Mostrando entradas con la etiqueta INIFAP. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta INIFAP. Mostrar todas las entradas

miércoles, 17 de junio de 2020

Apicultura mexicana pierde hasta 40% por exportar miel sin clasificar


Los apicultores de México están dejando de captar un sobreprecio por su miel de entre 35 y 40% en mercados internacionales --donde su calidad es reconocida--, porque la venden a granel, sin clasificar, ni etiquetas o sellos.
Esto se vuelve especialmente relevante en años como el anterior, cuando los precios de la miel de exportación se desplomaron 50% para el productor, por la volatilidad de los mercados y, sobre todo por la competencia desleal de “mieles” adulteradas hechas con productos como el arroz, que presuntamente entran de países asiáticos.
Así lo explica la investigadora del Campo Experimental Mocochá del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), Yolanda Moguel Ordóñez, quien desde hace 20 años trabaja en el desarrollo de alternativas y tecnologías para que el apicultor brinde valor agregado a la miel y aproveche otros productos derivados de la colmena, como polen, propóleo, cera o jalea real, los cuales tienen propiedades nutracéuticas o benéficas para la salud, ayudan a la cicatrización de heridas, infecciones, son antioxidantes, tienen efectos expectorantes o ayudan a desinflamar vías respiratorias.
La especialista refiere que al clasificar la miel por tipo de floración el mercado otorga un sobreprecio de 35% a 40%, por lo que si consideramos que en México la producción solo en 2017 fue de 50 mil 955 toneladas, con un valor de exportación de 105 millones de dólares por venta de miel a granel, si sumáramos ese porcentaje, los ingresos para los apicultores serían más altos.
La investigadora del Campo Experimental Mocochá, ubicado en territorio yucateco –en el sureste de México-, explica que cuando 45% del polen en las mieles corresponden a una sola especie se considera monofloral. Un análisis reveló que en la Península de Yucatán entre 50% y 55% son monoflorales.

Detalla que la Península de Yucatán es la principal exportadora de miel de México, ya que aporta entre 85% y 90% de su producción, la cual el año pasado fue de 20,585 toneladas (t), de las cuales 9,810 t corresponden a Yucatán, 7,520 t a Campeche y 3,255 t a Quintana Roo). La Península aportó 33.2% del total de la producción nacional, que en 2019 fue de 61,986 t.
Yolanda Moguel resalta el hecho de que los apicultores mexicanos exportan a granel sin dar valor agregado a su miel, el problema es que el año pasado el precio internacional bajo a 20 o 18 pesos por kilo, cuando en buenas épocas llega a 40 pesos.
“El ingreso –subraya-- cayó a la mitad, al final del período de cosecha se desplomaron los precios. A muchos exportadores les cancelaron los contratos y otros se quedaron con miel en bodega y esto fue en mucho debido a mieles adulteradas, hubo una sobreoferta de miel. Aunque no vemos un impacto muy grande en volumen exportado, si lo hubo en ingresos de los apicultores”.
El precio de la miel –anota-- sube y baja de acuerdo con la demanda de oferta internacional y eso genera mucha incertidumbre a la actividad, por lo que la investigadora sugiere que se trabaje en comercializar mieles clasificadas por origen floral, que daría un valor adicional al producto y el apicultor tendría un ingreso directo.
Al referirse a la adulteración, expone que ésta no la hacen los apicultores. Cuando se usan jarabes de azúcar o alta fructosa es fácil de detectar, pero hoy se habla de miel asiática hecha de jarabe de arroz, pero no sabemos cuales son las vías exactamente por donde entran, la cual se mezcla con la nacional y solo se detecta cuando llega a países de la Unión Europea.
La investigadora expone que aun cuando en el país hay restricciones de ingreso de mieles, aun no tenemos herramientas para detectar la adulteración con jarabe de arroz. Una propuesta es que se realicen análisis de resonancia Magnética Nuclear (RMN) para hacer estas evaluaciones, pero aún está en proceso de implementarse en laboratorios oficiales.
En tanto, refiere los compradores cada vez ponen más trabas, antes hablaban de antibióticos, acariciadas, granos de polen de organismos genéticamente modificados. Ellos tienen laboratorios mejor equipados que los nuestros y lamentablemente cuando sucede algún incidente, no tenemos con que soportarlo.
En México se tienen dos millones de colmenas, que producen miel, pero no se aprovecha el polen, jalea real, ceras o propóleos, lo cual se refleja en que de los 19 mil apicultores que hay en la Península de Yucatán, ni 2% comercializa estos productos, puntualiza Yolanda Moguel.

