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miércoles, 1 de julio de 2020

Estudiantes desarrollan dispositivo que aprovecha el CO2 que emiten industrias eléctricas


Estudiantes de la Universidad del Valle de México, Campus Lomas Verdes, en el Estado de México (Edomex) desarrollaron un Recuperador de Calor ORC (Ciclo Rankine Orgánico), el cual aprovecha el desperdicio de calor emitido y producido en la industria de termoformado, fundición, inyección de plásticos o vidrio y, con la recuperación, es posible generar energía eléctrica y aprovechar mil kilos de dióxido de carbono (CO2) al año por cada empresa que lo utilice.
Silvia Alicia Cabrera Torres, docente de UVM y mentora del proyecto, expuso que se trata del primer equipo desarrollado con la tecnología de Ciclo Rankine Orgánico en México. Esta tecnología consiste en un ciclo termodinámico que convierte el calor en trabajo mecánico (que a su vez es convertido en electricidad), utilizando agua como fluido de trabajo.
Recordó que el dióxido de carbono (CO2) es un gas de efecto invernadero (GEI) responsable en un 63% del cambio climático, de ahí la relevancia en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) ya que es una de las respuestas más críticas al cambio climático.
El consumo de energía en una refinería puede significar hasta un 60% de los costos de operación, por lo tanto, el objetivo es incrementar la eficiencia energética para disminuir la quema de combustibles fósiles al utilizar ese CO2 que va hacía la atmósfera. “Este dispositivo tiene un impacto ambiental y económico para las empresas al reducir costos de electricidad”, dijo.

En el desarrollo del proyecto participaron los estudiantes Jesús Salvador Castillo Martínez, Dan Eli Gil Reséndiz, Ángel Gerardo Pérez Contreras y Miguel Sánchez Garrido, estudiantes de Ingeniería Mecánica, así como Ahtziri Requena Cruz, estudiante de Ingeniería en Mecatrónica y Alison Amaya Espinosa estudiante de Licenciatura en Finanzas, todos de UVM Campus Lomas Verdes. 
El estudiante Jesús Castillo detalló que la turbina funciona con desperdicio de calor emitido y producido en las industrias de termoformado, fundición, inyección de plásticos o vidrio, o en cualquier proceso que tenga un desperdicio calorífico entre 90 y 1300°C durante sus procesos.
Las industrias trabajan 8 mil horas al año, por lo que se estima un impacto aproximado de una tonelada de CO2 por cada 10 empresas que utilicen el dispositivo, explicó el estudiante.
El dispositivo está diseñado para cumplir con un Ciclo Rankine Orgánico (ORC), con el que se espera generar entre 2 KWh hasta 20 KWh dependiendo el ramo de la industria y del calor que se produzca a lo largo de una producción, así como las horas netas de trabajo de la maquinaria. Por lo tanto, se espera generar entre 130 a 200 KW por día, esto va a depender del tipo de industria en donde se coloque.
Indicó que el dispositivo está integrado por cuatro puntos esenciales que son el evaporador, expansor, condensador y la bomba. El material que se utiliza para su fabricación es cobre, aluminio, turbina, bomba y refrigerante.
Además se estima una eficiencia de 85 x 100, es decir del CO2 que emite la fábrica se aprovechará el 85% de este para generar energía eléctrica.
“Esperamos que estas industrias empiecen a notar que las energías renovables son el futuro, hoy en día son caras, no son tan rentables, pero en un futuro serán lo mejor, tanto para el planeta como para su propia economía”, indicó.
El propósito de la creación del dispositivo es alentar a las industrias a enfocarse en el desarrollo sustentable ya que, al tener este generador, con las adaptaciones que correspondan a las condiciones de cada empresa, pueden obtener certificaciones de Empresa Socialmente Responsable de acuerdo a las normas ISO14001, ISO9001 y HACCP.

