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martes, 8 de enero de 2019

Obtienen harina nutritiva de pencas residuales del agave


Al realizar diversos estudios para evaluar el aprovechamiento integral del agave pulquero (Agave salmiana), científicos del Instituto Politécnico Nacional (IPN) en Ciudad de México (CDMX) obtuvieron de las pencas residuales de la planta, una harina con alto contenido en fibra, proteínas y libre de gluten, propiedades que le otorgan alto valor nutricional, la cual se puede usar en la industria de la panificación.
El titular del proyecto de investigación, que se realiza el Centro de Investigación en Biotecnología Aplicada (CIBA, ubicado en el estado de Tlaxcala a cuatro horas de  la CDMX), Erik Ocaranza Sánchez, comentó que la nueva materia prima representa una alternativa para personas celiacas (intolerantes al gluten) y diabéticas, ya que por su contenido de inulina (fibra soluble) brinda un bajo índice glucémico.
El especialista señaló que para obtener el producto, que podría sustituir a la harina de trigo, le extraen a la penca del maguey los aceites y ácidos grasos que le confieren el sabor y aroma característicos. “Una vez tamizada la molienda se convierte en harina de óptima calidad que posee la textura adecuada para elaborar panes”.
Indicó que por la aportación que representa esta harina de agave y para respaldar la investigación, se iniciará a la brevedad las evaluaciones del producto y los trámites de registro de patente.
El doctor Erik Ocaranza precisó que en el CIBA Tlaxcala se analizó la penca de maguey con la finalidad de vislumbrar el desarrollo de varios productos innovadores, que permitirán diversificar los usos de esta planta y facilitar su aplicación en la industria de alimentos, así que además de la harina han elaborado prototipos de un sazonador con aroma y sabor al maguey.

Los aceites y ácidos grasos que obtienen de la penca los usan para hacer el sazonador, el cual podría ser una alternativa para dar sabor tipo barbacoa a la comida mexicana preparada a base de carnes.
“Este producto brindaría una alternativa para evitar la tala o el corte clandestino de las pencas de agaves jóvenes, situación que contribuye a que disminuya la cantidad de savia producida por la planta (aguamiel) y, con ello, la reducción de su vida útil”, apuntó el investigador.
Mencionó que el potencial nutritivo del pulque es interesante, porque contiene aminoácidos esenciales, como ácido aspártico y glutámico, serina, arginina, glicina, alanina, isoleucina, fenilalanina, cisteína, lisina, tirosina, histidina, valina, tolina, leucina, metionina y triptófano. “Además de aminoácidos, se ha reportado que el pulque contiene un coctel enzimático que permite un mejor aprovechamiento de nutrientes”.
El desarrollo científico incluye un proceso para la deshidratación de esta bebida, con el objeto de prolongar su vida de anaquel y, al mismo tiempo, conservar sus características nutricionales. “Para mantener vivos los microorganismos que intervienen en dicho proceso es necesario liofilizarlos y encapsularlos, de ese modo en el momento de hidratar el polvo se promueve el proceso de fermentación para propiciar su consumo”, explicó.
El investigador refirió que este proceso de deshidratación despertó interés en la asociación de agaveros, toda vez que les permitirá producirlo a escala semi-industrial. Informó que la parte superficial de la penca de maguey tiene una película de cera que al retirarse se emplea normalmente para hacer las hojas con las que se envuelve un platillo tradicional mexicano como es el mixiote. Sus componentes químicos están conformados por partículas de alto peso molecular, que al someterse a procesos químicos y enzimáticos permiten obtener policosanol (estimulante para el crecimiento vegetal).
Añadió que “actualmente, el policosanol se extrae de fuentes como la cera de abeja y tiene alto valor económico derivado de los bajos volúmenes en su extracción. También es posible obtenerlo de las ceras del maguey. Esto  abre la viabilidad de evaluar su aplicación como estimulante de crecimiento en cultivos de jitomate”.
Agregó que las saponinas se pueden encontrar en las pencas, éstos son compuestos con moléculas de actividad dual, que poseen grupos hidrofílicos (soluble en agua) y grupos hidrofóbicos (soluble en aceite), ésta última parte al entrar en contacto con un medio acuoso; se genera mucha tensión superficial y, por ende, se produce espuma.
El científico del CIBA Tlaxcala detalló que por esa actividad dual algunas saponinas presentan actividad antibiótica y expectorante. Actualmente –dijo- se aplican como prebióticos y sus propiedades se aprovechan en jarabes para la tos. Algunas mezclas de saponinas han presentado actividad antiviral, por lo que éstas se estudiarán con mayor profundidad.
La fibra residual que queda después de tamizar la harina –subrayó- está reblandecida y con ella se pueden hacer textiles, usarse como fertilizante orgánico en lombricomposta o bien como biomasa para producir biogás. “Con este último, se podría conformar una planta sustentable energéticamente para producir biofertilizantes, que podrían introducirse en las mismas plantaciones de agave”, concluyó el investigador.