viernes, 13 de marzo de 2020

Inyectan agua de lluvia y regeneran suelos con tecnología


El modelo de agricultura industrial que incentiva cultivos para exportar ha generado la sobreexplotación de los acuíferos en México. En el caso del norte del estado de Guanajuato (a tres horas de la capital mexicana) existen 2 mil 500 pozos, de los cuales 50% están sobrexplotados, lo cual además de la escasez de agua para diferentes usos generan problemas ambientales y de salud pública.
Sin embargo, hay una alternativa que investigadores del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), organismo del gobierno mexicano ha gestado a lo largo de 40 años para recuperar suelos y aprovechar la lluvia, al posibilitar que hasta 95% del vital líquido se infiltre al subsuelo.
Dicha tecnología 100% mexicana es la rotura vertical o cinceleo. El “padre y madre” de la misma, Ramón Aguilar García, investigador del Campo Experimental Norte de Guanajuato y Bajío INIFAP (CENGUA), explica que es una técnica de laboreo del suelo que consiste en aflojar el terreno, pero sin invertir el prisma, de tal manera que permita la infiltración de agua de lluvia, se propicia un cambio en las propiedades del terreno, el cual con el crecimiento de las raíces se preserva y enriquece. Este ciclo virtuoso también contribuye a capturar carbono y otros minerales, con lo que se regenera la actividad microbiológica y la fertilidad de la tierra.
El experto señala que en el norte de Guanajuato --zona semiárida donde la agricultura agroindustrial a proliferado--, la siniestralidad agrícola en temporal es mayor al 47%, los sistemas de producción comerciales depredan de manera acelerada el agua subterránea y los  suelos están degradados en más del 95%, erosionados, deforestados, sobrepastoreados y compactados, por lo que hay poca infiltración, escasez de materia orgánica, de nutrientes y de actividad biológica.
Aguilar García expresa que la paradoja del semiárido es que “falta agua, pero sobra agua”, ya que en promedio en la región llueve 487 milímetros (mm), pero lo que ingresa es menos de 8% y se evapora entre 92% y 95%, porque con las condiciones actuales del suelo no hay agua que pueda infiltrarse.
Sin embargo, subraya, “con nuestras investigaciones hemos hallado que si reacondicionamos el suelo podemos captar más del 90% del agua de lluvia; no para recargar el acuífero, sino aprovechar el agua en cultivos de riego y temporal, lo que quitaría presión a la irracional extracción del vital líquido del subsuelo.

Ramón Aguilar explica que los suelos deberían tener al menos 1.5% de materia orgánica a una profundidad de 0 a 60 centímetros (cmts) de espesor, pero en promedio hay 1.7% de suelo de 0 a 30 cmts, lo cual se traduce en una pérdida de 150 toneladas de materia orgánica. Sin embargo, con la rotura vertical probada, durante 27 años, en la parcela demostrativa de este campo experimental del INIFAP, se ha logrado tener 5.4% de materia orgánica de 0 a 1.50 de profundidad, donde hay raíces que preservan el suelo y lo enriquecen.
El resultado es que este lote --indica el especialista-- va en el corte 27 y el acumulado es de 254 toneladas de pastura, con 377 mm de agua de lluvia que se infiltran al suelo, por lo que para encharcarse --característica común de un suelo compactado-- necesitaría 417 mm en 24 horas.
El campo experimental --detalla Ramón Aguilar-- tiene 58.5 hectáreas y siembra 36 hectáreas con pastos, lo cual no es fortuito dado que éstos juegan un papel muy importante desde el punto de vista de la conservación de suelo, pero además hay un impacto social ya que este forraje alimenta especies ovejas, bovinos, que generan ingreso a los productores locales.
Con esta tecnología aprovechamos el principal recurso de la zona que es la radiación solar --83 millones de kilowats hora por año--, que es gratuita y el agua de lluvia. Aportamos servicios ambientales, hay carbono, control de erosión y actividad microbiológica, remarca.
No obstante que los análisis estadísticos han demostrado un saldo positivo en el uso de la tecnología, no se ha tenido el apoyo de los gobiernos de los tres niveles en turno y la transferencia a otros productores es incipiente, por ello requerimos aliados y políticas de públicas que la impulsen. Esta tecnología no requiere de grandes inversiones, sino de aplicar principios y capacitación para los agricultores, remarca Aguilar García.