lunes, 8 de junio de 2020

Lanzan una mochila que cataloga la contaminación del aire


La empresa Dyson anuncia un proyecto global con tecnología portátil –una mochila- de monitoreo de aire para investigar los cambios en la calidad ambiental durante y después de la cuarentena por COVID-19.
Debido al confinamiento derivado de la contingencia sanitaria, muchas ciudades de todo el mundo están viviendo modificaciones. Por ejemplo, la disminución en el tránsito de autos, situación que puede provocar cambios ambientales en términos de la calidad del aire. Los nuevos tiempos requieren medidas distintas para registrar y prevenir el efecto de agentes dañinos para la salud.
Por ello, como forma de preparación ante estos cambios, y en acción de fomento a la investigación, esta empresa junto con el Kings College London y la Greater London Authority, lanzan una mochila que permite monitorizar y registrar la calidad del aire de manera rápida, portátil y cómoda.
La mochila cuenta con sensores a bordo, baterías y localizador GPS, lo que permite recopilar datos del aire sobre la marcha. Su tecnología de detección de contaminantes está basada en la que se utiliza en los purificadores de aire Dyson y, por medio de trabajos de diseño, se logró un dispositivo de monitoreo de aire más pequeño y liviano, al mismo tiempo que captura con precisión la exposición a diversas partículas suspendidas (PM2.5, PM10 y VOC y NO2).
Este proyecto es de naturaleza global y abarca la participación de tres continentes y 14 ciudades, en el que los participantes usarán la mochila de calidad del aire de Dyson para recopilar datos por medio de fotografías instantáneas (generadas por la mochila) de su exposición personal a la contaminación del aire durante y después de la cuarentena.
Actualmente, la investigación se encuentra en la primera fase, en la que la recolección de  datos de la calidad del aire se hará durante el periodo de encierro. Los participantes usarán la mochila durante actividades permitidas como una visita al supermercado, la rutina diaria de ejercicios o la salida de un trabajador esencial.

Una vez que se hayan levantado las restricciones en las ciudades, comenzará la fase dos, en la que se repetirá el procedimiento de la primera, en esta ocasión, fuera del periodo de confinamiento.
Con esto, los ingenieros de Dyson podrán comparar los datos arrojados y, de esta forma, comprender mejor el efecto del encierro en la exposición diaria a la calidad del aire de las personas que viven en las ciudades.
Para garantizar la precisión de los datos en el sensor de la mochila al aire libre, se recopilarán lecturas de las estaciones de monitoreo de la ciudad para validar aún más los hallazgos. Utilizando datos anónimos de sus purificadores conectados, que acumulan más de 1.9 millones a nivel mundial, Dyson también explorará tendencias más amplias en los niveles de contaminación del aire interior durante este período.
Los conjuntos de datos combinados ayudarán a dar una indicación del efecto del encierro en la contaminación del aire interior y exterior en las ciudades de todo el mundo, respaldado por los hallazgos de la red de sensores de calidad del aire exterior estático preexistente.
Los datos disponibles sobre la calidad del aire exterior de estas fuentes indican una reducción en los niveles de NO2 en las principales ciudades bajo cuarentena, posiblemente debido a la disminución de los vehículos diesel en las carreteras como resultado de las restricciones por el confinamiento.