martes, 19 de diciembre de 2017

Requiere flor de nochebuena más estudios de botánica

Considerada el símbolo floral de la Navidad, la flor de Nochebuena y que en algunos países signo de amistad, es una planta de origen mexicano cuya historia, domesticación y diversidad genética se han estudiado poco.
Actualmente, las nochebuenas que fueron introducidas a Estados Unidos y al resto del mundo han sido modificadas por el manejo local, mejoramiento genético y biotecnología, lo que ha dado origen a más de 300 cultivares.
Muchas personas gustan de tener estas plantas en sus hogares en estas fechas decembrinas, pero, poco se imaginan que sus plantas, y la mayoría de las que se encuentran disponibles en el mercado en esta época, fueron genéticamente modificadas por empresas extranjeras, pese a su origen mexicano.
Esta es la historia de una planta mexicana que es amada en todo el mundo por ser el símbolo de la Navidad y amistad en algunos países, pero cuya historia, domesticación y diversidad genética se han estudiado poco.
Su nombre científico es Euphorbia pulcherrima, pero en los países de habla hispana es conocida como nochebuena, una de las plantas cultivadas y comercializadas con propósitos decorativos (ornato) que, de forma silvestre, crecen en los bosques tropicales de las costas del Pacífico, desde Sinaloa, en México, hasta Guatemala. También en el norte de Guerrero y Morelos.
Además es una de las plantas de ornato de mayor importancia económica en el mundo. Sus ventas anuales superan los 100 millones de dólares en los Estados Unidos, debido a que es el símbolo floral de la Navidad.

En México la actividad económica vinculada con esta especie produjo más de tres mil empleos directos y condujo a la venta de 30 millones de plantas, equivalente a más de 23 millones de dólares, cuya producción se concentra en los estados de Morelos, Michoacán, Ciudad de México, Puebla, Jalisco, Estado de México y Oaxaca, que producen alrededor de 30 variedades.
Su historia está documentada desde la época prehispánica, en los tiempos del auge del imperio Azteca, cuando esta especie era llamada cuetlaxochitl, que en náhuatl significa "flor que se marchita" y era considerada un símbolo de pureza, aunque también se empleaba para curar algunas afecciones de la piel.
De acuerdo con la investigación titulada Datos históricos y diversidad genética de las nochebuenas, publicada en la Revista Mexicana de Biodiversidad, la planta de nochebuena era cultivada en los jardines de Nezahualcóyotl y Moctezuma. Años después fue incorporada por los frailes franciscanos de Taxco a la celebración del nacimiento de Jesús, debido a que su época de floración coincide en fechas de festividades decembrinas.
Sin embargo, el conocimiento de esta planta a nivel internacional ha sido atribuida a Joel Roberts Poinsett, quien fue el Primer Ministro de los Estados Unidos en México en 1825.
Laura Trejo, investigadora del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y una de las autoras de la investigación, detalló que Roberts Poinsett, siendo parte de la sociedad científica de América, aprovechó que estaba en Filadelfia y pidió hacer una expedición en México, recorriendo las rutas de Humboldt.
Señaló que “vinieron varios naturalistas interesados en la minería y químicos, zoólogos. Siguieron la ruta de Humboldt de lo que era el centro de México hacia Guerrero. En esta expedición recolectaron muchas plantas, animales, minerales y demás. Cuando Poinsett regresa deciden mandar la planta de nochebuena a lo que es el jardín botánico más importante de ese entonces que es el de Bartram y ahí llegan las plantas. Lo que no se sabe es qué pasó en México, quién exactamente las mandó”.
La incertidumbre de los hechos se centra en que estos ejemplares no estaban bien etiquetados, por lo que se desconoce con exactitud quiénes recolectaron la planta, pero se suponía que eran de Poinsett, porque también envió algunos ejemplares a su casa, en Charleston, Carolina del Sur.
Una vez que la nochebuena llegó a los Estados Unidos se comenzó a escribir sobre la peculiar planta de flores rojas proveniente de México, pero allá fue presentada con el nombre de Poinsettia pulcherrima, en reconocimiento a Poinsett.
Aseguró que “en 1889 los estadounidenses la presentaron en su feria de flores y frutos. Como Poinsett era el personaje más relacionado con esta planta, pues le ponen poinsettia en honor a él. La planta a partir de ese momento comienza a ser cultivada en invernaderos y años después es llevada a Europa”.
Actualmente, las nochebuenas que fueron introducidas a Estados Unidos y al resto del mundo han sido modificadas por el manejo local, mejoramiento genético y biotecnología, lo que ha dado origen a más de 300 cultivares.
Documentos históricos señalan que desde la época prehispánica las nochebuenas se cultivaban en el centro de México, y en un manuscrito de 1801 se ilustran nochebuenas en los jardines de la Nueva España con modificaciones con respecto a las silvestres.
Durante una investigación de la doctora Trejo para encontrar el origen genético de la planta, se encontró que los cultivares comerciales de nochebuena presentan únicamente dos variantes genéticas de cloroplasto, el haplotipo 5 y 7. Una de estas variantes, haplotipo 5, está presente también en los cultivares extranjeros y en poblaciones silvestres del occidente y del norte de Guerrero. La segunda variante, haplotipo 7, está presente en los cultivares mexicanos, y se cree que podría ser del centro de México, puesto que está cercanamente relacionada con otras variantes de la misma región.
En una pequeña muestra de plantas sembradas en jardines y parques de la Ciudad de México, fue encontrado el haplotipo 7 en plantas con apariencia silvestre y en cultivares. Por lo tanto, el haplotipo 7 podría ser distintivo de poblaciones silvestres aún no encontradas del centro de México y plantas modificadas conscientemente por el hombre.

“Nosotros queríamos saber la fuente del germoplasma de las plantas que vemos ahorita en todos los mercados. Son plantas silvestres que son adaptadas a invernaderos. Se les dan otros cuidados y comienzan a hacer cruzas, por lo que la planta se empieza a modificar. Son casi 200 años de manejo fuera de México, principalmente por Estados Unidos y ellos han invertido desde los años 50, millones de dólares en investigación, en innovación, en producción. Por lo cual ellos tienen más de 300 variedades de Nochebuena”, dijo.