viernes, 23 de septiembre de 2011

Los biocombustibles son la solución?

Las plantaciones de jatropha (Jatropha curcas) en los sudorientales estados de Chiapas, Yucatán y Veracruz presagian un boom como el de la soja en Argentina y Brasil, con impactos negativos sobre el ambiente, especulación con el precio de la tierra, cambio de uso de suelo, con riesgo de deforestación, y extensión de la frontera agrícola.
"Las inversiones realizadas en jatropha fracasan, porque no logran rendimientos y no hay mercado doméstico", advirtió, Consuelo Bonfil, académica de la Facultad de Ciencias de la estatal Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Considerada una especie invasora, esta planta perteneciente a la familia euphorbiaceae, originaria de México y América Central y de la cual hay variedades inocua y tóxica, crece de manera silvestre, necesita poca agua y podría contribuir con la cura de suelos degradados.
En México, las fuentes fósiles generan cerca de 93 por ciento de la energía, mientras que el resto proviene de materiales entre los que la biomasa equivale a menos de cinco por ciento, según la Secretaría de Energía.
La Autónoma Red Mexicana de Bioenergía, centrada en el fomento de esa alternativa, calcula que la jatropha podría contribuir con dos por ciento del potencial de biomasa al sistema energético del país, que incluye madera, residuos industriales, agrícolas y desechos, así como especies vegetales.
"La producción extensiva e intensiva requerida y la introducción de germoplasma no nativo utilizado para este fin puede atentar contra la diversidad genética de la especie", indicó a IPS Ivonne Toledo, experta del Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM.
Junto a otros seis investigadores de esa universidad estatal, Toledo desarrolló el trabajo titulado "Evaluación de J. curcas (L) mexicanas e introducidas y su caracterización con marcadores moleculares específicos", en el cual comparó genéticamente 36 ecotipos nativos inofensivos y tóxicos con dos nocivos importados de Brasil e India.
En estados como Yucatán y Chiapas, empresas mexicanas y extranjeras se plantearon la meta de sembrar al menos 70.000 hectáreas de jatropha, cuya semilla aporta aceite para destilar biodiésel. "No existen en nuestro país experiencias exitosas de cultivo comercial que verifiquen sus requerimientos ecológicos, los cuidados necesarios y obtengan altos rendimientos", destacó ante IPS Alfredo Fuentes, del Centro de Investigaciones en Ecosistemas de la UNAM.
En el país opera un solo complejo de escala industrial para procesar las semillas en el estado de Chiapas y que consiste en dos plantas de aceite y de grasas vegetales usadas, con una capacidad de 30.000 litros diarios. El biodiésel moviliza autobuses públicos en las ciudades de Tuxtla Gutiérrez y Tapachula, en ese estado.
Cabe mencionar que la Directiva Europea de Energías Renovables estableció que los biocombustibles deben reducir las emisiones por lo menos en 35 por ciento en comparación con la gasolina y el combustible convencional para motores diésel, nivel que ascenderá a 50 por ciento para 2017 y 60 por ciento para 2018.
"La jatropha presenta un alto potencial por su diversidad genética, alto balance energético y sus condiciones agroecológicas. Pero no es rentable ni competitiva", destacó a IPS Alfredo Zamarripa, de la Red de Investigación e Innovación en Bioenergía del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap), dependiente de la Secretaría de Agricultura.

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