viernes, 3 de enero de 2020

Busca Origen el reducir la huella de carbono en la industria


La huella de carbono se define como la totalidad de gases de efecto invernadero emitidos por un individuo, organización, evento o producto.
La alimentación, cómo se realizan compras diarias, el consumo energético del día, el transporte rumbo al trabajo, etc., son acciones que liberan grandes cantidades de carbono a la atmósfera a un ritmo mayor de aquel con que los productores y el océano pueden absorberlo, éstas actividades han perturbado la cantidad global de carbono.
Esta situación provoca que de forma lenta pero continua el CO2 en la atmósfera; propiciando cambios en el clima con consecuencias en el ascenso en el nivel del mar, cambios en las precipitaciones, desaparición de bosques, extinción de organismos y problemas para la agricultura, entre otros.
Se pueden distinguir 2 tipos de huella ambiental:
• La huella de carbono de una organización, que mide la totalidad de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos por efecto directo o indirecto provenientes del desarrollo de la actividad de dicha organización.
• La huella de carbono de producto, específica para medir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) durante todo el ciclo de vida de un producto: desde la extracción de las materias primas, pasando por el procesado y fabricación y distribución, hasta la etapa de uso y final de la vida útil (depósito, reutilización o reciclado).
Las emisiones asociadas a las operaciones de una organización se pueden clasificar como emisiones directas o indirectas:
• Emisiones directas de GEI: son emisiones de fuentes que son propiedad de o están controladas por la organización. De una manera muy simplificada, podrían entenderse como las emisiones liberadas in situ en el lugar donde se produce la actividad, por ejemplo, las emisiones debidas al sistema de calefacción si éste se basa en la quema de combustibles fósiles.
• Emisiones indirectas de GEI: son emisiones consecuencia de las actividades de la organización, pero que ocurren en fuentes que son propiedad de o están controladas por otra organización. Un ejemplo de emisión indirecta es la emisión procedente de la electricidad consumida por una organización, cuyas emisiones han sido producidas en el lugar en el que se generó dicha electricidad.
Para conocer qué huella de carbono deja un producto, se analizan todas las actividades de su ciclo de vida: conseguir las materias primas, fabricación, transporte, uso, y su gestión ya como residuo.
Las 3 erres de la sostenibilidad, son la guía para reducir la huella de carbono: Reducir la adquisición y el uso de productos, reutilizar y reciclar, son la mejor vía para ello.


Existen diferentes calculadoras de huella de carbono para conocer con exactitud cuánto CO2 se generan.
La lista de actividades que generan gases asociados a este fenómeno:
Gases de efecto Invernadero que incrementan la huella de carbono
Dióxido de Carbono (CO2)
• Quema de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural)
• Deforestación
• Cambio de uso del suelo
• Quema de bosques
• Transporte y generación térmica
• Forestal
• Agricultura
• Incendios Forestales
• Transporte y generación térmica
• Forestal
• Agricultura
• Incendios Forestales
Metano (CH4)
• Botaderos de basura
• Excrementos de animales
• Gas natural
• Descomposición de desechos orgánicos
• Ganadera
• Petrolera
• Descomposición de desechos orgánicos
• Ganadera
• Petrolera
Oxido Nitroso (N2O)
• Combustión de automóviles
• Fertilizantes
• Alimento de ganado
• Fertilización nitrogenada
• Estiércol
• Desechos sólidos
• Transporte
• Agricultura
• Industrias
• Quema de desechos sólidos
Carburos Hidrofluorados (HFC) y
Carbonos Perfluorados (PFC)
• Sistemas de refrigeración
• Industria frigorífica
• Industria frigorífica
Clorofluorocarbonos (CFC)
• Sistemas de refrigeración
• Plástica
• Aerosoles
• Electrónica
• Sector Industrial
• Sector Industrial
Hexafluoruro de azufre (SF6)
• Aislante, eléctrico y estabilizante
• Interruptores eléctricos (breakers)
• Transformadores
• Sistema interconectado de redes eléctricas
• Extintores de incendios
• Sistema interconectado de redes eléctricas
• Extintores de incendios

lunes, 22 de abril de 2019

Cada vez más apremiante el aumento de temperatura

Uno de los efectos más claros del cambio climático y que afecta directamente la salud son las llamadas “olas de calor”, que en últimos años se han experimentado de manera anómala y progresiva.
De acuerdo a datos de las Naciones Unidas, se acaban de vivir 17 de los 18 años más calientes registrados en la historia han ocurrido desde 2001.
En el caso de México, los estados de Sonora, Baja California, Chihuahua, San Luis Potosí y Guerrero han alcanzado temperaturas de más de 50°C en los últimos años, poniendo en riesgo la salud de la población humana y de la biodiversidad.
Los nuevos modelos climáticos predicen un aumento alarmante en nuevas olas de calor en adelante, con mayor frecuencia y más aceleradas; se detalló esta información en el marco del Día de la Tierra 2019.
Es fundamental invitar a que las personas tomen acción urgente y activamente transformen sus ciudades en inteligentes, seguras y conscientes mediante la innovación y cambios de hábitos sostenibles.
Durante los últimos 50 años, la actividad humana, en particular el consumo de combustibles fósiles ha liberado cantidades de CO2 y otros gases de efecto invernadero que retienen más calor en las capas inferiores de la atmósfera y alteran el clima mundial.
De esta forma, los años más calientes de los registros oficiales han sido los 4 últimos años. 2018 fue el 42° año consecutivo con una temperatura global por encima del promedio de este siglo y fue el año más caluroso de la historia en 29 países y en La Antártica.

