La "economía verde" es un modelo que permite la preservación de los recursos naturales y la contención de las emisiones de gases de efecto invernadero y que, a la vez, sirve para reducir la pobreza, según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), cuyo consejo de administración se celebra esta semana en Nairobi, en presencia de un centenar de ministros de Medio Ambiente.
Este informe considera un "mito" la idea de que crecimiento económico tiene que estar reñido con la preservación del medio ambiente.
"Con 2 mil 500 millones de personas viviendo con menos de dos dólares diarios y otros 2 mil millones de personas que se añadirán a la población mundial de ahora a 2050, debemos seguir haciendo crecer nuestras economías", subrayó el director ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner.
"Pero este desarrollo no puede hacerse en detrimento de los sistemas que garanticen la vida en tierra, en los océanos o en nuestra atmósfera y que mantienen nuestras economías", agregó.
El informe compara, en el periodo 2011-2050, un escenario basado en el modelo económico actual a otro en el que se invertirían cada año en 10 sectores claves de la economía el 2 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB), unos mil 300 millones de dólares.
En este simulacro, la "economía verde" generaría a corto plazo un crecimiento económico inferior al modelo actual, pero sería más eficaz a partir de 2020, tanto en el aspecto económico, como en el social y en el medioambiental.
El escenario "verde" garantizaría inmediatamente más empleos en diversos sectores (como la agricultura, la construcción y el transporte), si bien en otros, como la pesca, la actividad bajaría durante el tiempo necesario para reconstituir las reservas naturales.
Este escenario ofrece sobre todo una repuesta a las diversas "crisis" nacidas de una economía basada en las energías fósiles y el uso indiscriminado de los recursos naturales, como el cambio climático, la erosión de la biodiversidad, el aprovisionamiento de alimentos y los problemas de acceso al agua potable.
"Si bien las causas de estas crisis difieren, tienen una característica común: el deficiente reparto del capital", estimó Pavan Sujdev, economista del Deutsche Bank que dirige los trabajos del PNUMA.
El informe apunta sobre todo contra las subvenciones otorgadas a los sectores de la pesca (27 mil millones de dólares anuales) o de los carburantes fósiles (650 mil millones de dólares al año).
"Los gobiernos tienen un papel fundamental" a desempeñar para orientar el dinero del sector privado hacia inversiones "verdes" a través de políticas y de mecanismos financieros estimulantes, según Sujdev.
Alrededor de la mitad de estas inversiones podrían destinarse a las energías renovables y a una mayor eficacia energética. El resto sería consagrado a la gestión de los vertidos, a los transportes públicos, así como a sectores relacionados con la naturaleza como la agricultura, la industria de la pesca, la maderera y de la gestión del agua.
Este informe fue presentado como una contribución a la cumbre de Río+20, en la que se presentará en 2012 un balance de la situación del planeta 20 años después de la cumbre de Río.
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