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viernes, 20 de septiembre de 2019

Pasividad oficial permite la contaminación en ciudades mexicanas


La organización ambientalista Greenpeace México concluyó con un monitoreo de calidad del aire en la capital del país con una serie de 7 ejercicios de medición de presencia  de ozono (O3), material particulado PM2.5 y monóxido de carbono (CO) en las ciudades de Puebla, Pachuca, Toluca, Querétaro, Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México a fin de mostrar que la mala calidad del aire se expande a las entidades de la Megalópolis así como a otras grandes urbes sin que atender esta situación que afecta la salud y vida de las personas sea una prioridad para los gobiernos.  
Con excepción de Guadalajara, donde la medición estuvo un punto abajo de lo permitido, en el resto de las ciudades se rebasaron los límites máximos de exposición establecidos en las Normas Oficiales Mexicanas de Salud Ambiental y pese a esa realidad, la mayoría de los gobiernos locales no cuentan con protocolos para decretar contingencias ambientales y por otro lado, siguen privilegiando la inversión pública en infraestructura para los autos particulares (siendo los automotores una de las principales causas de la contaminación) en lugar de apostar a un transporte público masivo, eficiente, seguro y no contaminante. 
En la Ciudad de México viajar en transporte público, supone estar expuesto a concentraciones del orden de 59 µg/m3 (microgramos sobre metros cúbicos) de material particulado PM2.5 contaminante, cifra superior al máximo permitido por la Norma Oficial Mexicana (NOM) de 45µg/m3  y a la recomendación de la Organización Mundial de la Salud  (OMS) de 25 µg/m3 .
Lo anterior se desprende de los recorridos realizados por activistas de la organización ambientalista en el mismo tramo de tres kilómetros, por el Eje Central Lázaro Cárdenas, desde el cruce con el Eje 3 Sur, en la colonia Doctores, hasta el Palacio de Bellas Artes en el centro de la Ciudad.
Pablo Ramírez, titular de la campaña de Revolución Urbana de Greenpeace México, explicó que en durante el transcurso en bicicleta, las concentraciones registradas de ese mismo contaminantes, alcanzaron picos hasta de 62 µg/m3, mientras la NOM acepta como máximo 45 microgramos y la OMS recomienda un máximo de 25 microgramos.
A su vez, el recorrido en automóvil reveló que los capitalinos están expuestos a 38µg/m3 de material particulado PM2.5, cifra superior a la recomendación internacional que, como se señala anteriormente, es de 25 µg/m3.
“La intención fue realizar monitoreos ciudadanos que sirvan como insumo para saber cuál es la realidad en un momento determinado en cada una de las ciudades. No se trata de sustituir ni de poner en tela de juicio las mediciones oficiales que son obligación de las autoridades de tales ciudades, sino de evidenciar la exposición de los ciudadanos a la contaminación”, detalló Pablo Ramírez.
Acompañado por la actriz Sophie Alexander Katz, quien participó activamente en los monitoreos de Querétaro, Toluca y Guadalajara, además de este último en la Ciudad de México, Pablo Ramírez advirtió que la infraestructura en todas las ciudades, sigue favoreciendo el uso del automóvil particular, por el hecho de que a ella se destinan entre el 70 y el 80 por ciento de las inversiones.

A su vez,  Sophie Alexander Katz, definió a la lucha por contar con un aire limpio, como una batalla de los más elementales derechos humanos. “Nunca pensé verme en el transcurso de mi vida, en la necesidad de luchar por un derecho tan básico como el respirar”, sostuvo, al señalar que las autoridades tienen que tomar cartas en el asunto de inmediato y en forma severa.
“No es algo que debamos dejar para el futuro, ni pensar en las próximas generaciones. Se trata de un tema de supervivencia actual y del futuro”, por lo cual, exhortó a los ciudadanos a no votar por ningún candidato que no tenga al medio ambiente entre sus prioridades de agenda política.
Cabe recordar que recientemente Greenpeace México promovió el amparo 937/2019, para exigir a los gobiernos de la Megalóplis Central (Ciudad de México y municipios mexiquenses conurbados, Toluca, Querétaro, Puebla, Cuernavaca, Tlaxcala y Pachuca), que establezcan el límite de los 100 puntos IMECA para decretar la contingencia ambiental.
Hasta el momento, el amparo se encuentra en proceso de sentencia en Ciudad de México., Querétaro, Puebla, Hidalgo, Morelos y Tlaxcala, entidades que deben presentar un informe a las autoridades para explicar la ausencia de protocolos de contingencia. El Estado de México aceptó el amparo y se hace necesario presentar un informe que justifique los índices del protocolo de contingencia.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Contaminación del aire provoca osteoporosis