Una onda u ola de calor es un periodo de temperatura excesiva, casi siempre combinado con humedad, que se mantiene durante varios días consecutivos, estas condiciones pueden ser desfavorables para comunidades —las más vulnerables suelen ser las de menores recursos—, e incluso representar un peligro para la salud y la vida. 
De acuerdo a Natalia Lever, Directora de The Climate Reality Project para México y Latinoamérica, “nuestra generación se encuentra ante un escenario que puede significar una crisis global, con el costo humanitario más grande de la historia o una oportunidad para construir un futuro saludable y próspero”.
Para 2020, el más mínimo incremento en la temperatura, puede significar un gasto de miles de millones de dólares en enfermedades pulmonares como el asma o padecimientos en la piel debido a la alta radiación, atención a desastres ocasionados por huracanes o inundaciones, carencia de alimentos y de agua, así como muertes prematuras o súbitas por olas de calor.
Añadió que el cambio climático influye en las condiciones sociales y medioambientales que determinan la salud, como el aire limpio, agua potable, alimentos suficientes y una vivienda segura. Precisamente, es en las ciudades donde se experimentan más las olas de calor y donde la tensión térmica es particularmente grave, pues la temperatura se puede elevar más de 5 °C debido a la poca presencia de áreas verdes, dando lugar al fenómeno conocido como isla de calor.
Estas islas se forman por los cañones urbanos, que son los edificios y calles donde el calor acumulado en la superficie tiene mayor dificultad para dispersarse. Los materiales y superficies con los que están construidas las ciudades favorecen la retención de calor.
El golpe de calor requiere tratamiento de urgencia, ya que de no tratarse puede dañar rápidamente el cerebro, el corazón, los riñones y los músculos. El daño empeora cuanto más se retrasa el tratamiento, lo que aumenta el riesgo de sufrir complicaciones graves o la muerte. La CDMX tiene un semáforo de índice de calor y se activa cuando la temperatura supera los 30 grados.
 De acuerdo con la Clínica Mayo, algunos de los signos y síntomas del golpe de calor son:
●      Temperatura corporal elevada. Una temperatura corporal central (40 °C) o superior, es el signo principal del golpe de calor.
●      Alteración del estado mental o del comportamiento. El golpe de calor puede provocar confusión, agitación, problemas de dicción, irritabilidad, delirio, convulsiones y coma.
●      Alteración en la sudoración. En el golpe de calor provocado por el clima caluroso, la piel se sentirá caliente y seca al tacto. Sin embargo, en el golpe de calor producido por el ejercicio extenuante, la piel puede sentirse seca o ligeramente húmeda.
●      Náuseas y vómitos. Puedes sentir el estómago revuelto o vomitar.
●      Piel enrojecida. La piel puede enrojecerse a medida que aumenta la temperatura corporal.
●      Respiración acelerada. La respiración puede volverse rápida y poco profunda.
●      Frecuencia cardíaca acelerada. El pulso puede aumentar considerablemente debido a que el estrés por calor impone una enorme carga en el corazón para ayudar a enfriar el cuerpo.
●      Dolor de cabeza. La cabeza puede latir.