martes, 26 de noviembre de 2019

Desarrollan frijoles que triplican ingreso de agricultores


Bayos, negros, amarillos, blancos, morados, pintos o moteados, los frijoles han acompañado la historia y la alimentación de los mexicanos, pero hoy enfrentan un desplazamiento por productos híper industrializados con exceso de grasas, carbohidratos, sales y conservadores.
Sin embargo, la leguminosa representa una alternativa viable no sólo para la buena nutrición en zonas pobres —por su alto contenido de proteína— sino para los agricultores que la producen, quienes con variedades generadas por investigadores del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) pueden triplicar su producción y mejorar ingresos, aprovechando mercados locales y regionales donde hay una alta demanda del alimento.
En el mundo se conocen alrededor de 150 especies de frijoles, de las cuales 50 están en México, por lo que a través del Programa de Mejoramiento Genético del Campo Experimental Valle de México (Cevamex), los especialistas en frijol Dagoberto Garza García, Ramón Garza García y Carmen Jacinto Hernández, se han encargado de trabajar durante 25 años en preservar y aprovechar el germoplasma de frijoles nativos, a través de la mejora genética, con la que han obtenido variedades que resuelven las demandas concretas de productores ubicados en Valles Altos de la Mesa Central, que comprende los estados de México,  Puebla, Hidalgo, Tlaxcala,  parte del estado de Querétaro y zonas rurales de la Ciudad de México.
El frijol (Phaseolus vulgaris L.) es una planta ancestral, asociada a la  milpa, que observa una caída en el consumo por persona, el cual en 1990 era de 19 kilos y hoy es de 10.5 kilos —según estadística del SIAP. En dos décadas la ingesta de ésta alimento disminuyó a la mitad, no obstante ser un alimento rico en proteínas, carbohidratos, fibra, grasa, calcio, hierro y vitaminas como la niacina, riboflavina, ácido fólico y tiamina.
Tras analizar que el frijol puede ser una fuente de alimentos e ingresos para agricultores de una región donde prevalece población pobre y malnutrida, los investigadores del INIFAP desarrollan variedades para Valles Altos, donde se siembran alrededor de 150 mil hectáreas —de las 2 millones de hectáreas de frijol cultivadas en México. El 87% de esta superficie es de temporal con un rendimiento promedio de 794 kilos por hectárea; en cultivos de riego el rendimiento es de 1.6 toneladas.

El vínculo de los investigadores con los productores ha dado resultados notables. Por ejemplo, en Atenco, Estado de México, el agricultor Ulises Pacheco Sánchez, siembra las variedades Negro supremo y Primavera con las que obtiene más de 2 toneladas por hectárea (t/ha); en Flor de mayo, 2.8 t/ha y en Bayo Azteca, hasta 3.2 t/ha.
El también agrónomo por la Universidad Autónoma Chapingo expone que se trata de materiales desarrollados por el INIFAP de tipo intermedio, más precoces, de ciclo corto, y que se adaptan a menor cantidad de humedad, algo importante por que las lluvias en la zona son erráticas. Otra ventaja es que no requieren insumos costosos.
El impacto económico es considerable, anota Ulises Pacheco, porque si tenemos un frijol que se paga a 20 pesos en la localidad y rendimientos de 2.5 a 3.2 ton por hectárea, el ingreso bruto aproximado sería de  60 mil pesos, menos los costos de producción nos quedan unos 48 mil pesos; no estamos perdiendo dinero, como  con el  maíz de temporal donde este año no habrá regreso de capital, porque no ha habido lluvias, “no hay mazorcas ni algo que vender”. El frijol tendrá una cosecha más baja que en dos años anteriores, pero se conserva la rentabilidad y tenemos acceso a un alimento sano.
Las variedades que ha aportado el equipo interdisciplinario del INIFAP son varias, pero el investigador Ramón Garza García destaca que en Valles Altos el “boom” es el azufrado al alcanzar un precio de 40 a 50 pesos (2 a 2.5 dólares) por kilo y el Flor de durazno o Flor de mayo de 20 a 30 pesos (1 a 1.5 dólares).
El experto en frijol, Dagoberto Garza García, explica que el Azufrado Oro fue desarrollado por los investigadores con germoplasma de Sinaloa y materiales nativos resistentes de Valles Altos. Realizamos una cruza para obtener la variedad Hábito I (en proceso de validación) que rinde 1.5 t/ha; este año se liberará el Hábito II que alcanza 2 t/ha y está pendiente el Hábito III que rendiría hasta 3.5 t/ha. Esta variedad evitó que 90% de plantas fueran afectadas por la pudrición derivada del tizón común.

