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viernes, 5 de junio de 2020

Esperan autoridades de salud que el dengue no se potencialice por el contexto COVID-19


Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, de la Secretaría de Salud; José Luís Alomía, director general de Epidemiología de la Secretaría de Salud y; Ruy López Ridaura, director general del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades (Cenaprece), declaran que la presencia estacional de dengue en México no se potenicialice por las condiciones de contexto COVID-19.
Las autoridades sanitarias esperan que el dengue no sobrepase sus cifras tradicionales de contagios y pidieron a los mexicanos que tomen las precauciones debidas de evitar los encharcamientos de agua (criaderos de mosquitos de dengue).


martes, 19 de junio de 2018

Insuficiente, estrategia de combate y control del dengue


Cada año, el dengue grave cobra la vida de 12,500 personas en México, es decir 2.5 por ciento del medio millón de personas que la padecen a nivel global, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Esta enfermedad se ha convertido en un apremiante problema de salud para América, Asia y Europa porque las medidas para controlarlo han resultado insuficientes.
La estrategia para enfrentar este mal se ha centrado en el control del vector transmisor: los mosquitos del género Aedes, que transmiten el virus de las personas infectadas a las personas sanas por medio de su picadura, pero su eficacia se halla en entredicho porque las intervenciones se ejecutan de manera errática, de acuerdo con estudios del doctor Hugo López Gatell, del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), presentados en la Academia Nacional de Medicina de México en la Ciudad de México (CDMX).
El galeno detalló que “es notorio que las medidas tradicionales de control del dengue, que se basan fundamentalmente en el control del mosquito vector, (…) hasta el momento sean una de las intervenciones más usadas, pero también son de las intervenciones que más recursos consumen, no solamente financieros sino tecnológicos, humanos, materiales, etc., y lo cierto es que todos coincidimos en que no da resultados”.

Como alternativa a las medidas propuestas en la Estrategia Global del Control del Dengue 2012-2020 de la OMS, que además incluye la constante vigilancia epidemiológica y el buen manejo clínico de los casos, en 2016 salió al mercado la primera vacuna contra esta enfermedad viral, Dengvaxia (CYD-TDV), de Sanofi Pasteur, para personas entre 9 y 45 años.
La respuesta médica no se hizo esperar y ese mismo año el INSP advirtió sobre los posibles efectos secundarios tras aplicar la vacuna en individuos sanos, sin embargo, hasta esta semana, los laboratorios Sanofi Pasteur publicaron en el New England Journal of Medicine el estudio titulado Efectos de la vacuna del dengue en el estado serológico: Eficacia y Seguridad.
De acuerdo con el estudio, vacunar a personas seronegativas, o sea aquellas que no han estado en contacto con el virus, aumenta el riesgo de su hospitalización por dengue severo.
En cifras presentadas por el doctor Gatell, la vacuna tiene una eficacia de alrededor de 50 por ciento para el serotipo 1 del dengue, y prácticamente nula, de 32 por ciento, para el serotipo 2. En México, ambos serotipos representan 95 por ciento de los casos.
Respecto de las consecuencias de la adopción temprana de la vacuna contra el denge, la OMS recomienda que la vacuna sea sólo una medida auxiliar de prevención y que se aplique en zonas que presenten una alta tasa de morbilidad.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Costo económico del dengue en México

El dengue, es una enfermedad que tiene un costo epidemiológico de prevención estimado en mil 200 millones de pesos (75 millones de dólares), y el clínico es de alrededor de 400 millones (25 millones de dólares) más.
Cabe mencionar que el dengue es una enfermedad infecciosa producida por un virus que transmite el mosquito Aedes aegypti; y una persona con este padecimiento es portador del virus y un probable diseminador, pues en caso de ser picado por un mosquito no infectado, éste adquirirá el virus y, a su vez, contagiará a individuos sanos.
Se conocen dos variantes. Una es el dengue clásico, cuyos síntomas son similares a los de una gripe intensa: fiebre alta, de 39 grados o más; fuertes dolores de cabeza, musculares, articulares, de huesos, detrás de los ojos o retroocular. “Lo consideramos un ataque al estado general. En estas condiciones los pacientes se sienten muy mal”, dijo Luis Durán Arenas, exjefe del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM y actual director del Centro de Estudios Mexicanos del Reino Unido.
Es una enfermedad muy molesta y dolorosa, pero en general es autolimitada a siete días. Puede ser incapacitante, pero no del todo. Hay quienes continúan su rutina con ayuda de analgésicos, y otros soportan las molestias sin medicamentos. “En todo caso, el paciente sabe que en una semana se recupera”.
Sin embargo, puede llevar a la muerte, en especial si el sistema de salud es malo, y el nuestro es ineficiente. Ahora bien, aunque sean pocos casos, son peligrosos y la persona puede fallecer porque en una enfermedad hemorrágica no sólo aparecen manchas en la piel, sino en los riñones y en el hígado; en los órganos internos hay hemorragias. Al paciente se le tiene que manejar como si estuviera en cuidados intensivos”, subrayó.
No hay certeza de que alguien que haya enfermado de dengue clásico tenga mayor riesgo de desarrollar la variedad hemorrágica. Algunas teorías plantean que si se tuvo contacto con el virus y se reinfecta puede desarrollar esta última, pero sólo son hipótesis, aclaró.
Se conocen casos de personas sin antecedentes que al ser infectadas desarrollaron esa variante, que es una reacción exagerada del organismo. No hay un virus de dengue hemorrágico y otro clásico, el origen de cada uno es la respuesta del individuo”.
El problema con un padecimiento como éste, que dura siete días y no deja secuelas graves, es que hay riesgo de ser parte del siete por ciento que desarrolla el hemorrágico, y si a ello se aúna un sistema de salud ineficiente, el peligro se detona, expresó Durán Arenas.
Como es una enfermedad viral, se piensa en una vacuna, que se justifica si las consecuencias son graves. Por ejemplo, con la viruela cientos de miles de personas podían quedar ciegos o morir. Igual con el sarampión. “En esos casos, una vacuna está más que justificada”.
Debido a las características de esta afección y las cepas del virus que la producen, la vacunación deberá ser analizada con cuidado. La alternativa de inoculación a grupos geográficamente definidos y de alto riesgo pudiera estar justificada, más no la vacuna universal.

Es necesario evaluar si las acciones son adecuadas o no para que los recursos sean mejor empleados. Una posible alternativa sería vacunar, pero otra podría ser mejorar las condiciones de las viviendas, con lo cual no sólo se ataca al dengue, sino también muchas otras enfermedades.