lunes, 22 de octubre de 2018

Diseñan investigadores un biorreactor de microalgas para la captura de CO2


Un equipo de investigación de la Unidad Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), ubicada al poniente de la Ciudad de México (CDMX), creó un biorreactor de microalgas para la captura de dióxido de carbono (CO2) de gases de combustión de la industria cementera, el cual fue puesto en marcha en la planta industrial Cementos Fortaleza, en la ciudad de Tula, en el estado de Hidalgo, a dos horas de la capital mexicana.
Sergio Revah Moiseev, director de Apoyo a la Investigación de la UAM, en una visita de trabajo a la planta se llevó a cabo una prueba del concepto denominado Parque Verde Fortaleza, realizado como parte del proyecto liderado por la doctora Marcia Guadalupe Morales Ibarría, profesora del Departamento de Procesos y Tecnología.     
El desarrollo está orientado al aprovechamiento de los gases emanados de los procesos de calcinación en la producción de cemento, por medio de tecnologías innovadoras y limpias utilizadas en este procedimiento biotecnológico, indicó el ingeniero José Alfredo Mendoza Enríquez, responsable de la operación de la planta.
El prototipo, que estuvo funcionando durante dos meses en instalaciones de esa sede académica, ha demostrado su efectividad al haber sobrevivido perfectamente los microorganismos a nuevas condiciones de clima, temperatura y otros factores in situ, señaló la doctora Morales Ibarría. 
El CO2 que generan los sectores que operan mediante combustión causa daños severos al medio ambiente, sin embargo, este gas puede ser aprovechado por microalgas que realizan la fotosíntesis, ya que los microorganismos lo requieren, así como energía luminosa para producir oxígeno.
Desde el inicio del trabajo hubo una colaboración muy directa con la empresa, la cual proporcionó información acerca de la composición de los gases de combustión.
Parque Verde Fortaleza está diseñado con tubos transparentes para que las microalgas reciban luz y cuenta con tres fases: clasificación, colección de luz y adquisición de datos, señaló la doctora Morales Ibarría.
En la primera se inyectan los gases de combustión y a lo largo de toda la tubería del reactor las microalgas empiezan a captar el CO2, que transforman en biomasa liberando oxígeno a la atmósfera, en tanto que la microalga vuelve a recircular.
En la segunda se mide el oxígeno emitido dentro del sistema, así como el PH y el CO2 que está disuelto y, al final, se calcula el dióxido de carbono residual que no pudo captar la microalga. En la última etapa el crecimiento de los microorganismos es evaluado para calcular la productividad y la cantidad de biomasa que pueda generarse.

La siguiente fase del proyecto será seguir trabajando con la empresa para llevarlo a una escala piloto y luego a una escala mayor.
Dirigida a los trabajadores de la planta, se montó una exhibición museográfica con carteles que explican en detalle todo el proceso de la captura de CO2 mediante las microalgas y los beneficios que traen al medio ambiente, así como los productos que pueden resultar de estos microorganismos.
La doctora María Laura González Reséndiz, participante del proyecto, explicó que las microalgas son organismos microscópicos cosmopolitas, esto es, que pueden encontrarse en cualquier lugar del planeta y entre sus atributos destaca una elevada eficiencia fotosintética y la capacidad relativamente alta de crecer en aguas marinas, dulces, residuales o salobres.
El equipo de investigación de la UAM ha identificado cuatro tipos de aplicaciones que pueden lograrse con las microalgas: soluciones medioambientales, obtención de pigmentos y biomateriales, de fármacos y cosméticos, y biocombustibles.
Respecto del ámbito ecológico, esos organismos son utilizados para biorremediar sitios contaminados, ya sea por materiales pesados o por desechos industriales, incluidos hidrocarburos.
De estos microorganismos son extraídos pigmentos naturales –xantinas, betacarotenos y clorofilas– que son sustancias antioxidantes y antiinflamatorias usadas también como anticancerígenas, así como ciertos biomateriales que pueden sustituir compuestos químicos, sobre todo los derivados del petróleo.  
Las microalgas originan compuestos que pueden aplicarse en la medicina, por ejemplo en el almacenamiento de nanopartículas metálicas para tratamientos médicos o en suplementos alimenticios, ya que contienen cantidades altas de proteínas, minerales, vitaminas, aminoácidos, fibras y ácidos grasos benéficos para la salud.
De ellas se obtiene biomasa, una fuente renovable que permite reemplazar combustibles fósiles gracias al elevado contenido de lípidos y el perfil idóneo para la obtención de biocombustibles y fertilizantes, además de que permiten la fabricación de polihidroxialcanoatos, que al sintetizar sus polímeros forman compuestos que pueden sustituir algunos plásticos sintéticos derivados del crudo.
La doctora Morales Ibarría sostuvo que la relación empresa-universidad genera un impacto en ambos sectores, ya que para la primera el saber se ha convertido en una necesidad que permite incrementar la competitividad al innovar con mejoras o el desarrollo de procesos y/o productos, así como para resolver problemas a los que se enfrentan o que limitan su crecimiento.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Aviación responsable de 2% de GEIs del planeta


