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viernes, 1 de marzo de 2019

Universitarias eficientizan funcionamiento de Banco de Alimentos


En México, el 11. 8% de las familias manifestaron haberse quedado sin comer a causa de la falta de recursos económicos, tal como lo señaló el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) en su Encuesta Nacional de Ingreso de 2016.
De acuerdo con cifras oficiales, se estima que los países más ricos del mundo en 2018 producen anualmente casi el doble de alimentos que los más pobres, esto es un aproximado de 900 kilogramos por persona, de cuyo total se desperdician 1,300 millones de toneladas, principalmente frutas y verduras. Lo anterior, de ser evitado, representaría el combate de una de las más importantes metas de la humanidad: la erradicación del hambre.
Actualmente existen programas que buscan subsanar esta problemática, como los Bancos de Alimentos (BA), que de acuerdo con el gobierno mexicano, fueron creados como organismos sin fines de lucro que distribuyen la comida excedente que reciben de distintas estancias.
En aras de fomentar su eficiencia, Claudia Arias Gutiérrez e Ingrid Vianey Flores Pérez, egresadas de la carrera de Ingeniería en Alimentos de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán, de la Universidad Nacional Autónoma de México, ubicada en el Estado de México (Edomex) contribuyeron al mejoramiento y funcionalidad de un BA, una labor que les valió la medalla “Gustavo Baz Prada” del año pasado al lograr que desde su profesión más gente que lo necesita pueda ser beneficiaria de ese lugar.
En 2017, cuando las dos alumnas cursaban los últimos semestres de su carrera, junto con el químico Jonathan Paredes Juárez, académico del área de Microbiología de la Facultad, realizaron un proyecto en un BA. “Se podía lograr potencializar sus conocimientos y, sobre todo, aterrizar la parte de la formación profesional, es decir, pudieron llevar el campo de acción de la Universidad a la vida real”, comentó el investigador.

Destacó que dicho complejo recibe comestibles de diferentes supermercados y mayoristas de la zona, como frutas, verduras, hortalizas, productos a granel y enlatados, los cuales se pretende sean distribuidos a personas de bajos recursos económicos.
La intervención, por tanto, era conocer las condiciones de operación del BA en virtud del cumplimiento de las etapas que comprenden su funcionamiento. Hasta entonces, en la Facultad no existía un proyecto de servicio social con dichas características.
Con la idea de evitar la contaminación de los alimentos y así aprovechar al máximo dichos recursos, los involucrados de la FESC asistieron a una entrevista en el lugar para conocer las instalaciones y las condiciones en las que se llevaban los procesos arriba mencionados.
Las estudiantes y el QFB Paredes tuvieron como objetivo dos ejes fundamentales: por un lado, identificar las áreas de oportunidad del sitio y, por el otro, capacitar al personal que ahí labora sobre la sanidad y las buenas prácticas para evitar lo más posible la contaminación. “Uno de los pilares fundamentales de la manipulación de los alimentos es evitar la contaminación sea física, química y, la más importante, la microbiológica”, reconoció el académico.
En la inspección, encontraron que no existía un criterio de selección de los suministros basado en sus propiedades particulares ni una normativa de limpieza adecuada. Para definirlo, Ingrid y Claudia realizaron un control microbiológico de las diferentes áreas (almacenamiento y secciones de refrigeración) y crearon una metodología que asistiera a los trabajadores del BA en la recepción, almacenamiento y distribución.
La capacitación del personal era de suma importancia dado que una indebida manipulación de los alimentos traería consigo su ulterior contaminación y, por ende, una más baja distribución de los mismos. Por eso, se impartió a los trabajadores pláticas relacionadas con el lavado de manos, la limpieza de los utensilios empleados y de las superficies, todo lo cual mejoraría la inocuidad de los comestibles.
Así, el equipo de la FES Cuautitlán estableció una normativa que mejoró las condiciones del BA y disminuyó los índices de contaminación, haciendo que los víveres fueran aptos para el consumo humano y mayormente aprovechados por los beneficiarios.

