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viernes, 23 de julio de 2021

Pandemia dejará una gran herencia de crisis económica en México

Las economías emergentes –grupo de naciones en donde se coloca México- vieron frenado su crecimiento económico debido a la pandemia, nuestro país, indica la calificada Fitch Ratings, es una de las naciones con mayor vulnerabilidad a la crisis social provocada por la pandemia de COVID-19.

Ejemplos de los problemas económicos de las economías emergentes es la atención médica limitada: mientras que los mercados de primer mundo gastan en promedio el 14 por ciento del PIB en salud, en las naciones emergentes el gasto es sólo del 5 al 6 por ciento del PIB.

El impacto económico en dichos pueblos superará con creces a la crisis financiera mundial de naciones de primer orden.

En México y los países emergentes presentan graves problemas de crecimiento social debido a que el sector laboral informal representa más del 60 por ciento del empleo, no invierten lo suficiente en acceso a la sanidad y el hacinamiento urbano es un grave problema de desarrollo social y pobreza.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) espera un retorno al crecimiento económico en 2021, al 5.2 por ciento a nivel mundial y al 6 por ciento en las economías emergentes. Esto significa que es muy probable que la producción no se recupere a los niveles de 2019 antes de 2022 en naciones como México.

Por su parte, el Deutsche Bank de Alemania indica que no será fácil para los países emergentes el enfrentar la crisis económica derivada del COVID-19, muchos de los cuales ya atravesaban dificultades antes de la pandemia. Y advertía, sobre todo, de posibles problemas cambiarios e inflacionarios.

Un ejemplo de los problemas económicos que presenta México, desde antes de la pandemia, es el crecimiento de la deuda externa nacional que en 2020 tuvo el mayor aumento en cinco años; alcanzó en marzo pasado un saldo de 229 mil 60.7 millones de dólares, muestran estadísticas de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

Así, con el incremento anual de 8.9 por ciento de la deuda registrada en el primer trimestre del 2021, el endeudamiento externo de México ocupa casi una quinta parte del producto interno bruto (PIB). Al cierre del año pasado equivalía a 19.3 por ciento de la actividad económica, la proporción más alta desde 1996, muestra la SHCP.

Otro de los problemas económicos que padece México en la actualidad se refleja en que sólo a 7 de cada 100 pequeñas y medianas empresas (Pymes) reciben apoyos oficiales. Lo que contrasta con casi 34 empresas que lo hacen en promedio entre los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE).



La OCDE indica que hubo grandes diferencias entre los apoyos gubernamentales dados al sector privado con un gasto fiscal desde 0.6 por ciento del PIB en México, y 1.2 por ciento en Turquía, hasta el 14.7 por ciento en Estados Unidos y 18.6 por ciento en Nueva Zelanda.

Cabe mencionar que en México a fines de junio pasado se registro un 5.88 por ciento de inflación, muy encima del objetivo previsto por el Banco de México, debido a que por la pandemia, crecieron los precios de las materias primas. En la mayoría de las economías, la inflación se encuentra por encima de los objetivos de sus respectivos bancos nacionales.

ONU: SIN BUENAS ESPERANZAS AL CORTO PLAZO

Desde principios del 2021 la ONU ha alertado sobre el gran impacto socio-económico causado por la pandemia y pronosticado que se prolongará por años sino se hacen inversiones estratégicas en la economía, sociedad y en la resiliencia climática.

En 2020, la economía mundial se hundió un 4.3 por ciento, cerca de 2.5 veces más que durante la crisis económica mundial de 2008 y la recuperación prevista para 2021 será del 4.7 por ciento que apenas compensará las pérdidas del 2020. Se estima que la crisis mundial provocó que entre 70 y 100 millones de personas caerán en la pobreza extrema y otros 265 millones enfrentan escasez alimentaria.