martes, 23 de junio de 2015

Crean software al servicio del sector agrícola

De acuerdo con el investigador Ignacio Sánchez Cohen, en México existen 20 millones de hectáreas bajo siembra, de las cuales 14 millones están en zonas de temporal y alrededor de seis millones se encuentran bajo condiciones de riego, por lo que aproximadamente el 28% de la población se encuentra vinculada al sector rural, directa o indirectamente.
Sin embargo, los impactos del cambio climático en zonas con un régimen pluvial escaso o errático generan constantemente en los agricultores incertidumbre sobre qué hacer o cómo planificar sus cultivos, por lo que se ven orillados a dejar sus parcelas y emigrar a otras zonas, explicó el investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP).
Aunado a ello, dijo, existen limitadas tecnologías que ayuden a los agricultores a la toma de decisiones ante un escenario de variabilidad climática. Ante este fenómeno y tras varios años de investigación, especialistas del INIFAP en colaboración con la Universidad Autónoma Chapingo (UACh), el Servicio de Investigación Agrícola (ARS, por sus siglas en inglés) del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos y la Universidad de Arizona desarrollaron un software que permite demostrar cuál es el riesgo climático al que se enfrentarán los productores del país.

Para ello, se integró información obtenida a través de investigación de campo realizada en distintos estados del país, donde los especialistas, bajo condiciones controladas, obtuvieron funciones de producción de agua en diversos cultivos.
Dijo que este es un modelo matemático que indica el nivel de rendimiento de un cultivo a falta agua, en cualquiera de sus etapas fenológicas. Cuando el modelo simula cuánto llueve y en función de los requerimientos hídricos de los cultivos, y que dice cuál será su rendimiento.
Se trata entonces de una tecnología que proporciona información sobre riesgos y cultivos potenciales. Además, provee de una plataforma para la toma de decisiones en situaciones de disponibilidad limitada de agua y evalúa el impacto en el rendimiento de los cultivos ante escenarios de cambio climático. El algoritmo integra información de más de 2 mil estaciones climáticas distribuidas en el país, provenientes de la red de estaciones del Servicio Meteorológico Nacional (SMN).
Sánchez Cohen manifestó que esta herramienta ayudará de manera gráfica y con información suficiente a la toma de decisiones de los productores con respecto a sus cultivos en zonas de temporal deficiente. El software, explicó, puede ser instalado en cualquier computadora con un espacio de disco duro de seis megabytes (MB). El lenguaje en el que se programó la plataforma es Delphi; además, existe un manual del usuario para aquellas personas interesadas en conocer la estructura matemática del modelo.
Una vez instalado el programa, el usuario podrá ingresar a esta plataforma a través de un interfaz, seleccionar la región de ubicación y elegir una de las más de 2 mil estaciones climáticas de todo el país; cuando se elige el municipio y la estación climática, el modelo hace uso de esa información para los procesos de análisis de riesgo.
Detalló que al seleccionar alguna de las estaciones, el modelo despliega una serie de preguntas técnicas para los productores (fecha de siembra, cultivo a sembrar, tipo de suelo, entre otras). Con base en la información anterior, simula el número de posibilidades climáticas y calcula el riesgo que pudiera existir en un cultivo, dentro de un determinado tiempo.
“Pero no solamente eso, cuando el modelo detecta que existe riesgo climático se activa una opción para que el usuario conozca y haga uso de la tecnología disponible para sobrellevar ese riesgo. Al dar clic, lo dirige a un servidor donde está almacenada toda la tecnología que se ha desarrollado para ese lugar (captación de agua de lluvia, variedades resistentes, fichas tecnológicas, etcétera)”, aseveró.
Ignacio Sánchez Cohen resaltó que este software ha sido diseñado para ser mejorado a través del tiempo, por lo que podrá reunir tecnologías que ya han sido desarrolladas por otras instituciones del país, para que eventualmente el  técnico o agricultor pueda aprovecharlas.