La flotilla mundial de aviones comerciales es de alrededor de 25 mil unidades y utilizan 140 billones de litros de turbosina al año, de los cuales, solo 12 millones de litros no son de origen fósil, es decir, corresponden a bioturbosina, un biocombustible producido a partir de la biomasa, materia de origen animal o vegetal susceptible de ser usada energéticamente.
Robert Boyd, gerente de Medioambiente de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA, por sus siglas en inglés), informó que la aviación en el mundo contribuye con 2% del total de emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs), que representa unos 689 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) al año.
Por su parte, Leonardo Beltrán Rodríguez, subsecretario de Planeación y Transición Energética de la Secretaría de Energía (Sener) del gobierno mexicano, recordó que en octubre de 2009 la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), organizó la Reunión de Alto Nivel sobre Aviación y Cambio Climático, en la que se aprobó un Programa de Acción para hacer frente a las emisiones de dióxido de carbono.
Entre las acciones que se incluyeron en dicho programa están el crecimiento neutro de carbono a partir del año 2020 y la reducción de 50% de las emisiones de CO2 respecto a los niveles de 2005. Y, con el fin de cumplir con estas metas internacionales se ha invertido en el clúster bioturbosina, uno de los cinco capítulos que conforman el Centro Mexicano de Innovación en Bioenergía.

El cambio climático, reconoció el funcionario, es uno de los principales retos a los que se enfrenta la comunidad internacional, por lo que la contribución de cada uno de los sectores, en particular del aeronáutico, para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero se vuelve cada vez más relevante.
“De ahí que tenemos el compromiso internacional del sector de la aviación para ser sustentable. La estrategia es promover el uso de combustibles y tecnologías limpias con una visión de largo plazo, la cual debe estar acompañada de un marco jurídico que permita en los próximos años tener dos biorrefinerías con capacidad de 750 millones de litros anuales de bioturbosina o combustible renovable de aviación”, indicó.
Se espera que la primera de las biorrefinerías esté lista para 2026, una vez que se haya confirmado la viabilidad del proceso, se elija la materia orgánica de origen vegetal o animal a partir de la cual se va a producir la bioturbosina, y que quede claro tanto la cadena de valor como la mejor vía para llevar este biocombustible al consumidor, en este caso las aerolíneas del país. La segunda biorrefinería está prospectada para 2030.
Como beneficio del establecimiento de las dos biorrefinerías, el subsecretario de Planeación y Transición Energética de la Sener destacó que permitirá reducir la dependencia de los combustibles fósiles, integrar a los productores agrícolas en la cadena de los bioenergéticos, diversificar la matriz energética y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
A su vez, Alejandro Ríos Galván, director del Consorcio de Investigación de Bioenergía Sustentable establecido en Dubai en 2011, apuntó que a nivel internacional la bioturbosina se utiliza en miles de vuelos diarios y que en el mundo existen tres refinerías dedicadas a producir este combustible, una en Los Ángeles y otras dos en Finlandia. De tal manera que, conforme se establezcan más biorrefinerías en el mundo, se llegará a un punto en el cual, dependiendo del insumo, la tecnología de transformación y las políticas públicas establecidas en los distintos países, el precio bajará.
“Hace 8 años un litro de bioturbosina tenía un costo de 300 a 400 veces más que un litro de turbosina fósil; hoy un litro de combustible renovable de aviación cuesta entre 1.5 y 3 veces más que un litro de turbosina convencional”, expuso.
Recordó que el 1 de abril de 2011 se llevó a cabo el primer vuelo con bioturbosina en México, el cual utilizó 27% de este combustible en el total de su carga. En el mismo año se realizó el primer vuelo transoceánico comercial con biocombustible, que requirió 25% de bioturbosina, partió del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México con destino a Madrid, España.
Respecto a la normatividad internacional sobre el uso de la bioturbosina, se ha establecido que se debe adicionar al combustible de origen fósil (turbosina) en porcentajes de mezcla que van de 20% a 50% dependiendo de la tecnología y la biomasa que se utilicen. Sin embargo, a futuro se espera que los nuevos motores de las aeronaves puedan usar los biocombustibles en un 100%, destacó Ríos Galván.
Además, remarcó que la industria de la aviación ha establecido a nivel mundial que los insumos que se utilicen para producir bioturbosina deben ser certificados como sustentables, “para lo cual se están utilizando como modelo los principios que la Mesa Redonda de Materiales Sustentables ha emitido y que incluyen aspectos ambientales, sociales y económicos”.