Un nuevo estudio sugiere que la mala calidad del aire es un factor de riesgo para la osteoporosis y las fracturas óseas. Se trata del artículo científico Association of air particulate pollution with bone loss over time and bone fracture risk: analysis of data from two independent studies, publicado recientemente en la revista The Lancet Planetary Health.
Dicho estudio fue realizado por investigadores de la Universidad de Harvard, la Universidad de Boston, New England Research Institute, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Nacional de Cancerología de México.
Diddier Prada Ortega, investigador en ciencias médicas adscrito al Instituto Nacional de Cancerología (Incan) y a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que este estudio en el cual han trabajado más de cinco años tenía como objetivo ver qué impacto tenía la contaminación en la salud ósea.
Dijo que “desde hace varios años se sabe que la exposición a contaminación del aire tiene un efecto sobre la salud humana y se ha asociado principalmente con enfermedades cardiovasculares y respiratorias, con el deterioro cognitivo y con el cáncer de pulmón.
En esta investigación llevamos a cabo un doble estudio para determinar el efecto de la exposición a material particulado, es decir, la contaminación del aire sobre la densidad mineral ósea, algunos reguladores del metabolismo del calcio y el riesgo de fracturas en ancianos”.

Lo que encontró este grupo multidisciplinario de 15 científicos fue que en un grupo de 692 personas, con edades entre los 30 y los 79 años, aquellas que vivían en áreas con mayores niveles de carbono negro —componente derivado de la combustión de combustibles fósiles— en el aire, mostraron menores niveles de hormona paratiroidea, un regulador fundamental en el metabolismo del calcio. Además, estas mismas personas mostraron una mayor reducción en la densidad mineral ósea, la cual se usa para la determinación de osteoporosis.
“Al evaluar el efecto sobre la presencia de fracturas asociadas a osteoporosis (vértebras, fémur y antebrazo) en una población de 9.2 millones de personas, encontramos también un riesgo aumentado de ser hospitalizado por fracturas. Esto quiere decir que la exposición a estas partículas en el aire tiene alterado tanto en el metabolismo del calcio, el cual es fundamental para tener huesos fuertes, como en la cantidad de hueso, y que su pérdida aumenta la posibilidad de fracturas”.
De acuerdo con el científico mexicano, quien es miembro nivel I del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), los resultados sugieren que son las partículas más pequeñas suspendidas en el aire, llamadas PM2.5 (porque tienen un diámetro menor a 2.5 micras), entre las cuales se encuentra el carbono negro.
Este contaminante que tanto afecta la salud ósea es el humo negro que sale de los vehículos —principalmente de los que usan diesel—, o el que sale de las estufas de leña, o el que se genera en los incendios forestales y el que sale de las chimeneas industriales.
Este contaminante se encuentra presente en el aire de las grandes ciudades, aunque la concentración puede variar dependiendo de la urbe, tanto por las fuentes de emisión como por la ubicación geográfica.
“En ciudades como la de México se encuentra en niveles por encima de aquellas observadas en nuestro estudio, el cual evaluó casi toda la costa este de los Estados Unidos. Mientras que allá el promedio anual observado en nuestro estudio fue de 10.18 microgramos por cada metro cúbico (µg/m3) para las PM2.5, para la Ciudad de México, el promedio de 24 horas fue de 45 µg/m3 y el promedio anual fue de 12 µg/m3 en el año 2015”.
Debido a que es difícil cuidarse de la contaminación del aire, ya que se necesitarían filtros en todas partes, en el trabajo, las casas, las escuelas, e incluso que cada persona portara de manera individual un filtro, es necesario propiciar acciones para reducir la contaminación del aire.
“Nuestros resultados apoyan más bien la necesidad de continuar disminuyendo la contaminación derivada de la combustión de combustibles fósiles y de ser más restrictivos en relación con políticas ambientales, para disminuir toda la morbilidad derivada de dicha exposición, incluyendo el daño a los huesos”.

Luego de los impactantes resultados de dicha investigación en la que colaboró Prada Ortega durante sus estudios posdoctorales que realizó en la Universidad de Harvard con apoyo del Conacyt, el especialista busca crear un laboratorio de salud ambiental y biomarcadores que le permita continuar con este trabajo.