
Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico
Nacional y la Universidad de Alberta en Canadá, la especialista señaló que como
parte del protocolo se concluyó que el material particulado del norte de la
urbe es capaz de generar asma de novó (ocupacional).
Indicó
que esta afección respiratoria es una de las más frecuentes en la población
mundial. Se conoce que al menos 300 millones de personas la padecen y se estima
que para 2025 habrá unos 100 millones más.
En
comunicado de prensa de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en
cuanto a la incidencia, México ocupa, aproximadamente, el lugar 70, pero en mortalidad
es el siete. “No es que se atienda mal a los pacientes, el asunto es que
presentan crisis severas que en ocasiones conducen a decesos por una enfermedad
que no debería causar la muerte”, dijo.
Como
parte de este estudio, el grupo de investigación se ha ocupado de buscar si la
exposición a contaminantes atmosféricos de la ciudad de México podría estar
asociada al incremento de la presentación de exacerbaciones asmáticas.
A
lo cual indicó que “son muchas las causas que provocan que una vía aérea (parte
superior del aparato respiratorio) normal se convierta en hiperreactora, las
más comunes son las enfermedades alérgicas, en particular las de pulmón, y
cuando existen agentes desencadenantes ocurren las crisis”, explicó.
Los
principales alérgenos son el polvo casero, los pólenes y hongos, mientras que
entre los predisponentes a hiperreactividad y de las crisis de asma, están el
ozono, humo de tabaco, partículas de diésel, medicinas como la aspirina y otros
agentes como el ejercicio a la intemperie y el aire frío.
En
la metrópoli, debido al considerable parque vehicular se emiten grandes
cantidades de monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y de azufre, así como
compuestos volátiles orgánicos; “los contaminantes más importantes son el ozono
y el material particulado (PM10 y PM2.5), que continuamente sobrepasan las
concentraciones permitidas para la salud.
Ozono
y partículas PM2.5 coexisten en el ambiente casi todo el tiempo, sobre todo en
la época seca (abril y marzo), antes de la temporada de lluvias y en temporada
fría. Sin embargo, pocos se han ocupado de estudiar los efectos en la salud de
la combinación de ambos.
El
material particulado está constituido por aerosoles de diferentes compuestos
sólidos y líquidos condensados, que forman suspensiones en el aire.
En
laboratorio, los especialistas desarrollaron un modelo animal con un método de
exposición in vivo, único.
“Encontramos que sí existe un riesgo real a la exposición de una alta
concentración de contaminantes y a quienes ya la padecen les va peor por estar
expuestos, además, a material particulado”, concluyó.
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