lunes, 25 de junio de 2018

Ahorra Aeroméxico 26,127 toneladas de CO2 en 2017


La aerolínea Aeroméxico, en su Informe de Sostenibilidad 2017, indicó que sus resultados más significativos son la disminución en el consumo de agua y emisiones de CO2 en sus operaciones; en donde destaca el ahorro de 26,127 toneladas de CO2 en 2017 que no fueron emitidas a la atmósfera.
“Ser un referente nos obliga a comprometernos aún más en la búsqueda de un modelo sostenible que contribuya a un desarrollo igualitario para todos nuestros colaboradores, comunidades y entorno”, afirmó Sergio Allard, Director Ejecutivo de Relaciones Institucionales de Aeroméxico.
Informó que durante 2017, a través del Fuel Efficiency and Green Program, se alcanzó un ahorro de 10.6 millones de litros de agua y la disminución de 26,127 toneladas de CO2. Trabajo que detalló fue reconocido por el Programa de Evaluación Ambiental de la IATA (IEnvA), el cual impulsa una mejor gestión ambiental en las aerolíneas bajo estándares globales. De igual manera, Aeroméxico fue certificada como Industria Limpia en Calidad Ambiental Nivel 1 por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA).
Por su parte, Carlos Torres, director de Comunicación y Responsabilidad de esta empresa, indicó que su programa de Alas del Mundo les permitió en vinculación con la comunidad se impulsa equidad de género, trabajo igualitario, y se apoyaron a 79 organizaciones civiles, que fue más del doble que en 2016 con impacto en cerca de 3 millones de personas.
En voluntariado la empresa creció en un 125% de participación en sus acciones que realizan. Ejemplo de estas actividades fue la edificación de 12 hogares en zonas vulnerables en Nayarit. Siendo la primera vez que se repite la ayuda en una comunidad afectada por temas sociales. 

También se redujo un 23% uso de combustible, 60% se redujo la contaminación por ruido y bajaron en 40% sus emisiones CO2. Lo cual es reflejo de uso de sus nuevos aviones. 
Igualmente se tiene firmado el acuerdo de Buckingham contra el tráfico se especies y se es patrocinador del Cleantech Challenge en México, en materia de impulso a los emprendedores.
Cabe mencionar que esta aerolínea mueve a más de 21 millones de personas en el año con una flota de 131 aviones que aterrizando en 92 destinos en el país y en el extranjero.
En tanto, en el primer año de la implementación del Sistema de Gestión Ambiental (SGA), Aeroméxico ha logrado reducir más de 70 toneladas de residuos de manejo especial, además de separar y reciclar la basura en las nuevas sedes de trabajo. Gracias al SGA se evitó la generación de 18 toneladas de residuos peligrosos y disminuir en 1.5% el costo mensual de electricidad de las instalaciones.
En referencia a los sismos de septiembre pasado, Aeroméxico otorgó un donativo a la Cruz Roja por 2,613,578 pesos y transportó 420 toneladas de ayuda humanitaria a bordo de sus aeronaves.
Asimismo, la aerolínea emprendió acciones para erradicar la trata de personas a través de alianzas estratégicas: con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) se unió a la campaña #AQUIESTOY Contra la Trata de Personas; y junto con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), elaboró y desarrolló un protocolo de identificación y denuncia de posibles víctimas de esta situación.