jueves, 5 de enero de 2017

Califican de pobre, limitado y decepcionante el mensaje presidencial

El mensaje ofrecido por el Presidente Enrique Peña Nieto resultó muy pobre, limitado y decepcionante; no reconoce falla alguna en su gobierno y sigue insistiendo en que los graves problemas del país son producto de las coyunturas internacionales, señaló Víctor Alarcón, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
Expuso que lo anterior denota dificultades “para que un Presidente como él pueda seguir manteniendo una conducción política” del país. El hecho de regresar a Luis Videgaray al gabinete presidencial “es una manifestación ingenua y bastante limitada del ejecutivo”.
El politólogo sostuvo que suponer que al ser Videgaray el contacto para traer a Donald Trump a México durante su campaña para ocupar la presidencia de Estados, puede ser factor suficiente para pensar en un menor impacto de las decisiones que tome el próximo mandatario estadounidense, “es una visión muy limitada”.
El académico consideró erróneo creer que con Videgaray se van a contener los problemas y el alud de cambios que la relación México-Estados Unidos está empezando a experimentar, sobre todo cuando ya existen implicaciones en el ámbito económico ante la decisión de la empresa Ford de cancelar la instalación de una planta armadora en San Luis Potosí.
Más allá de pensar que con esta decisión habrá un cambio de política, el presidente muestra un nivel de incapacidad y de claudicación con respecto a las opciones que se podrían construir o empezar a generar mediante otro tipo de mecanismos de diálogo, incluso con las propias fuerzas políticas nacionales.
En este mensaje, por el contrario, no hubo ninguna convocatoria a abrir un diálogo en mejores condiciones a las que se tienen “e incluso es preocupante que se valore la opción de usar la fuerza pública para contener las protestas que se extienden a lo largo del territorio nacional.
Con respecto a las movilizaciones ciudadanas en rechazo al llamado “gasolinazo”, el doctor Alarcón Olguín dijo que si bien estas protestas no tienen todavía una dirección política, “creo que estamos ante un cuadro de emergencia nacional muy parecido al de los años 80, cuando el presidente Miguel de la Madrid se vio forzado al diálogo con todos los sectores productivos, los partidos políticos y se alcanzó el pacto de solidaridad económica.
Aquella medida resultó mucho más precisa para poder controlar los aspectos inflacionarios, de manejo de deuda y tenía una perspectiva mucho más integral de la problemática que se vivía; “hoy los sectores están viendo cada uno por su suerte”.
El doctor Alarcón Olguín consideró que el “gasolinazo” no es un problema que se pueda resolver aumentando o bajando precios; se requieren acciones de mucho más alcance y esto implicaría un tipo de convocatoria donde el llamado a la estabilización y a la prudencia de los sectores sería el mejor mensaje.
Detalló que “lo que pudimos esperar en el mensaje de hoy es justamente un llamado a la unidad, al diálogo y al reconocimiento de que no sólo el PRI y el presidente pueden resolver la problemática”, porque “es ahí donde radica lo limitado y decepcionante del mensaje”.
El investigador rechazó el argumento de que ante las decisiones tomadas con respecto al gasolinazo “no había de otra”, pues “otra es que reconozca que es momento de hacer un cambio de política y convocar a otras fuerzas políticas para poder hacer algo”.
 La política de “no oigo nada, no veo nada aunque ocurra”, dijo, es un tono de discurso lamentable, pobre, poco creativo y que provoca incluso mayor inquietud de la que ya se tiene.
 El académico afirmó que “estamos ante un escenario en el que, frente a las protestas, el gobierno puede tomar la salida de “poner más policías, más ejército para tratar de disolver las manifestaciones al suponer que esto intimide a la población”.
 Este no es el mejor escenario pero “no veo realmente ningún nivel de convocatoria” para reunirse con partidos, grupos empresariales y sociales, entre otros, para delimitar una estrategia de contingencia que sea mucho más responsable que la desplegada hasta ahora.

La emergencia obliga a que todos los actores pongan algo de su parte y a asumir el mensaje de que no se puede seguir con una mecánica de un Estado despilfarrador y suntuario, y un pueblo al que se presiona para pagar el precio de la corrupción de una clase política que no está asumiendo ninguna responsabilidad y que de los problemas culpa a un factor externo a su propio desempeño.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