“El sistema está diseñado para que automáticamente valide la tecnología. El desarrollador puede enviar la información a mi correo electrónico, evaluamos la tecnología, se analiza y si es pertinente, conveniente o científicamente documentada, la anexamos al sistema con el crédito a la persona que la generó; de esa manera crecerá el modelo”, detalló.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Se combate la enfermedad del dragón amarillo en cítricos

José Isabel López Arroyo, investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), encabeza el trabajo para la erradicación del dragón amarillo, una enfermedad que padece el 25% de los cultivos de cítricos en México y que contribuyó a que el precio del limón alcanzara precios récord en 2014. 
Al respecto, el investigador dijo que “esta enfermedad originaria de China −aunque también hay quienes afirman que proviene de la India− afecta a los cítricos dulces de nuestro país que son naranja, toronja y mandarina; además de los cítricos ácidos: limón persa, limón italiano y muy severamente al limón mexicano", de ahí la importancia de su erradicación.
Bajo los riesgos de la amenaza de una posible invasión de Huanglongbing (HLB) o dragón amarillo en territorio mexicano, hace ocho años comenzó la planeación de un proyecto para el manejo de esta enfermedad, cuyo financiamiento se obtuvo gracias al apoyo del Fondo Sectorial de la secretaría de Agricultura (Sagarpa) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).
López Arroyo, quien fue líder en investigación de 2008 a 2013 para el manejo de dragón amarillo en el país, desarrolló –junto con un grupo interinstitucional de expertos en Huanglongbing, y con apoyo de este Fondo tres líneas de estudio para el control de poblaciones del insecto transmisor de esta enfermedad, conocido como psílido asiático de los cítricos, vector Diaphorina citri (Hemiptera: Liviidae).
Sobre la presencia de brote amarillo en cultivos de México, señaló que "los árboles de limones afectados durante el primer año sufrieron una reducción del rendimiento en 50 por ciento; esta situación, aunada a otros problemas fitosanitarios y sociales en el área citrícola, generó que el año pasado el precio del limón mexicano al consumidor alcanzara precios atípicos, determinados por la ley de la oferta y la demanda"
La primera de estas líneas de investigación es el control biológico, donde se dispone de diferentes organismos benéficos que pueden utilizarse contra el insecto transmisor de la enfermedad. A diferencia de los plaguicidas, el control biológico carece de efectos colaterales negativos, por lo que es viable ecológica y económicamente, y en consecuencia ampliamente aceptado en la sociedad.
La segunda línea de estudio de este proyecto es el uso de plaguicidas, para la cual se seleccionaron en su mayoría productos específicos y registrados para su uso en cítricos en el país, así como productos alternativos de aceptación en la citricultura orgánica. Además, se utilizaron solamente los que no representan problemas de residuos peligrosos para la comercialización, porque existe un gran número de insecticidas que han sido prohibidos por países que importan nuestros productos, lo que afecta la exportación de fruta fresca, jugo y aceite esencial proveniente de los cítricos.

La tercera y última línea de investigación es el conocimiento de la ecología del insecto. Al respecto, el investigador explicó: "El psílido asiático de los cítricos Diaphorina citries una especie invasiva y por lo tanto nueva para el país; fue esencial conocer la bioecología del insecto en las diferentes áreas agroecológicas de México”.