jueves, 7 de febrero de 2019

Busca revertir México la importación y consumo del 99% de maíz palomero de EEUU


El año pasado México fue el principal país importador de maíz en el mundo, siendo además de los cinco primeros consumidores tal como lo reporta Fideicomisos Instruidos en Relación con la Agricultura (FIRA). El 99% del maíz palomero que se consume en nuestro territorio procede de los Estados Unidos, principal productor mundial. Por ello la aportación de variedades de maíz palomero por la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán (FESC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con un grupo de especialistas dirigidos por la doctora Margarita Tadeo Robledo, quien cuenta con 35 años de experiencia.
Relató que desde hace 20 años, el equipo de la Facultad también trabaja con maíces palomeros, tipo de grano que se importa en su totalidad y que proviene de seis razas con la capacidad para reventar y fabricar palomitas, una de las cuales se denomina “palomero toluqueño”.
Recientemente, decidió incrementar esfuerzos para contribuir a la preservación y ofrecimiento de variedades de maíz palomero y disminuir su importación del exterior.
De este modo se trabaja con variedades de la región mazahua del Estado de México (a la fecha, poco sembradas), con la intención de apoyar a su preservación y mejorar también este tipo de variedades nativas.
En 2018, la doctora Tadeo y sus colaboradores realizaron un ciclo más de evaluación de decenas variedades palomeras de maíz en la Facultad, confirmando de este modo, en  comparación con las  variedades iniciales, su calidad y productividad. Asimismo, se llevan a cabo trabajos con la finalidad de conservar el germoplasma del maíz palomero toluqueño, multiplicarlo y crear variedades competitivas que otorguen mayores ingresos económicos al productor.

“Las variedades palomeras que ofrece la FESC provienen del maíz palomero,  de esa gran diversidad de germoplasma que tenemos en México. Nuestro país es el centro de origen de este grano que tiene una gama amplísima de usos para diferentes tipos de alimentos”, destacó la doctora Tadeo. Su trabajo en este rubro está a punto de rendir frutos y conseguir variedades mejoradas.
Gracias a este interés, el grupo de investigación no sólo salvaguarda este cereal que cuenta con particularidades exclusivas de la zona, sino apoya a la economía del productor y establece alternativas para abastecer y disminuir la importación del maíz palomero.
Paralelo a los maíces palomeros, la doctora Tadeo había trabajado con maíces ornamentales dada su presentación y la belleza de los colores y formas de las mazorcas y granos. En este sentido, se encontró que éstos tenían la capacidad de reventado y expansión de volúmenes, por lo que son propicios para elaborar palomitas de maíz, con diferencias en color y sabor de las rocetas.
Por tal motivo, consideró factible el hecho de incursionar en el mercado gourmet, pues algunas evaluaciones realizadas a la palomita comprobaron su buen sabor y tamaño. “De esta manera podríamos entrar en otro mercado, con maíces que representarían diversos colores y sabores”, puntualizó. Sin embargo, están por analizar de manera formal su rendimiento y sus valores organolépticos.
En términos de valor nutrimental, la especialista declaró que este grano es un importante portador de carbohidratos, fibra y proteína, de manera que favorece la digestión y disminuye los índices de colesterol en el organismo, entre otros beneficios.
Cabe recordar que el Popol Vuh, libro de origen prehispánico, describe que los primeros hombres que pisaron la faz de la tierra fueron creados de maíces amarillos y blancos, un discurso con el cual se reconoce la importancia cultural, histórica y de identidad que el maíz tiene para nuestra sociedad.
Las nuevas directrices del grupo de trabajo se encaminan hacia los campos de la biología, la alimentación y la cultura, pues con sus aportaciones se conserva la riqueza genética de una variedad de maíz en vías de extinción y se apoya la economía de los campesinos al brindarles variedades más resistentes que significan un incremento en sus ganancias, además de que se mantiene la producción de un cereal que nos brinda una identidad como mexicanos y que sirve a la industria para crear productos como edulcorantes, aceite y almidón.
En estos 35 años de trabajo, la investigadora y todos aquéllos que han colaborado en este estudio se han distinguido por brindar mayores oportunidades de crecimiento al campo mexicano, desarrollando al mismo tiempo recursos humanos conscientes de su compromiso con la sociedad.
El centro de origen del maíz es México. Su invento data de hace más de 10 mil años y a la fecha se tienen identificadas más de 60 razas. Se trata del alimento más importante en la dieta de la sociedad de nuestro país, pues aporta carbohidratos y una fracción de proteína que, en combinación con el consumo de frijol, lo vuelven un pilar de la alimentación. Su aporte nutrimental, pues, se traduce en amplios beneficios para el organismo de los seres humanos y también de los animales.