80% de mexicanos considera que el país está estancado

Tras presentar los resultados de la Encuesta Nacional Primer Semestre 2016 de Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE) se reveló que el 81.1% de los mexicanos considera que el país se encuentra estancado (55.2%) o en retroceso (25.9%), sólo el 16.7% percibe que está avanzando.
Lo anterior corresponde a los resultados de un capítulo de la Encuesta relacionado con el humor social, métrica que, además de evaluar la percepción del rumbo del país y los estados, también mide la satisfacción de la gente con respecto a su situación económica, las oportunidades que se le presentan, las acciones de gobierno, la seguridad y su calidad de vida.
La encuesta presentada por Liébano Sáenz y Federico Berrueto, presidente y director general de GCE, respectivamente, reflejó que los habitantes de Chiapas, Tabasco, Veracruz, Oaxaca y Tlaxcala tienen una mayor percepción de estancamiento y rezago a nivel nacional.
En tanto, Coahuila, San Luis Potosí, Durango, Chihuahua y Nayarit tuvieron la mejor percepción respecto al avance como país. Desde el punto de vista de los ciudadanos encuestados, el principal problema que tiene México en este momento es la inseguridad-delincuencia (31%); le sigue la corrupción-impunidad (16.4%); en tercero el mal gobierno-ingobernabilidad (14.5%); cuarto la economía-pobreza (11.9%); y quinto el desempleo-bajos salarios (8.6%).
A nivel estatal el 36.3% de las personas percibe que está estancado su estado y su actual gobernador y el 30.2% dijo que están rezagados. Sin embargo, a nivel local es mayor la percepción de avance frente al panorama nacional (30.4%).
Sobre la aprobación o desaprobación de la gestión de los gobernadores estatales, el 52.9% de la gente desaprueba a sus mandatarios locales; el 42.3% los aprueba; y 2.5% ni aprueba ni desaprueba.
El gobernador de Campeche fue el mejor evaluado con 70.3% de aprobación, le siguen los de Sonora (70%), Yucatán (69.5%), Guanajuato (66.2%), y Aguascalientes (61.1%).
El mandatario de Veracruz fue el peor evaluado con 83.6% de desaprobación, le siguen el de Chiapas (79.4%), Morelos (74.7%), Oaxaca (74.3%), y Quintana Roo (72.0%).
En materia de cumplimiento de deberes, los 32 mandatarios de las entidades del país, tuvieron una calificación promedio de 6.3 en escala de 5 a 10. La mejor calificación correspondió a los gobernadores de Campeche, Yucatán y Sonora con 7.2 de promedio y la más baja fue de 5.5 que correspondió al gobernador de Veracruz.
Además de medir el humor social y la evaluación de los gobiernos, la Encuesta Nacional abordó el acceso a Internet; a nivel nacional el 71.5 % de la población tiene conexión a la red y el 28.3% no.
En el tema de redes sociales resaltó que el 51.5% dijo no contar con alguna red social y el 48% respondió que sí. De las personas que afirmaron contar con redes el 72.3% dijo que tiene una cuenta de Facebook; el 10.1% WhatsApp; el 6.5% Twitter; 3.4% correo electrónico; y 1.7% Instagram.
Acerca de qué tan confiable es la información sobre temas políticos o públicos que se publican en las redes sociales, el 64.4% respondió que no es confiable y el 23.6% dijo que sí es confiable.

lunes, 6 de abril de 2015

Registran grandes aumentos en precios de productos básicos

Diversas organizaciones campesinas denunciaron que en lo que va de este sexenio, se ha una gran alza de precios de diversos productos de la canasta básica y de los que más consume la población mexicana, impactando en la capacidad adquisitiva de las familias mexicanas, más aun en las que tienen un ingreso de un salario mínimo, de 2,130 pesos al mes, como sucede con un alto porcentaje de mexicanos.
Entre el último año del gobierno de Calderón y los dos años y meses del gobierno de Enrique Peña Nieto, los precios de algunos productos, como por ejemplo, de la pechuga de pollo, reportan un aumento de hasta 180%, el camarón hasta un 46% y la carne de res ha presentado aumentos de hasta un 85.3%. Otro ejemplo de los aumentos desmedidos en los productos alimenticios, es que por segundo año consecutivo el precio del huevo se disparó llegando a venderse hasta en 40.00 pesos el kilogramo, después de que en marzo de 2012 se vendía en 14.00 pesos el kilo.

En contraste,  en el mismo período el salario mínimo creció sólo 10.7%, lo que deja en desventaja a las familias con respecto a los precios de productos muy importantes.  Por ejemplo, el aumento del huevo equivale a 17 veces el incremento del salario mínimo; el del jitomate, 14 veces; la pechuga de pollo 16 veces; la chuleta de res 7 veces y en el caso del fue 4 veces el incremento observado en el salario mínimo. Suponiendo que una familia tuviera necesidad de comprar al mismo tiempo un kilogramo de cada uno de estos productos, en 2012 le habrían costado en conjunto 215 pesos y habría necesitado 3.4 salarios mínimos; ahora, en 2015, le costarían 402 pesos, por lo que requeriría 5.7 salarios mínimos. Eso sucede a pesar de que la devaluación del peso no impacta directamente en los costos y la oferta de estos bienes, porque en su mayor parte dependen de oferta interna.
Diversos estudios del Banco de México han concluido que las devaluaciones no se trasladan a los precios. Sin embargo, eso es inevitable debido a la aplicación de una política de estabilización que se basó en la contención de precios internos mediante importaciones. Así, lo que demostraban esos estudios es que las variaciones en la paridad no repercutían en los precios internos, sobre todo por las condiciones de gran liquidez de divisas, cuando las devaluaciones eran coyunturales.
Aunque las causas de las devaluaciones en México siempre son estructurales, en esta ocasión el cambio en la paridad no se desarrolla a partir de una coyuntura, sino por un conjunto de factores: la caída en la producción y de los precios del petróleo; la creciente posibilidad de una alza de tasas en los mercados internacionales y, la gran dependencia de la política económica con respecto del ingreso de divisas. Esto significa que la debilidad del peso podría ser más prolongada y será inevitable su efecto sobre los precios internos.